6 de octubre de 2026 - 14:10

En 1990 la Torre de Pisa estaba a punto de caer: 28 millones de euros y 11 años después quedó 44 cm más derecha

Un equipo internacional liderado por Michele Jamiolkowski redujo la inclinación a 3,97 grados tras invertir 28 millones de euros en once años de trabajos.

En enero de 1990, las autoridades clausuraron la Torre de Pisa al público ante el peligro real de un colapso inminente. Tras recibir a 31 millones de visitantes en seis décadas, la estructura de 14.500 toneladas alcanzaba una inclinación superior a 5,5 grados y se desplazaba un milímetro al año sobre su base de arcilla blanda.

Para frenar el movimiento sin poner en riesgo el monumento medieval iniciado en 1173, los ingenieros rechazaron el uso de hormigón o gatos mecánicos. En una primera etapa instalaron cables de acero y 870 toneladas de contrapesos de plomo en la zona norte. Posteriormente, un comité internacional encabezado por el ingeniero Michele Jamiolkowski implementó un sistema de subexcavación fina.

¿Cómo logró la subexcavación enderezar 44 centímetros la Torre de Pisa?

El método implicó la ejecución de perforaciones inclinadas debajo de los cimientos septentrionales para retirar pequeñas porciones de suelo de manera progresiva. Al asentarse el terreno en las cavidades generadas, la zona norte descendió varios milímetros y la edificación comenzó a inclinarse lentamente hacia el lado opuesto durante las maniobras ejecutadas entre 1998 y 2000.

El volumen total de tierra extraída sumó unas 70 toneladas, una cantidad inferior al cargamento de dos camiones articulados e insignificante frente a la masa de la torre, que duplica la estructura metálica de la Torre Eiffel. Con esta operación, la cima del edificio se desplazó 44 centímetros hacia la vertical, fijando la inclinación en 3,97 grados, un parámetro similar al registrado a principios del siglo XIX.

¿Cuánto costó enderezar la Torre de Pisa y qué pasó después de su reapertura?

El proyecto de rescate demandó un presupuesto cercano a los 28 millones de euros y culminó oficialmente el 15 de diciembre de 2001, cuando la torre reabrió sus puertas al turismo tras once años de clausura. Sorprendentemente, los controles posteriores demostraron que el monumento continuó corrigiendo su postura sin intervención humana, ganando otros 4,5 centímetros adicionales de enderezamiento entre 2001 y finales de la década de 2010.

La ingeniería califica la estructura como completamente segura durante al menos doscientos años. No obstante, los expertos descartan que la torre alcance la verticalidad absoluta: durante su construcción medieval, los artesanos intentaron compensar el desbalance agregando más piedra en una cara, dejando una ligera curvatura permanente en el cuerpo de la edificación.

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