19 de febrero de 2014 - 02:39

Caracas y Washington, relación conflictiva de necesidad mutua

EEUU es el principal cliente del petróleo venezolano. La estatal Pdvsa tiene 6.000 estaciones de servicio en el país del Norte.

La nueva crisis diplomática entre Venezuela y Estados Unidos, al margen de las protestas de la oposición venezolana, revela la tirante relación bilateral en la era chavista, apenas sostenida sobre las mutuas necesidades comerciales, señalaron analistas.

“Hay tremendos problemas políticos en Venezuela y lo más fácil para el gobierno venezolano es sacar la carta antiimperialista-nacionalista”, dice Erick Langer, profesor del Center for Latin American Studies de la Universidad de Georgetown.

Venezuela expulsó el lunes a tres funcionarios consulares de EEUU, a los que acusó de reunirse con estudiantes que impulsan las multitudinarias protestas de las últimas dos semanas y que dejaron un saldo de tres muertos.

“¡Qué se vayan a conspirar a Washington!”, había dicho el domingo el presidente Nicolás Maduro, cuyo gobierno acusa a EEUU de “legitimar un intento de desestabilizar la democracia venezolana”.

Como el fallecido mandatario Hugo Chávez, Maduro usa al “enemigo” del Norte para desviar la atención de la crisis económica y la criminalidad galopante que germinaron las protestas -las mayores desde que llegó al poder hace 10 meses-, según los expertos.

Pese a las tensas relaciones, EEUU sigue siendo el principal cliente del petróleo de Venezuela, un país monoproductor con las mayores reservas mundiales de crudo, al que compra 900.000 barriles en efectivo. La estatal Pdvsa posee a través de su filial Citgo tres refinerías y más de 6.000 estaciones de servicio en el país norteamericano, desde donde, por otra parte, se venden miles de productos a empresas venezolanas.

El origen de los enfrentamientos entre Washington y Caracas se remonta a 2002, cuando un golpe de Estado, con apoyo estadounidense, según Caracas, depuso brevemente a Chávez.

Ante el asombro de todos, Chávez y Obama se dieron la mano en la cumbre de las Américas en abril de 2009, pero un año después el embajador nominado para Venezuela hizo unas declaraciones que irritaron al mandatario venezolano, quien lo rechazó antes siquiera de que llegara a Caracas.

Las tensiones aumentaron y el 5 de marzo, poco antes de anunciar la muerte de Chávez, Maduro ordenó la salida de dos agregados militares estadounidenses, rompiendo los deseos adelantados del Departamento de Estado por un borrón y cuenta nueva. Pese a que hubo intentos de acercamiento, Caracas los dio por terminados en julio tras críticas a Venezuela de la ahora embajadora de Washington ante la ONU, Samantha Power. Y a fines de setiembre, Maduro ordenó la expulsión de otros tres diplomáticos estadounidenses, entre ellos la encargada de negocios, a los que acusó de conspirar con la oposición.

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