23 de enero de 2018 - 00:00

Casa Minni-Gulino, otra arquitectura que se fue - Por Roberto Dabul

Si va por calle San Martín al 1175 de Godoy Cruz, ya no podrá ver esa casa que nunca resultó indiferente y tal vez observó cada vez que la cruzó.

Desocupada desde hace años, vandalizada, el destino puso su marca y sus días quedaron atrás. Pero no es mi intención hacer un relato lacrimógeno sobre lo que ayer fue buena arquitectura y ahora es un recuerdo.

Ese es tema para otra discusión que alguna vez nos daremos sobre lo que debe permanecer y lo que puede ser cambiado.

Porque las ciudades son organismos vivos, empujados por los cambios de la época y tironeados por aquello que las identifican, las particularizan y marcan su idiosincrasia.

Muchos recordamos esa casa alguna vez denominada Minni-Gulino, de acuerdo al nombre de sus primeros propietarios. O la ubican porque durante años tuvo su localización la ex Clínica Pelegrina.

La mayoría la evocará por sus claras líneas de la arquitectura de la modernidad que abreva en las obras de Frank Lloyd Wright. Volumétrica, escalonada, está en mi memoria desde siempre.

Cuando vivía en la periferia de la ciudad, me traían al pediatra y una casa distinta, transparente, luminosa, de grandes ventanales y muros con piedra me indicaba la cercanía al destino.

Varias décadas después, llamaba mi atención el paso apurado de un hombre delgado, alto y canoso que veía frecuentemente en calle Mitre.

Alguien me dijo que era el arquitecto Alfredo Cesar Bernasconi y supe también que fue el autor de esa obra en la avenida San Martín, en Godoy Cruz, que siempre vimos y desconocíamos quién la había proyectado.

Con su firma en el proyecto y la del ingeniero Ricardo Baccarelli en el cálculo de estructuras, al igual que en la Casa Pécora, junto al puente del ferrocarril en la avenida de Acceso Este y el edificio Neme, en avenida San Martín, entre Rivadavia y Montevideo.

En cinco oportunidades presidió Bernasconi el Consejo Profesional de Ingenieros, Arquitectos, Agrimensores y Geólogos, la institución madre del Colegio de Arquitectos de Mendoza y de las demás instituciones de profesionales técnicos que de ella se desprendieron.

Fue autor de obras caracterizadas por una belleza despojada de hedonismo, forjadas en ese discreto encanto que se origina en la vitalidad del edificio, en la buena calidad de la construcción, en el conocimiento de las técnicas constructivas.

Proyectos concebidos para que los edificios sean generosos con sus moradores y con los transeúntes. Es el material con que se hacen las buenas obras y las ciudades.

Aquello que apenas se ve, cumple su rol en una armonía casi silenciosa y, cada tanto, da lugar a lo llamativo.

Aprovechemos la ocasión para escarbar en nuestra memoria y visualizarla. Son unos minutos.

La buena arquitectura merece ser recordada.

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