La comprobación de declaraciones o promesas de los políticos versus lo hecho o actuado, debería estar de alguna manera inserta en la cultura política del pueblo.
La comprobación de declaraciones o promesas de los políticos versus lo hecho o actuado, debería estar de alguna manera inserta en la cultura política del pueblo.
En Estados Unidos, por ejemplo, organizaciones como PolitiFact y en acciones recurrentes en periódicos como The New York Times y agencias de noticias como The Associated Press, más periodistas están tratando de evaluar la exactitud de las afirmaciones hechas por figuras públicas.
El interés sobre el tema crece, en especial en tiempos electorales. Durante la campaña presidencial de 2012, por ejemplo, PolitiFact recibió en su página millones de visitas al día.
¿Pero son personas aprendiendo acerca de la política accediendo a estos sitios ?
¿O están simplemente apoyando a sus agrupaciones políticas, en la búsqueda de reforzar lo que ya creen?
Los politólogos saben relativamente poco acerca de los efectos acumulativos de esta "comprobación de los hechos".
El mejor estudio hasta la fecha sostiene que las personas que dicen que leen estos controles tienden a saber más acerca de la política.
Sin embargo, es difícil probar que “la comprobación de los hechos” es responsable de que las personas que los consultan tiendan a estar mejor informadas.
Por otro lado, algunos ciudadanos podrían encontrar los complejos asuntos políticos discutidos en esos sitios demasiado intimidantes o estresantes y, por lo tanto, los evitan.
Otra preocupación es que la gente pueda interpretar estos chequeos, entre lo dicho y lo hecho, de manera sesgada.
Una investigación realizada por Brendan Nyhan, profesor asistente de gobierno en el Dartmouth College, encontró repetidamente que muchas veces nos resistimos a aceptar la información que contradice nuestras predisposiciones políticas sobre cuestiones controvertidas.
Las personas que buscan información política especializada también tienden a tener fuertes opiniones acerca de la misma y ser personas políticamente informadas, lo que puede hacerlos más propensos a la interpretación de los argumentos y la información de una manera que refuerce sus existentes puntos de vista.
Nuestro estudio proporciona la primera evidencia experimental, afirma el docente estadounidense, de que la exposición a largo plazo al chequeo de las afirmaciones de los políticos puede mejorar la cultura política de los ciudadanos.
Si bien los estudios de campo no son totalmente concluyentes hasta el momento, los resultados son muy alentadores sobre la posibilidad de que “comprobación de los hechos” ayude a informar mejor a los votantes y hacerlos más libres en sus decisiones.
Los ciudadanos no siempre pueden encontrar lugares donde se hagan balances entre promesas y cumplimientos o afirmaciones contradictorias de los funcionarios pero pueden aprender muchísimo si los mismos fueran numerosos, conocidos, independientes y de fácil acceso.
Estos “observatorios”, totalmente objetivos y apartidarios, deberían ser generalizados y su desarrollo y proliferación un objetivo para ONG y centros de estudio preocupados por la cultura cívica del pueblo.
Sería una forma más de promover la participación en la “res pública” de una sociedad anestesiada por 15 partidos semanales de fútbol y la preocupación por el cachet de los famosos que bailan en la televisión.