7 de julio de 2013 - 23:28

Arquetipo de espía del siglo XXI

Durante mucho tiempo, un tránsfuga era un espía que se introducía por una puerta trasera en la embajada de un país enemigo llevando en la mano una maleta llena de secretos. Eso era la Guerra Fría. Pero luego llegó Edward Snowden, con su carita de adolescente, y desveló secretos a todo el planeta.

Entonces, ¿tránsfuga, pregonero de advertencias, defensor de derechos humanos? El ex empleado de la CIA buscado por Washington por haber revelado un programa mundial de espionaje por la NSA, escapa a toda clasificación.

“Es uno de esos personajes atípicos de la historia del espionaje”, resume Sébastien Laurent, historiador del espionaje en el Instituto de Estudios Políticos de París. Sólo que podría ser el modelo del “traidor” de los casos de espionaje del siglo XXI.

Infiltración, manipulación, deserción: el exconsultante de la muy poderosa NSA, la agencia estadounidense de seguridad, ha roto con los preceptos seguidos durante medio siglo por los agentes de la primera oficina de la KGB y por los espías de la CIA en cualquier buen caso de espionaje.

Sencillamente, tomó el avión a Hong Kong, estuvo a cara descubierta con periodistas del diario británico The Guardian y sacó una llave USB que contenía sus documentos “top secret”.

“En la época de la Guerra Fría había dos tipos de tránsfugas occidentales, los estadounidenses que desertaban por dinero y los británicos por razones más ideológicas”, explica James Andrew Lewis, exdiplomático estadounidense que pasó por la NSA.

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