Con su triunfo porteño La Libertad Avanza arrojó otro fuerte golpe a uno de los espacios protagónicos de la política argentina reciente, el macrismo. El PJ/kirchnerismo, por su parte, todavía no logra reponerse del rotundo traspié en la segunda vuelta de 2023. Por lo tanto, están en jaque las dos grandes coaliciones protagonistas de los últimos 22 años.
El kirchnerismo comenzó a dominar la escena desde la asunción de Néstor Kirchner como presidente, el 25 de mayo de 2003. Lo que él y luego su esposa encabezarían se puede enmarcar como coalición, porque pasaron a dominar la interna del peronismo y fueron ganando el apoyo paulatino de otras expresiones políticas afines, basadas en el intervencionismo estatal, como también en dirigentes del radicalismo alfonsinista, especialmente a partir de la aparición en escena con fuerza de Mauricio Macri, que, a la vez, mucho nutrió su entorno de peronistas que huyeron del entonces creciente kirchnerismo.
A cargo del poder, el matrimonio Kirchner comenzó a tejer para llegar a ejercer el liderazgo que indudablemente pensaron. Y una de sus primeras acciones políticas internas principales fue trazar distancia con sus mentores, Eduardo Duhalde y su esposa, Hilda “Chiche” González”, para tener el camino libre hacia el objetivo de gobernar el país sin dependencia partidaria alguna. En la elección legislativa de 2005, medio término para la gestión de Néstor Kirchner, Cristina y “Chiche” ya se enfrentaron, compitiendo por una banca legislativa en el Congreso; resultó amplia ganadora la primera. Fin para el “reinado” de los Duhalde, que se abrieron del neoliberalismo popular de Menem, pero no pudieron tutelar a los Kirchner.
Tal vez recordando aquella jugada que dejaba a un lado al justicialismo clásico de Duhalde, no de Menem, para imponer los tiempos del kirchnerismo dentro del derrotero del PJ, muchos se preguntan por estos días si el mileísmo libertario pretende hacer lo mismo con Macri y su partido. Son tiempos y escenarios distintos. Milei, con La Libertad Avanza, ya compitió con Macri (Juntos por el Cambio con Bullrich candidata) en las últimas presidenciales y obtuvo el apoyo del ex presidente para la segunda vuelta electoral. Apoyo que condujo a la fórmula encabezada por Milei a obtener un porcentaje impresionante en la votación.
De todos modos, como es sabido y también reconocido por el oficialismo, el peso político de Pro y el resto de Juntos por el Cambio en el Congreso le permitió al Gobierno tener en marcha las principales medidas de la transformación que impulsa. Aunque después de la reciente elección de legisladores porteños, claramente nacionalizada, quedó la sensación en el escenario político de una claudicación del partido de Macri. La contundencia a la que aluden los mileístas no se puede basar tanto en los votos obtenidos (LLA mantuvo prácticamente el porcentaje de las PASO y primera vuelta presidenciales), pero sí, claramente, en la diferencia de porcentajes con el macrismo.
Si no estuviese en juego la continuidad del partido que fundó Macri, la derrota del domingo no debería derivar en el dilema que hoy en día viven muchos de sus militantes. En política se gana y se pierde y con más razón cuando los ciclos se cumplen. En este caso bien se puede pensar que las artes de gobierno “amarillas” necesitan ser renovadas, como también la plantilla dirigencial, lo que de ninguna manera puede significar la desaparición del espacio, como sí desearían muchos libertarios. Posiblemente, dentro de dos años, cuando sí se tenga que renovar la Jefatura de Gobierno de CABA, recién se sepa el destino del espacio macrista.
Lo que parece interesante observar luego de la trascendente elección de la ciudad de Buenos Aires es el cambio que se advierte en el escenario político nacional a partir de la incursión de Milei y su partido. Queda en evidencia que La Libertad Avanza no llegó para cotejar con los tradicionales contendientes de la escena nacional, a derecha e izquierda, sino para combatirlos quitándoles protagonismo.
Es clara la mirada con la oferta de “tabula rasa” pronunciada por Manuel Adorni durante el festejo reciente. Define la idea de los libertarios: que los macristas pasen a sus filas sin exigencias, de modo de sumarse a la batalla principal que quiere encarar el Gobierno contra el kirchnerismo/peronismo. Como dice con reiteración el propio presidente: colocar el último clavo que cierre el ataúd del peronismo a punto de cumplir 80 años de trayectoria. Tabula rasa para empezar de cero, pero con el macrismo bajo la tutela libertaria. No es fácil la decisión, más allá de que haya ya legisladores e intendentes “amarillos” dispuestos a pegar el salto.
La política argentina podría comenzar a observar cómo en tiempo récord, y con el apoyo de la ciudadanía y su hartazgo por lo que la dirigencia hizo mal, por un lado, y no supo corregir, por el otro, un partido nuevo copa la escena y se proyecta hacia un posible protagonismo sorprendente.
Tal vez estemos presenciando la desarticulación de las dos grandes coaliciones que dominaron la política argentina durante dos décadas: el kirchnerismo por un lado y el macrismo por el otro. Aquél, como ya hemos comentado, haciendo suyas las banderas históricas del peronismo y valiéndose del apoyo ideológico y operativo de sectores partidarios y gremiales no necesariamente alineados con el PJ, pero muy útiles al fin.
Por el lado del Pro, también queda en claro que el proyecto de poder de Mauricio Macri, que comenzó a gestarse siendo todavía presidente de Boca Juniors y tuvo 8 años de gobierno porteño, a la hora de buscar pegar el salto hacia la presidencia de la Nación necesitó de la coalición que le dio el apoyo necesario: el radicalismo, fundamentalmente, y la Coalición Cívica. Así surgió Cambiemos, luego transformado en Juntos por el Cambio. Sin ese respaldo probablemente el Pro no hubiese pasado cómodamente los límites de la General Paz. Pero sirvió para conformar una por momentos sólida coalición de centroderecha.
La próxima batalla espera en la provincia de Buenos Aires. Para el mileísmo, la oportunidad para intentar voltear a la estructura más importante de la escena en décadas.
* El autor es periodista. [email protected]