Una corriente oceánica que ayuda a ordenar el clima en Europa, América y África podría perder mucha más fuerza de la que se estimaba. Un trabajo publicado en Science Advances calculó que la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico podría debilitarse alrededor de un 50% hacia 2100, bastante más que lo que venían mostrando muchos modelos climáticos.
Esa corriente, conocida también por su sigla AMOC, funciona como una especie de cinta transportadora: lleva agua cálida hacia el norte del Atlántico y devuelve agua fría y profunda hacia el sur. No es un detalle técnico menor.
Ese movimiento influye en la distribución del calor, en los patrones de lluvia y en el equilibrio de ecosistemas marinos de enorme escala. NOAA la define justamente como uno de los grandes sistemas que redistribuyen agua cálida y fría dentro del Atlántico.
Qué encontró el nuevo estudio sobre la corriente del Atlántico
Lo que cambió ahora no es solo el tono de la advertencia, sino el método. Los autores combinaron observaciones reales del océano con modelos climáticos y usaron temperatura y salinidad de la superficie del mar para corregir sesgos.
Con eso, según el trabajo, lograron una proyección más ajustada y llegaron a una estimación central de debilitamiento de alrededor del 51%, con rangos que en algunos escenarios van del 43% al 59% hacia fin de siglo.
Ese punto importa porque una de las discusiones de fondo era si los modelos estaban subestimando el problema.
Científicos de Francia piden que las naciones se preparen la principal corriente del océano Atlántico está mucho más cerca del colapso de lo pensado (1)
Cuanto mayor sea la salinidad simulada de la superficie del mar en el Atlántico Sur, más débil se espera que sea la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC) para el año 2100. (Imagen: Portmann et al., Science Advances)
El propio estudio plantea que, al corregir ciertos errores, el debilitamiento esperado resulta bastante más fuerte que el promedio de proyecciones previas. No dice que el sistema vaya a apagarse mañana, pero sí que podría estar más cerca de una zona crítica de lo que parecía.
Clima, lluvias y nivel del mar: lo que podría cambiar si sigue perdiendo fuerza
Cuando esta circulación se debilita, el efecto no queda encerrado en el océano. Los científicos asocian ese escenario con menos transporte de calor hacia el norte del Atlántico, cambios en las precipitaciones, más presión sobre ecosistemas marinos y un posible aumento del nivel del mar en la costa noreste de Norteamérica.
También se mencionan riesgos para regiones agrícolas y para la disponibilidad de agua en distintas zonas.
Ahora bien, acá conviene frenar un segundo y evitar el error más común: leer esto como si Europa fuera a entrar de golpe en una era glacial o como si el colapso ya estuviera confirmado.
El Met Office británico y el IPCC sostienen algo más matizado: la AMOC muy probablemente se debilite durante este siglo, pero un colapso abrupto antes de 2100 no es el escenario principal con el que hoy trabajan.
Incluso con una AMOC más débil, Europa seguiría calentándose en términos generales por el efecto de los gases de efecto invernadero, aunque con cambios regionales importantes.
Lo que sí conviene entender desde ahora
La parte práctica de esta historia no pasa por mirar el océano con miedo, sino por entender que el cambio climático también empuja procesos menos visibles que una ola de calor o una inundación.
La AMOC se mide de forma continua recién desde 2004, así que todavía hay incertidumbres sobre su velocidad exacta de deterioro.
Pero el consenso más firme ya existe: el sistema es vulnerable, el debilitamiento es plausible y eso obliga a pensar en adaptación costera, gestión del agua y seguridad alimentaria con más seriedad que antes.