El Presidente Macri y el ministro Dujovne anunciaron esta semana una serie de medidas destinadas a resolver problemas fiscales con el objeto de recuperar la credibilidad del mercado y ponerle un freno a la volatilidad del dólar, que ha causado tanta intranquilidad en los últimos días.
Las autoridades debieron soportar una corrida cambiaria en base a los estudios de algunos bancos de inversión que veían una situación de posible default ya que creían imposible que Argentina consiguiera los recursos para financiar el déficit de 2019 (aunque solo fuera el 1,3% del PBI) ni para pagar los vencimientos que operan en ese año.
Ante ese miedo, muchos fondos de inversión comenzaron a vender sus tenencias de bonos soberanos y acciones de empresas, generando una caída brusca de los títulos públicos, lo que llevó a crecer el riesgo país hasta 800 puntos básicos. Igualmente, la pérdida de valor de las acciones, tanto en Argentina como en Estado Unidos, fue realmente importante, generando una caída del valor de las empresas argentinas.
El gobierno había hecho un anuncio fallido de un posible acuerdo con el FMI, pero hizo el anuncio antes de negociar y eso causó mucho mal humor en los mercados, y se le imputó el error de jugar la figura presidencial al área dela Jefatura de Gabinete, cuyos hombres estuvieron y siguen cuestionados.
Para pedir un anticipo a las autoridades del FMI de los desembolsos de 2020, 2021 y 2022 para 2019, debían ofrecer a cambio modificaciones en las metas a cumplir. Así el gobierno se lanzó a conseguir déficit cero en 2019, lo que implica sancionar un Presupuesto con equilibrio primario y no necesitar nuevas emisiones de deuda.
El objetivo es ambicioso, pero inevitable. El presidente Macri reconoció en que se confiaron con el ritmo gradualista, pero la realidad de los cambios de escenarios les mostraron que habían pecado de optimismo. En otras palabras, no hicieron el ajuste necesario y se los terminó haciendo el mercado.
El problema del método
Para resolver el desafío el gobierno recurrió a imponer retenciones a las exportaciones, aunque esta vez no se salvó nadie. No solo se les aplicaron a los granos sino a la totalidad de las exportaciones, incluida la minería. La novedad que esta vez se gravaron las exportaciones de servicios, que, en general, no pagan en ningún país. En este caso, es posible que resulte inocuo porque las grandes empresas de servicios virtuales comenzaran facturar en otras sedes y en lugar de recaudar impuestos se perderán recursos.
No obstante, como prenda de igualdad, Macri anunció una reducción de ministerios, bajando la plantilla de 19 a 10, aunque la sorpresa vino cuando se supo que casi nadie renunció (solo Mario Quintana) y todo el resto se mantuvieron en sus posiciones. Fue solo un cambio de maquillaje donde claramente no hubo ninguna reducción del gasto. Solo se ha planteado una reducción del 50% en la obra pública y transferencias de gastos a las provincias.
Lo cierto es que la base del objetivo son los impuestos a las exportaciones, complementado con otras decisiones que hoy se negocian con los gobernadores, consistentes en que las provincias se hagan cargo de las tarifas sociales a la energía y de los subsidios al transporte. También los mandatarios provinciales pidieron que se eximan de la reducción de Ingresos Brutos a la intermediación financiera, así como avanzar sobre sectores exceptuados de Ganancias, como jueces y funcionarios judiciales, Tribunales de Cuentas y Fiscalías de Estado.
Hoy se discute el método utilizado, como es el de aumentar ingresos por la vía de mayores impuestos y muy poca reducción de gastos. Y la única es la disminución de inversión en obras públicas, que era la fuente de creación de puestos de trabajo genuinos. No obstante, el gobierno apuesta que se podrá compensar con el sistema PPP, pero hasta ahora eso genera dudas.
Los mercados siguen desconfiando porque estiman que la falta de convicción en la reducción del gasto público es el corazón de las reformas estructurales que se les viene pidiendo a los políticos. Por eso es que la aprobación de Presupuesto 2019 deberá hacerse con el acuerdo de todos los gobernadores, porque sería un compromiso que asegure que, a largo plazo, la Argentina es confiable.
Posibles caminos
El martes pasado, el presidente Macri habló telefónicamente con su par estadounidense, Donald Trump. El resultado, altamente provechoso, quedó plasmado en un comunicado de la Casa Blanca, donde se consignaba el apoyo del mandatario de EE.UU. a la Argentina y su aprobación de la gestión que estaba llevando adelante el argentino.
Este gesto ha sido quizás más importante que el paquete de medidas anunciadas, ya que los inversores valoran mucho este tipo de publicaciones. El lenguaje gestual tiene mucho valor, tanto en lo positivo como en lo negativo y eso ha posibilitado mayor tranquilidad.
Por otra parte, el mercado parece haber encontrado en los $ 40 un techo para el precio del dólar. Todos consideran que es caro y entienden la necesidad de estabilizar los mercados para que todas las fichas comiencen a acomodarse. Los exportadores, por más que no les gustan los nuevos derechos, reconocen que hoy el tipo de cambio les genera una ventaja, aunque persiste la preocupación por el arrastre inflacionario, por una parte, y la posible evolución de los salarios, por la otra.
A pesar que muchos gremios han pactado ajustes con cláusulas gatillo, el ritmo de la devaluación asustó por su magnitud. Incluso en los acuerdos políticos se le está pidiendo al gobierno revisar los contratos dolarizados, como los que ajustan tarifas de energía combustibles, ya que serían una causa de alimentación de las expectativas inflacionarias.
Queda ahora terminar dos tareas pendientes muy esperadas por el mercado. Una es terminar el acuerdo con el FMI y conocer los términos del mismo, para saber cuáles serán las exigencias del organismo. La otra tarea, no menos importante, es la de aprobar el Presupuesto 2019, que deberá salir con el consenso mayoritario de todos los gobernadores, más allá de que su tratamiento será en el Congreso. No obstante, el consenso previo será una importante señal política no solo para los legisladores y la ciudadanía, sino para los mercados. Es que el año próximo hay elecciones y ellos quieren cobrar, ya sea con el actual oficialismo o con una oposición seria.
Pero no hay que confundirse. Si solucionamos el problema del financiamiento, solo hemos resuelto la coyuntura. Después hay que encarar seriamente un proceso de reformas estructurales que permitan bajar impuestos y mejorar la competitividad de la economía para encarar un proceso de crecimiento constante.