19 de julio de 2025 - 00:05

El estado del mundo: vivir en la metacrisis global

La Globalización es hoy un estado del mundo, ha sido definida –para acercarnos a un consenso- como un proceso multidimensional que integra economías, sociedades y culturas a nivel mundial. Se manifiesta principalmente a través del comercio, los flujos financieros, la tecnología y el intercambio cultural. Este proceso supone una creciente interdependencia global, y también desafíos como la desigualdad y la pérdida de identidad cultural.

El mundo que conocimos hasta el tercer milenio vive un complejo sistémico de crisis, al que describo como una situación donde múltiples crisis, interconectadas, convergen y se refuerzan mutuamente, afectando un sistema global: el mundo, de modo profundo, inesperado y a menudo irreversible.

Obviamente esta suma de crisis no se limita a un único nivel: económico, político, geopolítico, sino que involucra una red de problemas interrelacionados que pueden tener consecuencias complejas y muy difíciles de gestionar, de alcances globales y regionales, locales, y aún individuales. Lo que representa desafíos sin precedentes y que radican en las tendencias dinámicas de nuestro tiempo.

Esta suerte de metacrisis global es un resultado que se presenta como una propiedad sistémica emergente e inevitable. Esta metacrisis conlleva una profunda crisis de propósito y significado. Lo que se manifiesta en la pérdida de identidad cultural, el aumento de la desigualdad, la fragmentación social y la falta de sentido para la vida en común, ante un mundo cada vez más interconectado, pero también más complejo, más frágil y desigual.

El más grave problema es que el conocimiento del mundo esta mediado por nuestro déficit de inteligencia para comprender y dar respuesta a los riesgos derivados de la nueva configuración el mundo. Para entender y responder a sus complejidades -por la diversidad de aspectos involucrados- como por la presencia de puntos ciegos ideológicos, y también por la inercia del conocimiento adquirido, el peso de nuestra experiencia y por los límites propio de nuestra inteligencia, lo que lo hace en extremo dificultoso.

Wittgenstein (1922/2003) en su "Tractatus", declaró que "los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo", lo que adquiere importancia en un mundo dominado por la globalización y el multilenguaje mediático, donde la proliferación de plataformas digitales y redes sociales ha transformado el lenguaje en una herramienta de comunicación rápida, pero también excesivamente superficial.

Esta proliferación de plataformas digitales y redes sociales que transforman el lenguaje lo transforman en una herramienta superficial. Como lo manifiesta el Prof. Sérgio Amadeu da Silveira: “Nunca antes en la historia un grupo tan pequeño de empresas había tenido tanta presencia en las interacciones sociales globales. Las Big Tech se han convertido en mediadoras activas de las relaciones sociales configuradas por las tecnologías digitales". Y los mediadores no son neutrales: interfieren en los flujos de opinión, modulan la atención y provocan reacciones en millones de usuarios. Sus plataformas capturan datos de cada clic y acción, alimentando algoritmos que predicen deseos y comportamientos. Esto lleva a lo que puede calificarse como una “monetización total de la vida social”.

Actuando de forma invisible, concentran presupuestos publicitarios gracias a su dominio algorítmico de la atención. Así, perpetúan una lógica de “espectacularización”, donde “buena información” equivale a lo que genera más engagement[1]. El compromiso con la calidad informativa ha sido mayoritariamente retórico: clics, ataques, exageraciones y desinformación son bienvenidos si resultan rentables.

La Globalización es hoy un estado del mundo, ha sido definida –para acercarnos a un consenso- como un proceso multidimensional que integra economías, sociedades y culturas a nivel mundial. Se manifiesta principalmente a través del comercio, los flujos financieros, la tecnología y el intercambio cultural. Este proceso supone una creciente interdependencia global, y también desafíos como la desigualdad y la pérdida de identidad cultural.

Voy a tomar prestado tres conceptos fundamentales en física: son materia, energía y espacio-tiempo, para destacar la dinámica de este proceso. La materia es todo aquello que ocupa espacio y tiene masa, mientras que la energía es una magnitud que depende de las variables de estado: posición, velocidad, presión, temperatura, etc., dependiendo del contexto. El espacio-tiempo es la estructura continua en la que ocurren los eventos, combinando las dimensiones espaciales con el tiempo.

