Estados Unidos aplaudió la decisión de la Unión Europea de levantar el embargo de armas para la oposición siria, pero se resiste a armar a los rebeldes, entre ellos moderados y yihadistas, ante el temor de embarcarse en una pulseada contra Irán y Rusia, señalaron expertos.
Desde hace meses el presidente Barack Obama está bajo presión de congresistas republicanos e incluso de funcionarios de su gobierno para equipar con armas a la oposición siria, a quien sí le brinda ayuda no letal, mientras persigue un arreglo político en una conferencia internacional que se celebrará en Ginebra en junio.
“En el fondo, Estados Unidos no tiene apetito por una intervención en Siria (...) y no quiere que recrudezca la guerra”, resumió a la AFP el analista del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, Aram Nerguizian.
“El presidente es en última instancia quien debe tomar una decisión respecto a Siria”, dijo el analista, al fustigar la “incoherencia de la política estadounidense sobre la cuestión de armar o no” a los rebeldes, un tema al que se refieren “de manera confusa” la Casa Blanca, el Pentágono y el Departamento de Estado.
El gobierno se excusa alegando que la entrega de armas a los rebeldes conlleva un gran riesgo, como por ejemplo, que ellas caigan en manos equivocadas, como las de los temidos yihadistas del Frente Al Nusra, aliado de Al Qaeda, que también lucha contra el régimen del presidente sirio Bashar al Assad.
El ex embajador estadounidense en Irak Ryan Crocker advirtió esta semana que su país “no conoce suficiente sobre la fragmentada oposición siria como para intervenir o armarla”.