Atraparon al argentino que se convirtió en el mejor falsificador de España
Néstor Aníbal fue detenido en Madrid tras mas de un año de investigación. Además fueron apresados a su hijo y otras diez personas.
Atraparon al argentino que se convirtió en el mejor falsificador de España
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El más perfecto falsificador de documentos de España, así lo llamaban a Néstor Aníbal. Este argentino de 70 años se había ganado su fama a base de talento y perfección. Pero su astucia no pudo con las fuerzas de seguridad españolas y cayó detenido en Madrid luego de cai un año y medio de investigación.
En su trabajo nada estaba librado al azar, su sofisticado laboratorio para la elaboración de tarjetas de residencia, pasaportes de otros países, visados estadounidenses y hasta licencias de conducir apócrifos se mudaba cada cierto tiempo para no levantar sospechas. En esta última oportunidad se ubicaba en un edificio de oficinas de la la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid con la fachada de un negocio dedicado a la impresión.
La "Operación Chacal" comenzó en agosto de 2017, y los investigadores no ocultaron su satisfacción al comunicar que había finalizado con la detención de Aníbal, al que consideraban un verdadero artesano de la falsificación.
El taller contaba con maquinaria profesional, lo que le permitía obtener copias casi auténticas, con muy pocos errores. Casi imposibles de detectar para el personal policial.
El cerebro de las operaciones fue detenido junto a su hijo, un un empleado para el mantenimiento de la maquinaria y otras nueve personas, los intermediarios. Ése era su círculo de confianza, el que se encargaba de gestionar los pedidos, los pagos y las entregas de los documentos.
El argentino llevaba treinta años en España y en su estadía había adoptado otras tres identidades, Juan Carlos, Alfredo y Mateo. Todas falsas, obviamente.
Según las fuentes de investigación, cuando fue detenido, él mismo explicó cómo hacía las falsificaciones y cómo se las había igemiado para crear un sistema de secado de tintas.
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Sobre sus clientes, se pudo conocer que tenía un público variado. Desde bandas de crimen organizado hasta clientes “al por menor”, fundamentalmente marroquíes que solicitaban la documentación para que sus familiares puedan ingresar a España.
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El producto más vendido de su stock era el pasaporte, el cual ofrecía a un precio de entre 5.000 y 6.000 euros (entre USD 5.600 y USD 6.800). En una opción más económica ofrecía permisos y tarjetas de residencia en España, los DNI, visados y permisos de conducir, por los que cobraba entre 800 y 1.500 euros (USD 900 y USD 1700).