19 de junio de 2013 - 01:31

Crece la protesta por el gasto público en Brasil

Luego de que más de 250.000 personas se manifestaron en varias ciudades, la presidenta Dilma Rousseff afirmó que "la calle debe ser escuchada".

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, afirmó ayer que las voces de la calle deben ser escuchadas y que éstas piden el fin de la corrupción, al comentar las protestas que la víspera llevaron a más de 250.000 personas a las calles de las principales ciudades del país.

"Esas voces de las calles deben ser escuchadas", dijo Rousseff en un discurso en el palacio Presidencial.

"Mi gobierno está escuchando esas voces por el cambio. Mi gobierno está empeñado y comprometido con la transformación social", dijo Rousseff.

"Este mensaje directo de las calles es de repudio a la corrupción y al uso indebido del dinero público", afirmó.

"Las voces de las calles quieren más ciudadanía, salud, transporte, oportunidades", sentenció la presidenta.

Más de 250.000 personas desfilaron la noche del lunes por una decena de ciudades brasileñas a un año del Mundial, y mientras se celebra en el país su ensayo general, la Copa Confederaciones, hasta el 30 de junio, dos eventos en los cuales el gobierno gastará en total 15.000 millones de dólares.

En varias ciudades, los manifestantes intentaron apoderarse de símbolos del gobierno: en Brasilia se subieron pacíficamente al techo del Congreso nacional, en Río intentaron invadir con violencia la Asamblea Legislativa estatal y en San Pablo y Curitiba buscaron ingresar a la fuerza en la sede del gobierno estatal.

Pero la mayoría de las protestas fueron pacíficas, aunque en algunas ciudades, como en Río, terminaron con violencia desatada por pequeños grupos, que fueron dispersados por la policía con gases lacrimógenos, balas de goma y tiros al aire.

"Toda la razón"

Los jugadores Daniel Alves, David Luiz y Hulk de la selección brasileña manifestaron ayer su apoyo a las protestas, que piden menos inversión en grandes acontecimientos y más en educación y contra la corrupción.

"Vemos esas manifestaciones y sabemos que tienen toda la razón ahí, que lo que hablan y dicen tiene total sentido", dijo el atacante del Zenith ruso, Hulk.

En su cuenta en la red social Instagram, Alves publicó una foto en la que compartía algunos de los lemas de los manifestantes: "Sin violencia, por un Brasil mejor, por un Brasil en paz, por un Brasil educado, por un Brasil saludable, por un Brasil honesto, por un Brasil feliz".

Los manifestantes son en su mayoría jóvenes con educación superior y apolíticos, y empezaron a salir a la calle pidiendo la revocación del aumento del precio del transporte público en muchas ciudades.

Estas son las mayores protestas en Brasil desde las manifestaciones contra la corrupción del gobierno de Fernando Collor de Mello en 1992, que renunció durante su juicio político ante el Senado.

Nuevas manifestaciones se realizaban anoche en San Pablo y para mañana estaban convocadas en varias ciudades del país, incluida Río de Janeiro, una de las seis ciudades sede de la Copa Confederaciones.

Las protestas podrían afectar a los partidos de la Copa que se jueguen mañana, cuando se enfrenten en el Maracaná de Río España y Tahití, y en Salvador Nigeria y Uruguay.

Caos en Río

La mayor y más violenta de las manifestaciones de la noche del lunes tuvo lugar en el centro de Río, donde algunas decenas de los 100.000 manifestantes intentaron invadir la Asamblea Legislativa estatal, prendieron fuego a un coche y a la puerta del edificio legislativo, saquearon negocios, destrozaron mobiliario urbano e hirieron a 20 policías que se atrincheraron junto a otros compañeros dentro del predio.

El presidente de la Asamblea Legislativa, Paulo Melo, calculó en un millón de dólares los daños causados en la sede de la institución. Además, hubo tiroteos y al menos dos manifestantes fueron heridos de bala.

La protesta cerca de la medianoche, cuando 100 integrantes del batallón de choque de la policía dispersaron a los manifestantes violentos con gas lacrimógeno y balas de goma.

"El gobierno invirtió dinero público en la Copa en vez de invertir en educación, que es pésima. Estamos muy molestos con Dilma, que está acabando con el país y por eso el pueblo está en la calle", dijo la manifestante en Río Rosange Campos.

En San Pablo, donde marcharon unos 65.000 manifestantes, un grupo intentó invadir el Palacio dos Bandeirantes, sede del gobierno estatal, y derribar su puerta, pero fue dispersado por la policía.

Escenas similares se repitieron en Belo Horizonte, cuando los manifestantes intentaron llegar al estadio donde Nigeria derrotó a Tahití (6-1) y también en Porto Alegre, donde los manifestantes destrozaron un autobús y prendieron fuego a decenas de contenedores de basura en la principal avenida de la ciudad.

En Brasilia, más de 5.000 manifestantes rodearon el Congreso nacional y cientos de ellos, eufóricos, invadieron la rampa y lograron subir al techo, donde se quedaron tres horas cantando el himno y entonando otros cánticos, antes de descender pacíficamente.

Las protestas ocurren en un momento de magro crecimiento económico en Brasil y una inflación en alza. Recientes encuestas señalaron por primera vez una caída en la aprobación del gobierno de Rousseff, sobre todo entre los más jóvenes y más ricos, que fue abucheada el sábado en el estadio de Brasilia, al inaugurar el campeonato.

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