Ruralidad: mujeres que rompen con los estereotipos en el campo
Accedieron a capacitaciones en maquinaria agrícola en el INTA, ampliaron sus oportunidades laborales y desafiaron roles históricos. Aquí sus historias rurales.
Soledad Paez quiere seguir aprendiendo y tiene el sueño de tener su propia empresa.
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La vida de Soledad siempre estuvo ligada con las tareas agrícolas familiares,
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Tania muestra orgullo el certificado que obtuvo del curso de tractoristas lanzado por el INTA
Muchas mujeres que hoy se dedican a trabajar la tierra, tienen un lazo inquebrantable con la infancia, porque así crecieron, sentadas a la sombra de un árbol viendo a sus padres cosechar, abrir zanjas, arar la tierra. En ese paisaje conocido, ahora pisan fuerte y se meten a codazos en terrenos típicos del hombre como conducir maquinarias agrícolas. Algunas tienen carnet profesional para manejar tractores y otras máquinas para mejorar la siembra, acrecentar la cosecha y hacer frente a las adversidades del clima.
“Las mujeres estuvieron siempre participando en roles más invisibilizados, aportando desde un lugar como garantizar el trabajo y de lo que hay que sostener en la producción, en temas más bien de cuidado. Por eso esta participación en el curso de tractoristas es importante porque se abren a roles que han sido tradicionalmente de varones. Ellos son los que usan la maquinaria, y hoy con este curso se permite que puedan acceder a un salario, a una identidad y a oportunidades, por eso es importante que se animen a estas instancias y también es fundamental el rol del Estado para promover oportunidades a las mujeres”, señaló Mariana Díaz Valentín, jefa de la Agencia de Extensión Rural INTA Lavalle.
Una situación importante que describió la especialista, fue que muchas mujeres no están reconocidas con remuneración, porque se considera su tarea “como una ayuda al varón que hace el trabajo productivo, entonces el no tener un salario pierde un montón de oportunidades de obtener créditos, titularidad de bienes, entre otras cosas. En cambio, el tener acceso a manejar maquinarias gracias a estos cursos también permite una remuneración y reconocimiento de ese trabajo que ayuda a acceder a un mejor trabajo y formación”.
Honrar nuestras raíces
Soledad Paez, fue una de las participantes del curso operario especializado en mecanización vitivinícola lanzado por el INTA y comentó que siempre su objetivo fue abrirse nuevos caminos y sumar habilidades. “Mi historia con el agro es un poco particular. Mi familia siempre ha trabajado en el campo para otras personas, no tenemos un viñedo ni campo propio. Sin embargo, fue a través de esos trabajos donde nació mi conexión con ese mundo, en especial con la vitivinicultura. Todo empezó cuando acompañaba a mi papá, que se dedicaba a la arada a caballo. Yo empecé a trabajar con él, aprendiendo ese oficio tan tradicional. Ahí fue donde realmente descubrí mi pasión por el agro y por la producción del vino”, cuenta la joven de Perdriel, Luján de Cuyo.
De esa experiencia con la arada a caballo, pasó a crear una mini empresa de servicios que nació con pasión y que fue su proyecto personal de elaboración de vinos artesanales llamado "Cepas de Ilusión". “Ese fue el punto de partida que me impulsó a estudiar enología, y formarme en la industria de los alimentos, hacer cursos como el de tractorista y maquinarias agrícolas entre otros”, cuenta la emprendedora y agrega que la idea es seguir creciendo en este camino innovando, aplicando nuevas prácticas. “También sentí la necesidad de mirar hacia adelante y abrazar lo nuevo. Aprender a manejar un tractor fue como tender un puente entre el pasado y el futuro, combinando la herencia de la arada a caballo con las herramientas de hoy. No se trataba solo de conseguir trabajo, sino de honrar nuestras raíces en lo personal”.
Para la joven, hacer el curso de tractorista y maquinarias es abrirse a nuevos rumbos, “ya sea para conseguir trabajo o para mejorar nuestro propio trabajo y abrir otro proyecto, que quien sabe podría ser una empresita de servicios de tractores en un futuro”.
