Por Néstor Sampirisi - Prosecretario de Redacción
Por Néstor Sampirisi - Prosecretario de Redacción
En la noche del domingo Alfredo Cornejo no enfrentó a los militantes, dirigentes y periodistas que colmaban el búnker instalado en el hotel Aconcagua como ganador de las primeras elecciones primarias que se realizan para cargos provinciales.
Tal vez envalentonado por la holgada diferencia que a esa hora tenía con las otras fórmulas que participaron de las PASO habló como si ya hubiese sido electo gobernador de Mendoza.
Una actitud que no sólo enojó mucho al Gobierno y al PJ sino que seguramente tampoco cayó bien a parte de sus propios votantes. Durante su discurso, el ahora confirmado candidato de Cambia Mendoza, puso condiciones al gobernador Francisco Pérez, le reclamó acordar políticas urgentes para la provincia, exigió que el Frente para la Victoria (FpV) reconociera su “contundente” triunfo y aseguró que sus mediciones le daban 7 puntos sobre la suma de las fórmulas oficialistas y que doblaba en votos a la más elegida de estas.
Se equivocó. Los resultados finales, escrutado 95% de las mesas, no hablan de un triunfo “contundente” sino de algo más de 4 puntos de ventaja como fuerza política aunque sí confirman la amplia diferencia (20 puntos) del tándem que comparte con Laura Montero respecto del integrado por Adolfo Bermejo y Diego Martínez Palau, que representará al FpV en las Generales de junio próximo.
También se contradijo, porque durante la campaña electoral no quiso debatir cara a cara con las fórmulas que competían dentro del justicialismo con la excusa de que era una interna en la que él no participaba. Tenía razón entonces, por eso no corresponde que ahora festeje como un triunfo directo sobre ellos y pida que reconozcan la derrota. En todo caso son Guillermo Carmona y Matías Roby quienes deben levantarle la mano a Bermejo.
Cierto es que la victoria del frente que lidera la UCR parece marcar una voluntad de cambio importante en el electorado y que los votos de las tres opciones que compitieron dentro del PJ no pueden sumarse como si fueran a ser capitalizados automáticamente por quienes se quedaron con esa candidatura. También es cierto que, por estos días, Cornejo aparece como el más probable sucesor de Pérez y que se perfila como el candidato con más chances de ser el próximo gobernador de Mendoza.
Pero para eso deberá ganar las elecciones del 21 de junio, derrotando en las urnas a la fórmula del FpV y a la sorprendente nueva tercera fuerza provincial, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) que postula a Noelia Barbeito. Para lograrlo deberá prepararse aún más realizando propuestas concretas para resolver los serios problemas que presentan la gestión del Estado provincial, la economía de Mendoza y las demandas de la población. Sólo así confirmará los votos que logró (44,7%) y, sobre todo, podrá aspirar a seducir a quienes no lo votaron en las PASO.
El intendente de Godoy Cruz no debe confiarse. Muy cerca está la sombra de la “segura” victoria que terminó en derrota de uno de sus mentores políticos, César Biffi, cuando nació el radicalismo K integrando la transversalidad lanzada por el entonces presidente Néstor Kirchner. Todo indicaba que Biffi, apoyado por aquel protokirchnerismo y el radicalismo mendocino, sería quien llegara al sillón de San Martín. Pero a la medianoche de ese domingo de 2007 fue la fórmula del peronismo más tradicional la que festejó de la mano de Celso Jaque.
Una lección que un dirigente político de larga trayectoria y reconocida capacidad no debería olvidar. Calma, Cornejo.