Son conceptos teóricos que empleamos para definir la realidad, si agreguemos probabilidad entonces surge la pregunta ¿Cuál es la probabilidad de entender esa realidad?

La principal variable motriz actual es la aceleración del futuro, que se manifiesta como múltiples desarrollos tecnológicos. Actúa sobre: los mercados, sobre la concentración de la riqueza, las industrias, la fuerza laboral, las capacidades militares de destrucción y principalmente sobre el poder y las relaciones sociales.

A eso podemos sumar Los cambios en los espacios. La unidad del espacio geográfico mundo en su sentido tradicional se ha visto constantemente modificado en el siglo XX.

Los nuevos espacios que comienzan a influir en la consideración del espacio son numerosos, cibernético, ambiental, espacio “exterior”, biológico. Y también nuevos campos para el conflicto: del Ártico al Espacio exterior.

LA IA Oportunidades y desafíos

Avances tecnológicos en esta materia son constantes e incrementales: más y mejores algoritmos, hardware especializado (como GPUs y TPUs), facilitan el desarrollo de modelos más grandes y eficientes. Asimismo, la disponibilidad de grandes volúmenes de datos y herramientas para procesarlos permite entrenar modelos de IA más precisos y útiles. Pero, aunque la IA imita fácilmente el trabajo del hombre, incluso en tareas complejas, su "visión del mundo" es intrínsecamente diferente: la nuestra es semántica y la suya es visual. Un sesgo que explica por qué los modelos inteligentes a veces cometen errores ilógicos, o son vulnerables a manipulaciones sutiles.

La Inteligencia Artificial General es un campo de investigación teórica de la IA que busca crear software con inteligencia similar a la humana. A diferencia de la IA actual, que se enfoca en tareas específicas, podrá aprender, adaptarse y resolver problemas de manera flexible. Sin embargo, a diferencia de la IA tradicional, podría ejecutar de forma autónoma acciones dañinas más allá de la supervisión humana.

Algunos riesgos

A diferencia de la IA tradicional, la IAG podría ejecutar de forma autónoma acciones dañinas más allá de la supervisión humana, lo que resultaría en impactos irreversibles, concentración de poder, desigualdad global e inestabilidad, amenazas de sistemas de armas avanzados y vulnerabilidades en infraestructuras críticas, entre otros.

* La privacidad y los derechos personalísimos. La sociedad híper vigilada y dirigida, por una concentración de poder corporativo-gubernamental, sin forma alguna de participación de los simples miembros de la misma.

* Romantización de las apps. Como consumidores de desarrollos que facilitan la vida diaria, se acepta socialmente aquellos, que están fundados en la expectativa de lucro empresario, sin evaluación alguna de eventuales riesgos.

* Convergencia de la IA: Riesgos en la intersección de la IA y las amenazas nucleares, biológicas y cibernéticas. Dada la extrema capacidad de articulación de la IA y otros desarrollos con áreas de investigación, es posible imaginar que es aquí donde se localizan los más graves riesgos.

La Inteligencia Artificial General (IAG) sigue siendo uno de los temas más debatidos y polarizantes en la comunidad prospectiva. Por un lado, se la considera el avance que impulsará a la humanidad hacia una nueva era de inteligencia y automatización. Por otro, se la define como un riesgo existencial: una fuerza que podría superar el control humano y transformar la civilización de maneras impredecibles.

Sin una gestión global proactiva, la competencia entre naciones y corporaciones acelerará el desarrollo arriesgado de la IAG, socavará los protocolos de seguridad y exacerbará las tensiones geopolíticas. La acción internacional coordinada puede prevenir estos resultados, promoviendo el desarrollo y el uso seguros de la IAG, la distribución equitativa de los beneficios y la estabilidad global.

[1] Engagement: es un constructo psicológico que significa conexión afectiva, cognitiva y conductual y hace referencia a cuán activamente se encuentra involucrada una persona en una determinada actividad.

* El autor es doctor en Historia y Analista de Futuros.

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