Mendoza fue, desde tiempos de la colonia, nodo sustancial de las actividades productivas del oeste del país; su nivel de desarrollo le permitió mantener cierta autonomía con el litoral atlántico. Estos factores, con el paso del tiempo promovieron el crecimiento de la economía local, donde el rubro carrocero pudo lograr una sostenida repercusión.
A comienzos del siglo XX se estableció en la provincia un grupo de talleres dedicados al carrozado de vehículos. Como aconteció en otras regiones, varios de esos pioneros comenzaron sus actividades en la manufactura de carruajes. No obstante, con el progreso de la tecnología, debieron adecuarse para avanzar carrozando automotores.
El paso del tiempo permitió a la provincia un destacado nivel en la fabricación de carrocerías para medios de transporte colectivo. Talleres artesanales como el de José Ortega, decano de la industria carrocera de la región, fueron adelantados en el rubro. El referido constructor, de origen español, inició su labor en Godoy Cruz en 1912; luego, en 1921, se trasladó a la avenida Emilio Civit de la ciudad de Mendoza. Allí, el establecimiento -más adelante conducido por dos hijos-, permaneció activo estimamos, hasta comienzos de los ochenta.
Justo es señalar que estos artesanos de estirpe sobresalieron por la calidad, antes que por la cantidad de sus producciones. Cada carrocería mostró una factura minuciosa y cuidada hasta en los mínimos detalles. Los pioneros, dejaron así una fuerte impronta en el sector, reconocida en el ambiente por el aporte brindado a la cultura material mendocina.
A mediados de los cuarenta se instaló en Godoy Cruz una de las fábricas que, años después, fue referente en el oeste del país; resultó de la sociedad de Silvio Mordasini con Cilio Colonnese: el emprendimiento se denominó Carrocerías La Porteña. En sus mejores épocas llegó a carrozar más de 20 unidades mensuales, cifra comparable a la de los más importantes establecimientos nacionales del rubro.
Las décadas del cuarenta al setenta podrían ubicar el periodo de mayor esplendor de la industria carrocera mendocina. Aunque es difícil estimar la cantidad de talleres instalados, probablemente superaron una veintena. Algunos fueron: Agüero Ozán, Salvador Costanza, La Mendocina, La Reina, La Cuyana, Futura -luego, Ómnibus Vangieri-, Atuel, Zanatello, Guaymallén, Corsino, todos ubicados en el Gran Mendoza. En los años cincuenta también se destacó en San Rafael el artesano Taboas Hnos., cuyos productos lograron insertarse en diferentes puntos de la región cuyana.
Polos carroceros destacados del país, como Buenos Aires y Rosario, se especializaron en la construcción de unidades para uso urbano o de larga distancia. Mendoza, en cambio, se caracterizó más bien por talleres con una producción heterogénea. Esta fue concebida y elaborada priorizando los requerimientos del cliente, por ello muy rara vez dos carrocerías mostraron características idénticas.
La industria local apeló por lo general al uso de tecnología más bien artesanal o, a lo sumo, de tipo artesano-industrial. Predominó durante años, hasta fines de los cincuenta, el uso de estructuras de maderas duras y revestimientos de chapa de acero. En adelante comenzó a utilizarse perfilería y caños de acero para los componentes estructurales y chapa del mismo material para revestimientos externos. En menor medida, se aplicaron también componentes de aluminio.
Es importante destacar que a través de varias generaciones estos talleres formaron recursos humanos con un elevado nivel de oficio. Ello fue la base sustancial para la transmisión de conocimientos y experiencia a nuevos operarios.
Los talleres instalados en el contexto provincial destinaron su producción al mercado local o, a lo sumo, al de la región cuyana. Sin embargo, no se registran antecedentes de exportaciones, al menos en cantidad relevante.
Los establecimientos de mayor escala incursionaron en toda la franja oeste del país, comercializando sus productos desde Jujuy a Tierra del Fuego. Aun así, es llamativo que, salvo excepciones, no lograron expandir con la misma intensidad su área de influencia al este del territorio nacional. En esta zona prevalecieron carrocerías elaboradas por talleres de Rosario y Buenos Aires y, en menor medida, los de Córdoba.
Desde comienzos de los años ochenta comenzó a disminuir la capacidad productiva del sector carrocero mendocino, caracterizada por talleres encuadrados en la categoría pyme. Entre otros, a inicios de los ochenta se destacó Marri Colonnese que estuvo activo por tres décadas.
La construcción de colectivos y ómnibus tuvo un resurgimiento considerable -aunque de efímera duración- a fines de los ochenta y en la primera mitad de los noventa. Dicha situación se favoreció por la necesidad de modernización de flotas, al implementarse la reestructuración del sistema de transporte público a mediados de 1991. En esa época surgió en el Gran Mendoza un conjunto de varios talleres, algunos de ellos pertenecientes a empresas transportistas.
Entre 1987-1995, Carrocerías T.A.C. surgió en la cooperativa de transporte homónima que desapareció en 2007. Se enfocó de modo exclusivo a la construcción de productos urbanos y de media distancia, para su propia flota. Asimismo, es oportuno mencionar a Carrocerías Metálicas Tramat, propiedad de las empresas Benjamín Matienzo y El Trapiche. En el periodo 1992-1994 dicha carrocera empleó unas 30 personas, con una intensa actividad productiva.
A mediados de los años noventa el ingreso de productos importados, mayormente de Brasil, puso en crisis a los carroceros de nuestro país. La paralización de esta industria impactó con fuerza en la pérdida de mano de obra con elevado nivel de capacitación, algo que en adelante no se pudo revertir.
En nuestra opinión, ello significó uno de los daños letales para el referido ámbito industrial mendocino. Hoy, queda activo solo un puñado de pequeños talleres dedicados por lo general al carrozado de casas rodantes, vehículos especiales, así como a reparaciones y reformas. Por lo tanto, recursos humanos especializados en estructuras, chapería y terminación -y la formación de otros nuevos-, son cada vez más escasos.
Fue diluyéndose de este modo una actividad que, por varias décadas, tuvo relevancia en el desarrollo económico provincial. Gloria y ocaso marcaron dos tiempos de un rubro industrial que ahora, casi es recuerdo. No nos olvidemos que Mendoza supo ser vanguardia a nivel nacional y, alguna vez, el polo carrocero más importante del oeste argentino.
* El autor es Profesor Titular e Investigador de la UNCUYO y vicepresidente de la Sociedad Argentina de Evaluadores de Salud (SAES).