El reiterado intento del Gobierno provincial de ampliar el número de miembros de la Suprema Corte de Justicia es una muy mala propuesta y además, en el peor momento.
El reiterado intento del Gobierno provincial de ampliar el número de miembros de la Suprema Corte de Justicia es una muy mala propuesta y además, en el peor momento.
Mala decisión porque no hay forma de convencer a la inmensa mayoría de la población de que no se trata de un intento del poder político de interferir en la independencia de la Justicia. Cuando esto ocurrió en la Argentina fue para aumentar su influencia en el máximo tribunal.
Una de las condiciones insustituibles para que una democracia funcione es la clara independencia del Poder Judicial, y esto no puede ser solo una norma escrita, que lo es, sino que la dirigencia política tiene que honrarla sistemáticamente para generar credibilidad y confianza.
Lamentablemente los hombres tienden a incrementar y concentrar el poder, invocando siempre el bien común para su justificación. Para prevenir esto, que pasó casi siempre en la historia, la única respuesta posible es la resistencia ciudadana que expresa la exigencia del respeto a las instituciones.
De eso se trata, y en este aspecto los mendocinos, comparativamente con el resto del país, estamos razonablemente orgullosos de ser una de las provincias con mayor institucionalidad.
Esto tiene que ver con la concentración del poder y no solo político sino también en el económico, con consecuencias graves en la vida cotidiana de cada uno de los ciudadanos.
Por otra parte, hoy como nunca la Argentina necesita de acuerdos dirigenciales. Saber que nuestros dirigentes, oficialismo en primer lugar, y oposición acompañando, son capaces de lograr acuerdos que nos ayuden a superar la crisis.
Plantear enfrentamientos sobre tema no cruciales que afectan lo sustancial como es el incremento de los miembros de la Corte, aparece exactamente como contrario a las exigencias que imponen las actuales circunstancias de nuestro país y de nuestra provincia.
Discusiones de este tipo solo aportan desprestigio y aumentan la desconfianza sobre la dirigencia política, todo lo contrario de lo que hoy necesitamos.
Es absolutamente indemostrable que el aumento de los miembros de la Corte traiga ningún beneficio a la celeridad de los innumerables pleitos que hoy transitan tribunales. Si es demostrable que es una medida totalmente controvertida porque toca uno de los pilares de nuestra convivencia en paz, la separación de poderes entre el Ejecutivo y el Judicial.
¿Por qué generar la sospecha sobre algo que nuestra democracia mendocina, con sus muchas fallas, ha hecho bien, como es tener una Corte capaz de decir que no al poder de turno?
Si queremos reformar, profundicemos esta independencia. Hagamos que para nombrar ministros de la Suprema Corte sea necesario el voto de dos tercios de los senadores y no solo de la mitad como es ahora, tal como lo propuso el diputado Jorge Tanus.
Reformemos entonces para mejorar, para tener una sociedad más justa, más digna.