8 de abril de 2013 - 22:32

Atemperan las tensiones en Corea los recuerdos de la guerra

Fue la que concluyó en 1953. Los analistas afirman que los líderes norcoreanos no esperan derrotar a EEUU ni arrollar a Corea del Sur.

Si bien hay tensión en la península coreana, una cosa sigue siendo cierta: todas las partes tienen buenas razones para evitar una guerra total. La última allí, hace seis décadas, dejó unos cuatro millones de muertos.

Los líderes norcoreanos saben que ir a la guerra sería suicida. A largo plazo no pueden esperar derrotar a Estados Unidos y arrollar exitosamente a Corea del Sur.

La guerra también sería horrorosa para la otra parte. Los surcoreanos podrían sufrir bajas en cantidades increíbles. Washington vería cómo un importante aliado queda desestabilizado, con ataques de armas nucleares o químicas en sus bases en el frente -algo posible, aunque improbable- y un incremento dramático en las tensiones con China, vecino de Corea del Norte y aliado suyo en la Guerra de Corea.

Hoy existe un precario equilibrio de poder que ha mantenido a la península coreana tan cerca de un conflicto desde que en 1953 concluyó la guerra de tres años, y algunos de los cálculos estratégicos por los que, a pesar de las amenazas bélicas aparentemente temerarias, los líderes de ambos lados de la zona desmilitarizada han evitado cuidadosamente volverse a poner al borde del abismo.

El mar de fuego

Incluso sin armas nucleares, Corea del Norte tiene un as bajo la manga. La mayoría de los expertos creen que son ciertas sus afirmaciones de que posee suficiente poder militar convencional de sus unidades de artillería como para devastar Seúl, la pujante capital surcoreana de 24 millones de habitantes, y sus alrededores. Un ataque así dejaría muchos muertos en un período de tiempo muy breve.

La mayoría de estas baterías de artillería ya están en posición de atacar, ocultas bajo el terreno y camufladas en forma muy efectiva, lo que significa que las fuerzas estadounidenses y surcoreanas no pueden contar con tener la capacidad de poder anularlas antes de que ellos ataquen. Los expertos creen que aproximadamente el 60% de los activos militares de Corea del Norte se encuentran posicionados relativamente cerca de la zona desmilitarizada que separa a ambos países.

Victor Cha y David Kang, expertos sobre Corea del Norte, afirmaron a fines del mes pasado en la página de internet de la revista Foreign Policy que Pyongyang tiene la capacidad de arrojar 500.000 proyectiles de artillería sobre Seúl en la primera hora de un conflicto.

Incluso así, no todo el mundo cree que Corea del Norte podría hacer valer sus amenazas de crear "un mar de fuego". Roger Cavazos, experto en seguridad y ex oficial del ejército estadounidense, escribió en un informe para el Instituto Nautilus el año pasado que, entre otras cosas, las grandes armas de los norcoreanos tienen una elevada tasa de proyectiles lanzados que no explotan.

Ataque preventivos

Esto es lo que ambas partes dicen les preocupa más. Corea del Norte afirma que está desarrollando armas nucleares y misiles de largo alcance como un elemento de disuasión para impedir que Estados Unidos o Corea del Sur la ataquen primero. El razonamiento detrás de esto es que Washington no lanzará un ataque preventivo si Pyongyang tiene una buena oportunidad de arrojar una respuesta inmediata y devastadora.

No se cree que Corea del Norte tenga la capacidad de fabricar un arma nuclear lo suficientemente pequeña como para que quepa en un misil de largo alcance capaz de llegar a Estados Unidos. En cualquier caso, Pyongyang continúa buscando avances tecnológicos, aparentemente por creer que necesita misiles con ojivas atómicas capaces de llegar a Estados Unidos con el fin de tener un elemento creíble de disuasión.

El gobierno estadounidense rechaza la afirmación norcoreana de que es necesario un elemento así, ya que dice que no pretende lanzar ataques preventivos contra Corea del Norte. Sin embargo, Washington ha dejado claro que podría hacerlo.

El dilema de China

Sin el apoyo de China, Corea del Norte no existiría. Los chinos pelearon junto a los norcoreanos en la Guerra de Corea y desde entonces han respaldado a Pyongyang con ayuda económica.

Sin embargo, con el paso del tiempo Beijing ha llegado a sentirse frustrado con el gobierno norcoreano, en especial por su programa nuclear.

Pero China aún tiene razones válidas para no querer que el régimen se derrumbe repentinamente.

Una guerra en la península coreana probablemente desataría un éxodo de civiles norcoreanos a través de su porosa frontera de 1.300 kilómetros (800 millas) de longitud, que a su vez podría llevar a una crisis humanitaria o a una agitación a las que el gobierno chino tendría que hacer frente. La caída de Corea del Norte podría propiciar que Washington establezca bases militares más cercanas al territorio chino, o la creación de una Corea unificada sobre la que Beijing podría tener menos influencia. China, la segunda economía más grande del mundo, también sostiene un comercio significativo con Corea del Sur y Estados Unidos. Una inestabilidad en la península coreana podría afectar las economías de los tres países.

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