Canadá agregó explícitamente una condición más para reconocer el Estado palestino. Una condición que, en los anuncios francés y británico, estaban implícitos: en el 2026 deben realizarse elecciones sin la participación de Hamás, criminal organización que debe desarmarse y no integrar ningún gobierno.
El primer ministro Marc Carney hizo ese anuncio consciente de que podría afectar de manera negativa sus duras tratativas comerciales con Donald Trump. El presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro británico Keir Starmer se habían anticipado en anunciar el reconocimiento al Estado palestino en setiembre, salvo que Netanyahu implemente un alto el fuego, permita el ingreso masivo de ayuda alimentaria y desista de sus planes de anexar territorios palestinos en Cisjordania y en la arrasada Franja de Gaza.
Qué impacto pueden tener esos anuncios sobre Israel y sobre el gobierno ultra-radical de Netanyahu. Teóricamente, un fuerte impacto. Los tres países integran el G-7, el foro de las principales economías del mundo, y dos de ellas están entre las tres mayores potencias económicas y militares de Europa.
En particular, debería tener impacto que el Reino Unido haya adoptado esa posición. Londres tiene un derecho histórico a ser escuchado por el Estado judío. Fue un gobierno británico el primero en proponer la existencia de Israel. Lo hizo en la Declaración Balfour, promulgada en 1917.
En ella, el entonces jefe de Foreing Office, Arthur Balfour, propuso la creación de un Estado judío en la región de Palestina, un territorio que, a renglón seguido, dejaría de ser parte del Imperio Otomano, derrotado en las trincheras de la Primera Guerra Mundial.
Tras la retirada turca de Medio Oriente, Palestina pasó a ser un Protectorado Británico, lo que reforzó la influencia de Londres en la Asamblea General de la ONU en 1947, para que se aprobara la Resolución 181, por la cual Palestina debía ser el territorio de dos estados vecinos: uno árabe y otro judío.
Esa es una de las razones históricas por la que el primer ministro Starmer se atrevió a plantear con severidad esas condiciones a Benjamín Netanyahu, amenazándolo con reconocer al Estado palestino en caso contrario.
El consenso mundial está con reconocer al Estado palestino, pero el momento sería cuando el gobierno israelí y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) acuerden los términos de la creación del nuevo Estado. El problema es que Netanyahu y su gobierno expansionista quieren demorar eternamente ese momento para, mientras tanto, llevar sus fronteras hasta el río Jordán y hasta el vértice entre la costa del Mediterráneo y la frontera con Egipto. Por eso la decisión británica, francesa y canadiense es adelantar ese reconocimiento en el caso de que Netanyahu y sus socios fundamentalistas no renuncien a sus planes de anexión ni frenen el exterminio de la población de Gaza.
El gobierno británico describe el avance creciente de una hambruna exterminadora, sumando calamidades a una población civil con más de sesenta mil muertos y la mayor parte de las ciudades totalmente destruidas. La respuesta del primer ministro israelí es que se trata de una campaña internacional de “mentiras”, que “no hay hambre en Gaza” y que el anuncio del posible reconocimiento británico, francés y canadiense al Estado palestino es “un premio a Hamas”.
¿Cuál de estas descripciones antagónicas es cierta, o está más cerca de la realidad? Todo parece indicar que la descripción británica sobre la situación en la Franja de Gaza es veraz, mientras que la de Netanyahu tiene más de propaganda que de veracidad.
La descripción que llevó al premier Starmer a anunciar que en setiembre reconocerá al Estado palestino no sólo es compatible con la que hacen y dicen Naciones Unidas y numerosas organizaciones humanitarias, entre ellas dos ONG de Israel que denuncian un “genocidio” ejecutado por Netanyahu.
El grueso de la prensa internacional coincide en considerar la versión del gobierno israelí como una campaña falaz sobre una supuesta “conspiración antisemita” para instalar en el mundo una descomunal “mentira” sobre lo que ocurre en Gaza.
También el Papa León XIV y las iglesias cristianas de Gaza (católica, cristiana ortodoxa del rito griego y cristiana ortodoxa del rito asirio) coinciden en denunciar la hambruna en marcha, la muerte masiva de civiles y los padecimientos de ese pueblo, señalando como responsables a Netanyahu y a la criminal organización jihadista Hamás.
Incluso Trump, uno de los pocos, junto a Javier Milei, que apoyan al gobierno conservador-fundamentalista que lidera el premier israelí, acaba de reconocer a su paso por Escocia que en Gaza avanza una hambruna y la gente está muriendo. Desmintiendo de ese modo las afirmaciones de Netanyahu. Y la principal fuente de información del presidente norteamericano es nada menos que la mundialmente omnipresente CIA.
Del mismo modo, el gobierno británico tomó la decisión de avanzar hacia el reconocimiento del Estado palestino basándose en la información del MI-6, que junto con la CIA está entre los aparatos de inteligencia más grandes y eficaces del mundo, con particular penetración en Gaza y Cisjordania.
* El autor es politólogo y escritor.