Poco importa que las fuentes lo pongan en posiciones de dudoso patriotismo, escasa habilidad administrativa y evidente autoritarismo en los momentos en que ocupó cargos públicos.
Poco importa que las fuentes lo pongan en posiciones de dudoso patriotismo, escasa habilidad administrativa y evidente autoritarismo en los momentos en que ocupó cargos públicos.
Su accionar de gobierno, reducido a una serie inacabable de decretos que versaban sobre las más dispares cuestiones (desde botánica y jardinería, pasando por disposiciones sobre útiles escolares, hasta táctica militar y los horarios de trabajo de los jueces de acuerdo a las estaciones) lograron merced a algunos aciertos, convertirlo ante sus contemporáneos en un “iluminado” conocedor de la civilización europea, y ante el porvenir como un “adelantado a su época”. Lo llamativo del caso es que la “cosmética” de sus disposiciones haya sido suficiente para tapar las desastrosas consecuencias que otras medidas tuvieron ya no solo para Buenos Aires (único lugar de interés para Rivadavia) sino para todo el país.
Baste mencionar algunas de las pésimas decisiones tomadas en materias sensibles, tal la cantidad de árboles que debían plantarse por cuadra; su decisión de suprimir o rebajar derechos aduaneros, siendo secretario del Primer Triunvirato, que desfinanció al gobierno revolucionario. Además, mediante un feroz dumping practicado por sus socios británicos, dislocó por completo las industrias y el circuito productivo y comercial del interior sumiendo a las provincias en una desesperante ruina que ya no se revertiría. Siguiendo con sus disposiciones económicas, por orden suya se negoció el nefasto “Empréstito Baring”, aquel cuyo capital inicial hubo de ser pagado 14 veces hasta ser definitivamente cancelado en 1904. Pero no solo deudas y ruinas económicas surgieron de estos desmanejos: la corrupción de guante blanco campeo entre las gestiones del “ilustrado” Rivadavia. Las comisiones del mencionado empréstito, sus negociados personales con la “River Plate Minning Association”, el desfalco del “Banco de Descuentos” y la masiva concentración de tierras fiscales en manos de algunas familias “amigas” gracias a la Ley de “enfiteusis” son algunas de las muchas muestras documentadas del accionar real del “padre de las luces”.
Las posibilidades de espacio, no impedirán al lector interesado incursionar en las gestiones mencionadas y sacar sus propias conclusiones. Si acaso elige que el árbol siga tapando el bosque o decide talarlo y ver en su plenitud el cuadro general de la historia.