Fue por eso que al día siguiente, el martes pasado, el Papa inesperadamente tomó la palabra en el aula sinodal para poner los puntos sobre las íes y explicar las reglas del sínodo. Dijo claramente que el IL era el documento de trabajo oficial y reafirmó que nadie, ni en el sínodo del año pasado ni en éste, estaba poniendo en duda la doctrina católica sobre el matrimonio.
En esa misma intervención, como trascendió un día más tarde, el Papa también pidió a los padres sinodales no caer en “teorías conspirativas”.
Más allá de la ya conocida enorme división en dos temas -los divorciados vueltos a casar, que no pueden acceder a los sacramentos, y los homosexuales presentes en las familias del mundo de hoy-, la salida a la luz de la carta puso de manifiesto un clima de intrigas que los vaticanistas más veteranos cuentan que también existió durante el Concilio Vaticano II.
De hecho, en la conferencia de prensa cotidiana en el Vaticano, el padre Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede, advirtió ayer que había que tomar con pinzas la carta de los 13 cardenales.
“Lo que puedo comentar es que de las tres personas firmantes hay dos que dijeron explícitamente que no firmaron nada similar: el cardenal Scola (arzobispo de Milán) y el cardenal Vingt-Trois (arzobispo de París). Así que tengan cuidado de lo que toman como bueno", advirtió.
Poco más tarde, también negaron haber firmado la carta-desafío al Papa el cardenal húngaro Peter Erdo, relator general del sínodo, y el italiano Mauro Piacenza, penitenciario mayor.
Según el blog de Magister, de los 13 cardenales “rebeldes”, la mayoría son europeos: están los ya mencionados Erdo, Scola, Piacenza y Vingt-Trois; Carlo Caffarra, arzobispo de Bolonia; el holandés Willem J. Eijk, y el alemán Gerhard L. Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Además, están el canadiense Thomas C. Collins, arzobispo de Toronto; Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, y el ya mencionado Pell. Hay dos africanos: Wilfrid Fox Napier, arzobispo de Durban (Sudáfrica), y el guineano Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino. También hay un latinoamericano, el cardenal Jorge Urosa Savino, arzobispo de Caracas.
Según fuentes vaticanistas, la lista de firmantes también incluye a los cardenales Daniel Di Nardo (vicepresidente de la conferencia episcopal de Estados Unidos), al kenyata John Njue, al italiano Elio Sgreccia y al mexicano Norberto Rivera Carrera, arzobispo de Ciudad de México. Estos cuatro nombres misteriosamente no aparecieron en el blog de Magister, pero si se ponen en lugar de los cuatro que desmintieron haber firmado (Scola, Ving-Trois, Piacenza y Erdo), suman el fatídico número 13.
En la epístola, los cardenales criticaron “secciones problemáticas” del IL, que para ellos “no puede servir de manera adecuada como texto guía o fundamento de un documento final”.
“A un determinado número de padres les parece que la nueva metodología está configurada para facilitar unos resultados predeterminados sobre cuestiones importantes que son objeto de controversia”, también denunciaron, acusando virtualmente al Papa de querer manipular la asamblea.
Finalmente, y como el tema “más urgente”, indicaron que “varios padres han expresado su preocupación de que un sínodo planificado para afrontar una cuestión pastoral vital -reforzar la dignidad del matrimonio y la familia- pueda llegar a estar dominado por el problema teológico-doctrinal de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar por civil”.
“Si así fuera, esto inevitablemente levantaría cuestiones aún más fundamentales sobre cómo la Iglesia, en su camino, debería interpretar y aplicar la palabra de Dios, sus doctrinas y sus disciplinas a los cambios en la cultura”, alertaron.
Llamado a no caer en "teorías conspirativas"
La respuesta del Papa a las críticas llegó en la mañana de ayer, un día después de la divulgación de la polémica carta. Fue después de que el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del sínodo, volvió a explicar el funcionamiento de la asamblea. El Papa dejó en claro que el documento de trabajo base era el IL, resultado del informe final del sínodo del año pasado y otras consultas, y destacó la importancia de los círculos menores.
Además, no sólo recordó que no se estaba poniendo en discusión la doctrina tradicional de la Iglesia Católica y pidió no reducir el sínodo a la cuestión de la comunión a los divorciados vueltos a casar, sino que también llamó -en algo que se supo al día siguiente- a no caer en “teorías conspirativas”.
Ahora bien, la salida a la luz de la epístola, menos de una semana más tarde, dejó en claro que hubo quienes no escucharon. Y que los “complots” están a la orden del día, ya que publicar el contenido de esa carta es un claro ataque al Papa.
También habló en representación del Pontífice su vocero Federico Lombardi, quien reiteró ayer que el papa Francisco ya ha respondido a las quejas y que no es inusual que se formulen “observaciones” sobre nuevos procedimientos. “Pero una vez establecidos, los participantes deben comprometerse a ponerlos en práctica del mejor modo posible, lo que está sucediendo”'.
Agregó que el proceso del sínodo se lleva a cabo en un ambiente positivo y que incluso algunos de los supuestos signatarios de la carta son moderadores de sus grupos de discusión, un indicio de que están comprometidos con el proceso.
Experiencia sobre abusos sería útil a la sociedad
Dos expertos de la comisión vaticana contra el abuso sexual de curas a menores de edad, aseguraron ayer que su labor y experiencia adquirida en la asistencia a las víctimas, promovida por el Papa Francisco, podría extenderse a toda la sociedad.
El objetivo de la comisión es llegar “más allá” del ambiente del clero, explicó la psiquiatra infantil francesa Catherine Bonnet. “Todo niño, todo adolescente, puede ir a una iglesia para pedir ayuda, ya sea porque un sacerdote o alguien que trabaja en ella ha abusado de él o porque ha sufrido abusos en su casa “, sostiene la experta.
“Eso no quiere decir que se quiera eludir el problema, para nada”, reconoce la psiquiatra, autora del libro “Los niños amordazados”, sobre la infancia maltratada.
Las declaraciones de Bonnet fueron dadas al término de una reunión en el Vaticano de la Comisión Internacional para la Protección de Menores, convocada por el papa Francisco.
Durante su reciente viaje a Estados Unidos, el Papa recibió a cinco víctimas de abusos sexuales, de las cuales sólo dos cometidos por sacerdotes, lo que generó malestar y críticas entre las asociaciones de defensa.
“Tenemos un trabajo específico dentro de la Iglesia católica. Todo niño que entre en una iglesia debe sentirse seguro y debe poder revelar con seguridad lo que tenga que revelar”, asegura.
Para Bonnet, la decisión del papa de crear una comisión específica ha sido un acto “valiente” y demuestra “la determinación de Francisco”. “Una gran oportunidad formar parte de sus asesores directos”, comentó. AFP