Para entender el sistema inmunológico, solemos recurrir a analogías bélicas: hablamos de un sistema de defensa o un ejército de células que combate invasores. Sin embargo, usar ejemplos bélicos , donde la vida de miles de personas inocentes está en juego, sujeta al capricho de unos pocos que orquestan esas masacres en muchos casos movidos por intereses egocéntricos, el rencor o intereses económicos puede resultar incómodo y hasta inapropiado.
Por otro lado, utilizar analogías basadas en comportamientos humanos para explicar procesos biológicos que llevan millones de años de evolución es insuficiente. Los humanos somos solo una especie más —quizás la más dañina— en un universo repleto de formas de vida con estrategias infinitas para sobrevivir.
Los humanos somos solo una especie más —quizás la más dañina— en un universo repleto de formas de vida con estrategias infinitas para sobrevivir.
Puede parecer un comentario pesimista, pero, aunque a muchos nos angustie pensar en una existencia banal, en esencia estamos aquí para sobrevivir y dejar descendencia. Y, por qué no, también para disfrutar el camino.
El tumor como una mafia celular
Si pensamos en los tumores como un grupo de células malignas que dejaron de ser altruistas y crecieron sin control, estamos simplificando demasiado. Hoy sabemos que la realidad es mucho más compleja. Los tumores funcionan como una especie de mafia celular: corrompen células normales, las convencen de luchar a su lado y toman el control del tejido donde se asientan.
Guerra invisible: cuando el cáncer secuestra a nuestro sistema inmunológico
Un esquema llamado graphical abstract que explica cómo funciona el sistema reportado en el paper.
Gentileza
Por ejemplo, las células mieloides, que salen de la médula ósea sin una función definida, son extremadamente versátiles. Al llegar a los tejidos, pueden actuar como macrófagos (devorando lo que sea necesario), o como células dendríticas (sensando el entorno y entrenando a un ejército de células T para atacar al tumor). Pero también pueden quedar en un estado intermedio, vulnerable a la corrupción tumoral. Así, se convierten en células mieloides supresoras, que en lugar de combatir al tumor, trabajan para él.
Puede parecer un comentario pesimista, pero, aunque a muchos nos angustie pensar en una existencia banal, en esencia estamos aquí para sobrevivir y dejar descendencia
No sólo las células mieloides caen en esta trampa: linfocitos T (los soldados) y células dendríticas (las estrategas) también pueden ser manipuladas. A medida que la ciencia avanza, descubrimos que todas las células del sistema inmune pueden ser víctimas de esta sofisticada red de corrupción tumoral. ¿Les suena familiar? Es una escena que hemos visto en cientos de películas y series de espionaje. Y así es como funciona la batalla interna en nuestro cuerpo.
La revolución de la inmunoterapia
Durante décadas, las terapias contra el cáncer que buscaban potenciar el sistema inmunológico fracasaron. Aumentar la cantidad de soldados o darles más armas —como vacunas contra el cáncer o terapias con interleukinas— solo favorecía a los tumores. Tampoco funcionaron completamente las terapias antiangiogénicas, que intentaban cortar las redes de suministro de los tumores, pues estos eventualmente desarrollaban resistencia. hace tan solo 20 años que entendimos que la clave estaba en la red de espionaje y no en la fuerza de choque.
A finales de los 90 y en la década del 2000, numerosos estudios revelaron estrategias tumorales para evadir la respuesta inmunológica. Dos mecanismos destacaron por su creatividad y cambio de enfoque: la idea no era potenciar al sistema inmune, sino liberarlo de un estado de “hipnosis molecular”.
Guerra invisible: cuando el cáncer secuestra a nuestro sistema inmunológico
Microscopía de fluorescencia donde se muestras las celdas tumorales en azul, y las células del sistema inmune en colores. En rosa son las células mieloides y las blancas las células T del sistema inmune que están trabajando para el tumor ( Treg).
Gentileza
Así entendimos, una vez más, que la respuesta a los problemas biológicos está en la biología misma. Solo necesitábamos identificar y bloquear las estrategias que los tumores usaban. De ahí nació la revolución de la inmunoterapia (uso del sistema inmune como estrategia terapéutica), que alcanzó su auge en 2013 con el bloqueo de moléculas como PD-1 y CTLA-4. Estos reguladores de la respuesta inmune, mal utilizados, pueden ayudar al cáncer, como secretos de estado y espías internos.
Gracias a este cambio de paradigma, hoy proliferan proyectos de terapias alentadoras que nos dan la esperanza de que, por primera vez en la historia, podemos pelear una guerra justa contra el cáncer.
Recuperando a los soldados corrompidos
La clave está en rescatar a los soldados que el enemigo ha copiado y corrompido. Los anticuerpos bloqueadores de PD-1, PD-L1 y CTLA-4 revolucionaron el tratamiento de cáncer de piel y pulmón, y hoy se aplican a otros tumores, combinándose con terapias que antes no funcionaban.
Con la aceleración exponencial de la tecnología, incluso se han creado células T artificiales, modificadas para ser soldados incorruptibles y altamente equipados, como sacados de una película de ciencia ficción. Y esto recién comienza.
Como siempre en la ciencia, cada avance abre nuevas preguntas. Hoy, el mayor desafío para los oncólogos es determinar en qué tumores funcionan mejor estas terapias. Tenemos un arsenal prometedor, pero aún falta entender cómo usarlo de manera óptima.
Estamos mas lejos de vencer al cáncer de lo que quisiéramos, pero nunca estuvimos tan cerca.
Otro aporte argentino
En un reciente trabajo publicado por el grupo del renombrado científico argentino Gabriel Rabinovich, liderado por la talentosa doctora Ada Blidner y con participación nuestro grupo investigadores del Instituto de Histológica y Embriología de Mendoza (IHEM-Conicet-UNCuyo), se expuso por primera vez una de las estrategias tumorales para corromper a las células mieloides.
Los científicos descubrieron que una proteína llamada Galectina-1, producida tanto por células tumorales como por sus aliadas involuntarias, obliga a las células mieloides a que no solo frenen la respuesta inmune, sino que además promuevan la formación de vasos sanguíneos, suministrando oxígeno y nutrientes al tumor.
Lo más alentador es que no solo identificaron esta señal, sino que desarrollaron un anticuerpo capaz de bloquearla, restaurando la función normal de estas células.
Este hallazgo es fruto de años de investigación argentina, de intentos, pruebas y fracasos. Así funciona la ciencia: prueba y error, sin resultados mediáticos inmediatos, pero con avances sólidos y duraderos.
La ciencia no es un gasto, es una inversión. Para que una nación logre independencia intelectual y genere soluciones propias a sus problemas y aportes a la humanidad, debe apostar a la ciencia. Porque lo caro no es invertir en conocimiento, sino la ignorancia.
*El doctor Diego Croci es Ph.D e investigador del Conicet en el IHEM Mendoza. Profesor FCEN UNCuyo; director del ITBA, Buenos Aires. Emprendedor biotecnológico.
Producción y edición: Miguel Títiro - [email protected]