27 de junio de 2018 - 00:00

Celebran juicio por los bebés robados en el franquismo

El acusado, el ginecólogo Eduardo Vela, de 85 años, participó en la sustracción a una madre biológica de su nena nacida en 1969.

La Justicia española sentó ayer en el banquillo al ginecólogo Eduardo Vela, de 85 años y acusado de participar en la sustracción de una niña nacida en 1969 a su madre biológica para entregársela a una mujer estéril, el primer caso juzgado en España de los conocidos como "bebés robados" durante el franquismo.

Los casos en España de recién nacidos que fueron quitados a sus padres con engaños para entregarlos a otras familias, en muchos casos previo pago, ocurrieron sobre todo entre 1950 y 1990, prolongándose también en los primeros años de democracia.

El acusado, exdirector de la clínica madrileña donde nació la niña, llamada Inés Madrigal, ya declaró como imputado ante la Justicia en diciembre de 2013, aunque se desvinculó de la trama y negó su participación.

"Yo no sabía", "no recuerdo" o "esto no es mío", reiteró ayer a preguntas de la fiscal el ginecólogo octogenario, quien finalmente compareció ante el tribunal después de que un análisis forense desestimara que padezca una enfermedad degenerativa tal y como había alegado su defensa.

El Ministerio Público solicita una pena de 11 años de cárcel para el acusado al considerar que Madrigal fue sustraída de su madre biológica y entregada a una mujer estéril (Inés Pérez), a quien Vela le había recomendado fingir un embarazo con cojines.

A la mayoría de las preguntas que le realizó la fiscal, Vela se limitó a contestar que no recordaba nada y tampoco reconoció su firma en los documentos de registro de la bebé, a pesar de que sí lo hizo durante la fase de instrucción.

Tampoco pudo precisar si en la clínica se tramitaban adopciones o quiénes exactamente rellenaban los libros de registro de nacimientos.

Vela, que sí aceptó haber sido director médico de la clínica, no pudo desvelar si existía un protocolo concreto cuando ingresaba alguna mujer para dar a luz, y si por ese centro sanitario pasaban monjas, ni las camas con la que contaba ni el personal que trabajaba en él.

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