19 de septiembre de 2026 - 00:17

El Niño 2026: no es el fin del mundo, pero tampoco un invitado a ignorar

Se prevé un Niño fuerte o muy fuerte, pero eso no significa catástrofes aseguradas. La clave es seguir la información oficial y prepararse.

Meteoróloga y doctora en Geografía

El Niño está en marcha. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) prevé que en la primavera hay probabilidad del 100% de que se mantenga El Niño. Por su parte, NOAA, la agencia estadounidense que monitorea el océano y la atmósfera, informó el 10 de septiembre que existe 75 % de probabilidad de que el evento alcance entre octubre y diciembre una intensidad superior a la de los episodios registrados desde 1950, según el índice RONI. Estas probabilidades describen la continuidad y la intensidad del fenómeno en el Pacífico, no la probabilidad de daños en Mendoza.

Ahora, ¿qué significa esto para nuestra provincia? Un Niño fuerte/muy fuerte puede traer cambios importantes en las lluvias y las temperaturas, aunque sus efectos varían según la región, la época del año y otros procesos atmosféricos. Es un escenario que merece atención y preparación en base a pronósticos actualizados y alertas oficiales.

¿Qué puede pasar en Mendoza?

El análisis del SMN de los eventos El Niño ocurridos desde 1961 muestra que las lluvias de primavera no responden de la misma manera en toda la provincia (Figura 1, primer mapa a la izquierda). Al considerar los eventos El Niño fuertes o muy fuertes ocurridos entre 1981 y 2025, se observan, en promedio, precipitaciones superiores a lo habitual en el centro y sur de Mendoza, y valores cercanos o inferiores al promedio hacia el norte provincial (Figura 1, tercer mapa). En las temperaturas aparece una tendencia a primaveras más frescas (Figura 1, segundo y cuarto mapas). Si bien estos promedios ayudan a describir qué es esperable para esta primavera, el clima tiene variaciones propias. Por ello siempre existe un margen de incertidumbre sobre cómo se manifestará en cada lugar.

Antecedentes. Anomalías medias de primavera durante El Niño: todos los casos de 1961 y y eventos fuertes o muy fuertes entre 1981 y 2025.

Antecedentes. Anomalías medias de primavera durante El Niño: todos los casos de 1961 y y eventos fuertes o muy fuertes entre 1981 y 2025.

¿Qué es eso que llamamos “El Niño”?

Mucho antes de los satélites y boyas, pescadores de la costa peruana conocían un calentamiento ocasional del mar cerca de Navidad. Lo llamaron “El Niño”, en referencia al Niño Jesús. Décadas después, Gilbert Walker describió la Oscilación del Sur, un ‘subibaja’ de presión entre el Pacífico tropical este y oeste. En los años sesenta, Jacob Bjerknes demostró que océano y atmósfera forman un mismo sistema: El Niño- Oscilación del Sur (ENOS). El Niño es la fase cálida del ENOS.

En el día a día: siempre consultar los pronósticos y las alertas del SMN, la información de la Dirección de Agricultura y Contingencias Climáticas de Mendoza, las indicaciones de Defensa Civil y organismos oficiales. Seguir esas actualizaciones y actuar según las condiciones previstas siempre es la mejor forma de prepararse.

El ENOS podría verse como el resultado de la conversación entre el océano y la atmósfera del Pacífico tropical: el primero aporta cambios en la temperatura del mar; la segunda, alisios, lluvias tropicales y diferencias de presión. Cuando ambos llegan a un acuerdo y cambian coordinadamente durante meses, se establece una fase. En la fase neutra —el estado de referencia del ENOS— los vientos alisios, que soplan habitualmente de este a oeste sobre el Pacífico tropical, empujan las aguas cálidas hacia el oeste y, cerca de Sudamérica, asciende agua fría desde las profundidades. Durante El Niño, los alisios se debilitan, el calor se desplaza hacia el centro y este del Pacífico y se reorganizan las lluvias y la circulación. La fase opuesta es La Niña, con aguas más frías y alisios más intensos.

