Aunque la tasa de asesinatos viene a la baja en México, los suburbios de la capital viven un estallido de violencia con criminales que arrojan cadáveres en las cunetas, secuestran personas a plena luz del día y exigen pagos por "protección".
Aunque la tasa de asesinatos viene a la baja en México, los suburbios de la capital viven un estallido de violencia con criminales que arrojan cadáveres en las cunetas, secuestran personas a plena luz del día y exigen pagos por "protección".
El repunte de violencia en el estado de México, que enmarca a la capital mexicana como una herradura, ha venido a desafiar la promesa del presidente Enrique Peña Nieto de reducir el número de asesinatos, secuestros y extorsiones que gangrenan al país.
El gobernador del estado, Eruviel Ávila, describió la ola de crímenes como un "fenómeno atípico, temporal", producido por las violentas pandillas que van siendo desmanteladas por el combate policial.
Otros funcionarios estiman que el problema podría estar relacionado con el llamado "efecto cucaracha", que se produce cuando los miembros de un cártel que ha sido duramente golpeado en un sitio buscan refugio en zonas aledañas.