Caracas. El diálogo entre el gobierno y la oposición fue convocado para hallar una vía de salida a la extrema polarización y a la crisis económica, la peor en quince años de chavismo. Las protestas callejeras son la manifiestación más visible del enorme malestar social en el país.
Las manifestaciones comenzaron el 12 de febrero último, cuando los estudiantes universitarios de San Cristóbal, capital de Táchira, tomaron las calles contra la inseguridad tras el intento de violación de una compañera en el campus universitario local.
Luego, otras ciudades se sumaron pero agregando duras críticas por la afligente situación económica, con una 56% de inflación anual en 2013, una de las cinco tasas más altas del mundo, lo que ha distorsionado todos los precios, entre ellos, el de su propia moneda.
Venezuela ha devaluado a inicios de año cerca del 80% la paridad de su divisa frente al dólar.
Pese al cepo, la sangría de dólares es cada vez mayor. La industria petrolera -principal fuente de divisas- carece de inversiones por la inseguridad jurídica que reina, lo que deriva en una menor producción en un país que compra en el exterior casi todo lo que consume. La situación ha llevado a un desabastecimiento mayúsculo, con góndolas de productos esenciales de la canasta vacías que perjudica más a los menos pudientes.
El gobierno ha reprimido las protestas con policías y grupos parapoliciales a un costo de 41 muertos, más de 500 heridos y casi 1.000 arrestos, entre ellos, de importantes líderes de la oposición cuya libertad se reclama ahora como una precondición para que el diálogo iniciado ayer se consolide.