15 de junio de 2015 - 00:00

Barcelona, una meca turística en la que crecen desigualdades

La segunda ciudad española esconde una cara menos amable, con casi 100.000 desempleados y el 30% de su población pobre.

A Ciudad Meridiana no llegan turistas, ni se vislumbra el Mediterráneo. Escondido en una colina se levanta el barrio más pobre de Barcelona, lejos del esplendor de esta ciudad visitada anualmente por 27 millones de personas, cuyas desigualdades explican en parte la llegada de una indignada a la alcaldía.

Admirada por su arquitectura, su dinamismo económico y su escena cultural, este puerto de 1,6 millón de habitantes esconde una cara menos amable, con casi 100.000 desempleados y el 30% de su población en riesgo de pobreza o exclusión social.

“Puede parecer una ciudad que avanza a velocidad de crucero, dinámica y atractiva, pero esta percepción no corresponde con el conflicto social que late en muchos de sus barrios”, afirma el presidente de la asociación de vecinos Luis Rabell. En Ciudad Meridiana la renta media de sus 10.500 habitantes apenas alcanza el 37,5% de la media municipal.

“Ahora la cosa está un poco más calmada pero hace dos años estuvimos muy mal. La gente perdía sus trabajos, sus casas, había problemas de alcohol y drogas entre los jóvenes, inseguridad...”, explica Fernando Velázquez, un hondureño desempleado de 42 años.

La dura crisis que sacudió España se ensañó con los habitantes de este barrio. Los desalojos de personas que no podían pagar su hipoteca o su alquiler eran tan habituales que fue apodado “Villa Desahucio”.

“Durante años se han olvidado de los barrios de la periferia, lo importante era que el centro de la ciudad estuviera bonito para la postal”, lamenta otro vecino, José Buendía, de 47 años.

Frente a sus monstruosos bloques de viviendas construidos improvisadamente en 1960 para acoger la creciente inmigración rural, el centro de la ciudad está repleto de grandes pisos señoriales de altos techos o incluso palacetes en las zonas más altas.

Estas diferencias, ensanchadas durante la crisis, llevaron a la alcaldía a Ada Colau, activista y líder de una plataforma de izquierda radical apoyada por le partido de izquierdas Podemos que venció holgadamente en la periferia obrera.

Con ella, la ciudad a veces rebelde, capital del anarquismo a principios del siglo XX y muy activa en la lucha contra la dictadura de Francisco Franco, quiere convertirse "en la punta de lanza de un cambio democrático en España y el sur de Europa".

Pero Colau no solo venció en la periferia, también en barrios del centro como la Barceloneta, la principal playa de Barcelona, expuesta a una sobresaturación turística que encareció el nivel de vida y generó problemas de convivencia por los ruidos y las borracheras.

Atraídos por la obra modernista de Antoni Gaudí, como el templo de la Sagrada Familia, 27 millones de turistas visitan anualmente esta villa, generando 120.000 empleos y un 12% del PIB municipal.

"El debate no es turismo sí o no, sino cómo lo gestionamos. Ahora tenemos una burbuja que terminará explotando. Tenemos que compatibilizar esta actividad con una ciudad donde se pueda vivir", explica Rabell.

Colau se propone poner coto a este desenfreno con medidas como una moratoria en la apertura de nuevos hoteles.

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