Pero no solamente se trata de producción, sino que detrás de sus objetivos lo que más le gusta y la conmueve del agro es esa mezcla de identidad y pertenencia. “Es sentir que cada viña tiene su voz, cada racimo su historia, y que nosotras, las mujeres del campo, estamos sumando nuestra propia voz. Es un orgullo poder decir que estamos aquí, continuando tradiciones, y también vivir en Luján de Cuyo me ha enseñado que el campo es un lugar donde las mujeres también podemos florecer”, afirma,
También advierte que el campo se abre a las mujeres cuando se abren las oportunidades y se reconoce el trabajo sin prejuicios. “Hoy estamos demostrando que podemos hacer las mismas tareas, aprender, capacitarnos y aportar una mirada propia. Que se nos incluya en capacitaciones, como este curso de tractorista es fundamental, porque nos da herramientas reales para crecer”.
Además. subrayó que el agro necesita de las mujeres, de su compromiso, de su sensibilidad y de su fuerza, y “de a poco eso se está empezando a valorarse si bien todavía existen algunos prejuicios. Creo que las mujeres hemos demostrado que también le damos otras miradas y otro enfoque quizás con más detalle y eso hace que hoy en día no sea tanta la brecha si es solo un trabajo para hombre o para mujeres”.
soledad tres
La vida de Soledad siempre estuvo ligada con las tareas agrícolas familiares,
El trato de igual a igual
Tania Toledo, vecina de Godoy Cruz, también participó del curso de operarias tractoristas organizado por el INTA. Para ella, la experiencia significó una oportunidad real para insertarse en el sector. "Me encantaría trabajar en este rubro. Me gusta el campo, la tranquilidad, la forma de trabajo y también la parte automotriz", contó.
Durante la capacitación, destacó la importancia del mantenimiento de la maquinaria. "Para un buen trabajo de la tierra, el tractor debe estar en condiciones. Aprendimos a hacer mantenimiento preventivo y a calibrar la maquinaria. Eso me gustó mucho", explicó.
Uno de los aspectos que más valoró fue el trato recibido. "Nos trataron de igual a igual. Me pone contenta ver a otras mujeres haciendo este tipo de trabajos, donde no es tan común vernos", afirmó.
Formada en una escuela técnica de mecánica en Godoy Cruz, Toledo señaló su interés por la maquinaria agrícola, los drones de cosecha y la posibilidad de seguir capacitándose. "Son bichitos interesantes", dijo con entusiasmo.
Atracción por las máquinas
María Peña tiene 20 años y comenzó a trabajar a los 18. Siempre le llamó la atención el mundo de los tractores y las máquinas agrícolas, y cuando le ofrecieron hacer el curso del INTA no dudó en aceptar. "Antes de que me hablaran del curso, ya sabía que me gustaban los tractores. Quería aprender", relató.
Al principio estaba nerviosa, especialmente porque le dijeron que sería la única mujer, pero se adaptó rápidamente. "Aprendí mucho. Me enseñaron a manejarlos y yo ni siquiera sabía manejar un auto", contó. Hoy se siente orgullosa de lo logrado y con ganas de seguir avanzando. "Quiero aprender a manejar cosechadoras, aplicar productos, hacer desmalezado. Me gusta trabajar en el tractor y en las máquinas", afirmó.
Peña alentó a otras mujeres a animarse. "No es difícil aprender. No es complicado. Lo importante es confiar en una misma y dar el paso", concluyó.
Al lado de los viñedos
Alejandra Martínez vive en Ugarteche y también destacó el nivel del curso del INTA. "Aprendí mucho y me gustaría seguir incursionando en este tema", señaló. Reconoció que aún existe cierta desconfianza hacia las mujeres tractoristas, aunque aseguró que la situación está cambiando.
Su vínculo con el agro viene desde la infancia. "Gran parte de mi familia trabaja en el sector desde muy chicos. Pasaron la mayor parte de sus vidas en la viña. Nos llevaban a sentarnos bajo un árbol mientras trabajaban y, con el tiempo, la curiosidad nos llevó a querer ayudar y aprender", recordó. "Haber hecho el curso es un paso más para seguir creciendo", concluyó.