Las mujeres enfrentaron una mayor probabilidad de cambiar de empleo debido al avance de la inteligencia artificial. Según datos de la OIT y especialistas en tecnología, la concentración del empleo femenino en sectores automatizables y la falta de tiempo para la capacitación forzaron una reconfiguración laboral acelerada en los sectores más expuestos.
Ese desequilibrio apareció con fuerza en los empleos con mayoría femenina, donde el 16% de los puestos estuvo altamente expuesto a la automatización, comparado con apenas un 3% en los cargos masculinos. La diferencia radicó en que las tareas de sectores como servicios y administración fueron las primeras en ser alcanzadas por las nuevas herramientas tecnológicas.
La brecha del tiempo y el impacto de las tareas de cuidado
La apropiación de la inteligencia artificial exigió tiempo para probar, aprender e incorporar procesos, pero las trabajadoras chocaron contra una barrera estructural. Las mujeres destinaron entre dos y tres veces más horas que los varones a tareas de cuidado no remunerado. Esta "pobreza de tiempo" impidió que muchas pudieran acceder a una capacitación de calidad, profundizando la brecha digital más allá del simple acceso a una computadora.
Ante este escenario, la presidencia de Géneras planteó la necesidad de una "transición justa". Este concepto buscó que la incorporación de la tecnología no trasladara sus costos a quienes ya estaban en desventaja antes de la transformación digital. La propuesta incluyó la participación activa de mujeres en el diseño tecnológico y políticas orientadas específicamente a mejorar condiciones en salud, educación y servicios sociales.
Datos que las empresas tecnológicas no miden: el problema de la brecha salarial
La medición de los datos resultó un paso crítico que muchas organizaciones omitieron en sus reportes de gestión. Aunque el 90% de las empresas tecnológicas sostuvo que no poseía brecha salarial, solo el 18% realizó mediciones reales para comprobarlo. La falta de estadísticas precisas impidió una gestión eficiente de las desigualdades que la inteligencia artificial amenazó con amplificar.
La reconfiguración del trabajo obligó a buscar acuerdos entre el Estado, las empresas y la academia para distribuir los beneficios de forma equitativa. El foco se desplazó desde la mera productividad hacia el uso de la tecnología para resolver necesidades reales de los sectores donde trabajan las mujeres. La transformación laboral ya se puso en marcha y advirtió sobre la vulnerabilidad de quienes quedaron fuera del diseño de las soluciones.