Con su estructura de producción distribuida en distintos puntos de General Alvear, Alberto García Carbajo confía que este año puede superar la performance de la última temporada que, a priori, se presumía mejor de lo que terminó siendo.
Con su estructura de producción distribuida en distintos puntos de General Alvear, Alberto García Carbajo confía que este año puede superar la performance de la última temporada que, a priori, se presumía mejor de lo que terminó siendo.
Desde su base de operaciones en la finca familiar situada en el paraje Los Compartos, unos 10 kilómetros al noreste de la ciudad de General Alvear, el apicultor sureño explica, en diálogo con Fincas, los detalles del inicio de un nuevo ciclo, que ha presentado algunas sorpresas.
-¿Cómo arrancó en su zona la temporada apícola?
-Pinta muy bien. Hubo mucha lluvia, cayeron alrededor de 400 milímetros hasta fines del otoño y eso se tradujo en una buena floración de los yuyos de invierno. Para la zona es atípico porque acá llueven 300 milímetros anuales. Así es que las colmenas invernaron bien y llegaron a la floración de los montes frutales bastante avanzadas en cría y explotaron.
-¿En qué medida incide el hecho que hayamos tenido un invierno benigno?
-Es cierto, fue un invierno muy “light” y la abeja comió mucha miel. Hubo que salir a alimentar. Las abejas empezaron a salir y suponemos que tuvieron que andar bastante para buscar agua y eso hizo que comieran más miel que otros años.
Nos ha pasado a todos acá. Nosotros, normalmente, incentivamos para que las reinas comiencen a poner un poco antes y poder lograr primicias en la producción de material vivo pero en la última parte del invierno las tuvimos que alimentar.
-¿Hay buena floración en los montes frutales?
-Sí, y también en este caso se ha dado algo atípico este año, porque floreció todo junto prácticamente. Normalmente, empiezan los damascos, siguen los durazneros, después las ciruelas, los membrillos y la pera Williams pero este año floreció todo a la vez. Inclusive el tamarindo lo hizo al mismo tiempo.
Entonces nos encontramos con colmenas que están bloqueadas de polen y de néctar, lo que también nos llama mucho la atención. Las colmenas tienen un desarrollo muy fuerte.
-Ese volumen importante de polen que ha estado entrando ahora, ¿se pudo aprovechar?
-Este año puse tramperos de polen, los cuales van en la piquera para que, al pasar la abeja para ingresar a la colmena, se despoje del polen que lleva en sus patas. Ha sido un año muy productivo, estoy teniendo una buena cosecha de polen, que se recolecta cada 3 o 4 días. Se comercializa en dietéticas de Mendoza y de La Pampa. Estamos vendiendo, aunque no es el mejor precio, a 150 pesos el kilo.
-¿En qué afecta el hecho de que se haya concentrado la floración de los frutales?
-Esto hace que tengamos colmenas muy ricas en la arrancada. Pero vamos a tener un lapso mayor al habitual entre la floración de frutales y la de los yuyos del oasis irrigado, durante el cual no vamos a tener flores y como esa concentración de floración de los frutales ha favorecido el desarrollo de la colmena, hay muchas abejas comiendo y hay que ver si la miel producida hasta ahora va a alcanzar para que se alimenten.
-¿Este es un factor de incertidumbre?
-Sí, es un factor de incertidumbre, ya que la tirada va a ser larga hasta mediados de noviembre, cuando tienen que empezar a florecer los yuyos de verano propios de la zona de regadío como el pájaro bobo, el melilotus, el retortuño, la mostacilla y algún cultivo como la alfalfa, de donde saldrá la miel que vamos a cosechar desde fines de noviembre y hasta marzo más o menos.
-¿La flora del secano puede ayudar?
-El apicultor que tenga colmenas cerca del secano no va a tener problemas, excepto que haya un desajuste con el clima. Porque el campo sí está muy fuerte. Pero a aquel productor que esté lejos del campo se le va a complicar, va a tener que meterle algo de azúcar. Yo, cuando termine en la finca, voy a llevar las colmenas al campo. Lo que pasa es que la trashumancia no está muy incorporada en la idiosincrasia del apicultor de la zona.
-El campo suele dar una primera cosecha de miel, ¿verdad?
-En la zona tenemos dos mieladas. Antes de la que va desde fines de noviembre hasta marzo, que es propia del oasis, tenemos la del secano, que empieza a mediados de octubre y finaliza en la primera quincena de diciembre más o menos.
Esa miel sale de especies como el romerillo alpataco, algarrobo, piquillín. Pero hace cuatro años que fracasa por zonda, lluvia o vientos sostenidos del Sur, que corren la flor. De todos modos, pinta un buen año apícola para el Sur de la provincia.
-¿Es un año para pensar en crecer en número de colmenas?
-El año se presta para eso, porque bien muy fuerte. Tengo 400 y quiero hacer unas 150 o 200 más. Tuve la intención de hacerlo el año pasado (si bien fue bastante bueno), pero hubo un problema técnico en el manejo de las celdas, pero este año lo pudimos resolver.
-¿Tiene previsto producir material vivo este año?
-Sólo el que voy a necesitar para mí, no para vender. No he tenido pedidos. Excepto que, en estos días, estuve vendiendo algunas abejas para un criadero de la provincia que produce reinas. Son el sostén para que pueda desarrollarse la abeja virgen.
Todos los criaderos están vendiendo bien, porque hay expectativas favorables por el precio que tiene la miel y con posibilidades que mejore.
-¿A cuánto está cotizando la miel a granel en este momento?
-Entre 27 y 30 pesos el kilo, con expectativas de llegar a 40 pesos el kilo a fin de temporada (hacia fines de enero-principios de febrero). El año pasado vendí a 22, y algunos tambores llegué a venderlos a 25 pesos. La posibilidad de que aumente el precio estaría dada porque la demanda internacional no está satisfecha.