Artritis reumatoidea: 40% de los pacientes pierde productividad

Es una patología muy discapacitante. Tres de cada cuatro enfermos son mujeres. El diagnóstico temprano permite frenar el deterioro, pero no suele identificarse a tiempo.

Se estima que 40% de los pacientes con artritis reumatoidea tiene su productividad laboral afectada por esta causa.

No es un dato menor si se tiene en cuenta que es una enfermedad que aparece mayormente en gente joven de entre 20 y 50 años, con un pico  de manifestación a partir de los 40 años.

El dato fue señalado por Enrique Soriano, jefe de la sección de Reumatología del Hospital Italiano de Buenos Aires y vicepresidente de la Sociedad Argentina de Reumatología.

Un artículo publicado por esta última organización expresó que hasta el 70% de los pacientes con esta patología desarrollarán discapacidad laboral luego de 10 años de evolución de la enfermedad, produciéndose el deterioro más significativo durante el primer año luego del diagnóstico, en referencia a las conclusiones de un abordaje realizado por otras tres entidades.

El hecho de que afecte a gente joven requiere comprender la implicancia que tiene la patología en personas plenamente activas.

Emma Civit, presidenta de la Sociedad de Reumatología de Cuyo y jefa del servicio de Reumatología del hospital Del Carmen, explicó que “si la enfermedad no es tratada como se debe presenta períodos de agudización donde prácticamente los pacientes están imposibilitados de moverse por el dolor; no pueden ir a trabajar, a veces los familiares los tienen que cuidar y genera discapacidad, con todo lo que eso implica en costos y en el plano laboral”.

También se sabe que afecta más a las mujeres: en relación de tres cada cuatro pacientes. Así como se desconoce la causa de esta enfermedad autoinmune, tampoco se sabe el porqué de la mayor incidencia en el sexo femenino.

“Se ha supuesto que puede ser por la actividad hormonal pero no hay certezas”, explicó Civit. Y ejemplificó cómo influye la artritis reumatoidea en la cotidianidad de las afectadas: “A veces son mujeres jóvenes que tienen hijos chiquitos que los tienen que llevar a la escuela, se levantan con mucho dolor y no pueden”.

En primera persona

Dos pacientes con la enfermedad desde hace décadas relataron a Los Andes de qué manera les cambió su vida. Las dos presentaron sus primeras manifestaciones desde muy jóvenes y coincidieron en señalar que fue de manera repentina, que la primera expresión las tiró a la cama y como no había método de diagnóstico demoraron mucho tiempo en recibir tratamiento adecuado.

Liliana (44) tenía 18 años y estudiaba medicina cuando la artritis reumatoidea apareció para cambiar rotundamente sus planes.

Terminó dos meses internada sin saber qué le pasaba y casi como un conejillo de Indias -asegura-, ya que era muy poco lo que se conocía de la enfermedad.

El paliativo eran los corticoides que se suministraban “a granel”, por lo que terminó pesando 100 kilos. “Tu propio cuerpo te ataca por dentro y a la vez los médicos lo hacían con la medicación.

Es por eso que es común que aparezcan cuadros de depresión profunda y ataques de pánico que la gente ya no quiere vivir”, mencionó.

Es que la enfermedad tiene altos y bajos, y en los picos directamente “te tira a la cama”. Liliana agregó que se ve cómo el cuerpo ya no responde y cambia, los dedos se deforman, ya no se puede hacer fuerza con las manos y las cosas se caen.

Leticia Hudson (47) tuvo su primera manifestación a los 24 años. Por aquel entonces sus hijos tenían 2 y 4 años y fue para ella una gran frustración no poder ni vestirlos, ya que por ser pequeños necesitaban atención.

Asegura que pudo sobrellevarlo gracias a su mamá, que los atendía todos los días para poder llevarlos al jardín, y el acompañamiento de su esposo. Ha tenido varias operaciones (entre ellas dos de cadera) para recuperar movimiento en algunas partes de su cuerpo: “Me comió el cartílago de las caderas, lo que me llevó a silla de ruedas durante años. Me sentía casi inútil y me deprimí”.

También contó que cuando sus hijos crecieron ellos mismos se encargaban de alimentarla y ayudarla.

Ambas mujeres aseguraron que la enfermedad es imposible de sobrellevar sin la asistencia de otras personas, de las que dependen para subsistir en los momentos de crisis.

Actualmente ninguna de las dos trabaja. Leticia nunca lo hizo pese a tener el título docente que le dio la escuela secundaria, pero asegura que más allá de las dificultades, si lo hubiese intentado no habría superado el examen psicofísico.

Liliana perdió el trabajo que había logrado tener y mantener por diez años cuando la artritis se ensañó con ella y fue despedida. No pudo hacer nada.

Relataron que a la mayoría de los afectados no se les da una jubilación por discapacidad sino una pensión, que es de la mitad del monto.

Actualmente ronda los 3.900 pesos con lo que -aseguran- no pueden vivir dignamente, lo que profundiza su dependencia.

Hoy están abocadas a generar conciencia en la gente en general y en los médicos para que se identifiquen los síntomas y se acuda al especialista.

Lideran el grupo de ayuda para pacientes Artritis en Argentina (sede Mendoza), que brinda además un espacio de contención para los afectados.

Quienes quieran contactarse con ellas pueden hacerlo a los teléfonos 155768172 y 152446745.

Detectar los síntomas

Llegar cuanto antes con el tratamiento determinará la evolución de la enfermedad y hasta qué punto afectará la calidad de vida. Pero el principal obstáculo es la falta de diagnóstico temprano, ya que por tratarse de una enfermedad degenerativa, al no mediar tratamiento avanza.

Esto se debe fundamentalmente a dos variables. Por un lado, las personas sin diagnóstico que manifiestan algunos de los síntomas (dolor, rigidez) lo minimizan: hay que continuar con la rutina y un analgésico encubre el problema. Entre tanto, los daños se profundizan.

Por otra parte, relatos de pacientes y médicos señalan que aún hoy persisten las dificultades para identificarla.

Si bien con un análisis de sangre se puede llegar a un diagnóstico, el problema de base es que muchos médicos clínicos o generalistas a los que el paciente llega en primera instancia no asocian las manifestaciones con la enfermedad, por lo cual no suelen derivar al especialista.

Emma Civit señaló que si bien “no se cura, con los tratamientos actuales, hemos aprendido cómo controlar al paciente con detección precoz, porque si se lo empieza a tratar desde que comienzan los síntomas hasta los 2 años se puede lograr que remita la enfermedad o a largo plazo atenuarla”.

Dijo además que desde la Sociedad de Reumatología están trabajando en concientizar a los médicos.

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