En la escala temporal, podemos comparar el ciclo del ENOS con un péndulo que no lleva un ritmo fijo: pasa por una fase cálida, El Niño; una fría, La Niña; y períodos neutrales. El Niño suele volver cada 2 a 7 años: ese es el tiempo promedio entre una aparición y otra (no lo que dura cada Niño). En el medio puede haber condiciones neutrales o La Niña, sin un calendario establecido.

El ENOS importa, pero no trabaja solo

El Niño tiene una influencia muy importante sobre el clima, pero no actúa solo: interactúa con otros procesos del océano y la atmósfera. Por eso, dos eventos El Niño de intensidad parecida en el Pacífico pueden dejar resultados distintos en Argentina. Otros patrones, como el Modo Anular del Sur (SAM) y el patrón Pacífico–Sudamérica (PSA), modifican los vientos y la circulación atmosférica. También interviene la Oscilación Madden-Julian (MJO), que actúa a escala de semanas y puede favorecer períodos más lluviosos o más secos en Sudamérica. Con estas y otras piezas del rompecabezas que es el clima, los pronósticos regionales permiten trazar un panorama más cercano y ver qué condiciones de lluvia y temperatura son más probables en nuestra zona.

Precauciones. Medidas básicas de preparación ante tormentas: alertas, prevención en el hogar, evitar zonas anegadas y plan familiar.

Precauciones. Medidas básicas de preparación ante tormentas: alertas, prevención en el hogar, evitar zonas anegadas y plan familiar.

Si bien El Niño puede favorecer lluvias por encima de lo normal en ciertas regiones y épocas del año, un episodio torrencial requiere que coincidan otros ingredientes: humedad, inestabilidad y mecanismos que hagan ascender el aire. Estos ingredientes dependen de sistemas meteorológicos que evolucionan en horas o días y abarcan desde grandes regiones hasta áreas locales. Los daños dependen, además, de cuánto llueva y durante cuánto tiempo, de las características del terreno, del estado de los desagües y de la vulnerabilidad de las construcciones, entre otros factores.

El Niño y calentamiento global: no es lo mismo

El Niño es una variación natural; el calentamiento global es una tendencia de largo plazo. El Niño es una ola y el calentamiento global, la marea que eleva el nivel de partida. Una atmósfera más cálida puede intensificar calor, evaporación y, cuando se dan las condiciones, lluvias fuertes. Eso no significa que cada El Niño sea causado por el calentamiento global: el IPCC advierte incertidumbres sobre la evolución futura del ENOS.

Entonces, ¿qué hacemos?

No se trata de vivir mirando el cielo con angustia, sino de prepararse con información útil. Los pronósticos estacionales orientan sobre las condiciones más probables durante los próximos meses. Los de mediano y corto plazo ayudan a organizar las actividades de los días siguientes, y las alertas advierten sobre fenómenos que pueden representar un riesgo.

En casa, conviene revisar canaletas y desagües, asegurar objetos que puedan volarse y acordar cómo comunicarse con la familia durante una tormenta. También es importante revisar el pronóstico antes de organizar tareas al aire libre. Ante la ocurrencia de una tormenta: nunca hay que cruzar calles o zonas inundadas.

Municipios, empresas y productores pueden usar los pronósticos estacionales para planificar el mantenimiento de desagües e infraestructura y preparar recursos ante posibles emergencias. Esa preparación debe acompañarse del seguimiento de los pronósticos actualizados, las alertas e indicaciones de Defensa Civil.

En el día a día: siempre consultar los pronósticos y las alertas del SMN, la información de la Dirección de Agricultura y Contingencias Climáticas de Mendoza, las indicaciones de Defensa Civil y organismos oficiales. Seguir esas actualizaciones y actuar según las condiciones previstas siempre es la mejor forma de prepararse.

(*) La doctora García Bu es cubana nacionalizada argentina y actualmente es becaria posdoctoral del CCT-Mendoza Conicet.

Producción y edición: Miguel Títiro - [email protected]

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