El Índice de Paz Global 2025, elaborado por el Institute for Economics and Peace y publicado a fines de junio, confirma que el mundo continúa alejándose de la paz por sexto año consecutivo. El informe muestra un panorama global deteriorado, marcado por el aumento de conflictos armados, crisis económicas y polarización política.
Sin embargo, Sudamérica fue la única región del mundo que logró una mejora en su nivel promedio de paz, en contraste con los retrocesos registrados en América del Norte, Europa, Asia y África. Ocho de los once países sudamericanos mejoraron sus puntuaciones respecto del año anterior, lo que constituye un dato alentador en un contexto global adverso.
Esta evolución positiva en Sudamérica se explica por la reducción de conflictos internos, una menor frecuencia de manifestaciones violentas y cierta estabilización política en países que atravesaban crisis institucionales. El informe también detectó una leve mejora en la percepción de seguridad ciudadana en varias capitales latinoamericanas, aunque advierte que estos avances son frágiles y están sujetos a los vaivenes macroeconómicos.
Problemas como la inflación, el endeudamiento y la presión social podrían revertir los logros alcanzados si no se consolidan reformas institucionales profundas. En definitiva, América Latina consiguió, al menos parcialmente, frenar el deterioro global, aunque aún está lejos de alcanzar altos niveles de paz estructural.
Dentro de América Latina, los países más pacíficos según el índice fueron Argentina (46°), Uruguay (48°) y Chile (62°). Nuestro país protagonizó uno de los ascensos más relevantes del año, subiendo cinco posiciones, impulsado por una baja en el riesgo de protesta, una disminución de la inflación y un clima político más previsible. Chile logró sostener su posición, mostrando cierta capacidad institucional para contener las tensiones derivadas del proceso constituyente.
En el otro extremo, Venezuela (139°) y Colombia (140°) se ubicaron entre los peores puestos del continente, apenas por encima de países africanos en guerra. Colombia mostró una paradoja: avanzó en gobernabilidad y seguridad ciudadana, pero duplicó las muertes vinculadas a conflictos internos. Venezuela, en tanto, empeoró en casi todos los indicadores, arrastrada por un proceso electoral cuestionado, mayor represión política y creciente militarización. También preocupa el estancamiento de grandes economías como Brasil (125°) y México (136°), donde la criminalidad estructural y la debilidad institucional frenan cualquier mejora.
El informe advierte sobre la brecha interna en la región: mientras algunos países logran estabilizarse, otros siguen atrapados en patrones crónicos de violencia, impunidad y fragmentación estatal.
Sudamérica, en particular, logró una mejora promedio del 0,59% en su nivel de paz, siendo la única región del mundo con una variación positiva. Esta mejora respondió principalmente a avances en los pilares de “Seguridad y protección social” y “Militarización”. Entre los casos destacados aparece Perú, que mejoró un 4,4%, recuperando niveles de estabilidad no vistos desde 2019. Paraguay, Guyana y Ecuador también lograron mejoras, aunque en menor magnitud. La caída en las manifestaciones violentas y una menor percepción de inestabilidad política influyeron positivamente en estos resultados.
A pesar de estos avances, América Latina sigue siendo una región vulnerable. El informe alerta sobre el aumento del gasto militar en algunos países, que incrementa la militarización sin necesariamente mejorar la seguridad. También persisten altos niveles de homicidios, desplazamientos forzados y conflictos vinculados a economías ilegales, sobre todo en áreas rurales donde el Estado mantiene una presencia débil. El crimen organizado, el narcotráfico y la corrupción continúan siendo obstáculos para construir una paz duradera.
A esto se suman amenazas externas que podrían agravar la situación regional: una eventual crisis económica global, fenómenos climáticos extremos o un aumento de la polarización política podrían generar nuevas olas de inestabilidad. El informe advierte, además, sobre el riesgo de que algunos gobiernos respondan con medidas autoritarias o represivas frente a demandas sociales legítimas, lo cual podría deteriorar los derechos civiles y las libertades políticas.
Para consolidar los avances, el reporte recomienda implementar políticas públicas orientadas al desarrollo, fortalecer el Estado de derecho y modernizar las fuerzas de seguridad bajo criterios democráticos. También señala la necesidad de una mayor cooperación regional para abordar problemas transnacionales como el crimen organizado, la migración forzada y el cambio climático.
América Latina enfrenta, así, una oportunidad decisiva: aprovechar la leve mejora alcanzada para construir cimientos más sólidos de paz o, por el contrario, caer nuevamente en ciclos de violencia si desatiende los factores de riesgo que aún persisten, en un mundo en el cual la paz de las demás regiones se deteriora.
*El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría