No podemos decir otra cosa, disculpen...: ¡qué bobaaaaa es Calu Rivero! Tan, pero tan pavotona que ni siquiera puede distinguir las incoherencias entre su “hacer” y su “decir”.
No podemos decir otra cosa, disculpen...: ¡qué bobaaaaa es Calu Rivero! Tan, pero tan pavotona que ni siquiera puede distinguir las incoherencias entre su “hacer” y su “decir”.
Ya la tenés, ¿no? Es la típica chiquilla del mundito “coolesterol de Capussotto”: DJ, pseudo-actriz, lindona, vestida con marcas top pero dando la impresión de “fue al descuido”, “yo te soy muy simple y natural”, etc.
Entre otros asuntos, Calu se dice vegana (no consume, ni se viste, con ningún producto animal) y una luchadora por la protección animal y del medio ambiente. También está de novia con un chetazo bárbaro: el polista Polito Pieres... O sea.
Pues con ese historial en su haber la morocha hizo una producción de fotos para la revista Gente. Hasta ahí ninguna contradicción: todo es parte de lo mismo. El asunto es que la producción de fotos es con un caballo... ¡todo maquilladísimo para la ocasión! Además, ella también presenta un extraño make up.
La producción la hicieron en un campo de Pilar, donde su novio aprendió a andar a caballo. “Cuando le conté a Polito mi experiencia traumática con los caballos -parece que ella se habrá caído de alguno-, él fue generando un momento de reconciliación. Ensilló al más mansito y me invitó a cabalgar. Hizo todo tan amorosamente que me terminé de amigar”, dijo la chica en la revista, como para justificar el por qué de tales fotos, suponemos.
“Tenemos una relación de novios con Polito donde el ego no está presente. Creo que eso hace que funcionemos tan bien. El amor por los animales también nos conecta”, dice en otro tramo de la nota la mujer que no se pone ni un zapato de cuero, ni como miel de abejas, pero a la que no le tiembla el pulso en hacer que maquillen a un caballo y lo sometan al estrés de un montón de fotos y flashes. Calu: no da.