20 de junio de 2026 - 21:14

Mónica Mirábile: "La innovación no siempre significa incorporar una tecnología novedosa"

La directora de la fábrica experimental de la UNCuyo explica cómo la producción, la innovación y la capacitación fortalecen el desarrollo de la agroindustria.

Líneas de envasado, una almazara de aceite, una bodega experimental de vino y espumantes, una planta de tratamiento de efluentes, Mónica Mirábile habla apasionadamente de este ecosistema sostenible en Chacras de Coria. Un espacio donde la innovación encuentra una expresión concreta.

La directora de la fábrica experimental de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo cuenta como la universidad articula con el sector privado investigación y capacitación para impulsar el agregado de valor y la competitividad de la agroindustria local.

—Cuando se habla de una fábrica universitaria, muchos piensan en un espacio académico. Sin embargo, ¿qué lugar ocupa hoy este complejo productivo de Mendoza?

—La fábrica de conservas es parte de un ecosistema productivo mucho más amplio que tiene la Faculta. Además de esta planta, contamos con una almazara para la elaboración de aceite de oliva, una bodega con fábrica de espumantes y una planta de tratamiento de efluentes. Todo funciona de forma integrada y bajo un modelo de economía circular.

Nuestro principal aporte es demostrar que la universidad también puede producir a escala real, con eficiencia técnica, calidad y sustentabilidad. No somos solamente un aula donde se transmiten conocimientos teóricos; somos un espacio donde el conocimiento se pone en práctica todos los días.

Trabajamos en permanente articulación con productores, emprendedores y distintos actores del medio. Les mostramos cómo gestionar procesos productivos, cómo agregar valor y cómo transformar una idea en un producto concreto. Esa interacción también nos permite conocer las necesidades reales del sector y responder a sus demandas.

Al mismo tiempo, la planta cumple una función formativa fundamental. Porque aquí realizan prácticas estudiantes universitarios, becarios y alumnos de escuelas secundarias. Participan activamente de los procesos productivos y adquieren hábitos de trabajo que difícilmente podrían aprender únicamente en un aula. Tal vez no contemos con un plantel fijo como una empresa privada, pero justamente esa es la esencia de una universidad: formar profesionales a través de experiencias reales.

—La provincia tiene una larga tradición en agregar valor a sus materia prima. ¿Dónde están hoy las mayores oportunidades para la industria de alimentos?

—Creo que las mayores oportunidades están en cada uno de los eslabones de la cadena productiva. El verdadero agregado de valor pasa por generar un diferencial que permita distinguir un producto de otro.

A diario recibimos numerosas consultas de productores y emprendedores. Nuestro trabajo no se limita al asesoramiento técnico o legal para que puedan formalizar sus proyectos; también implica acompañarlos durante todo ese proceso, brindarles información y ayudarlos a construir una identidad para sus productos.

Lo más gratificante es ver cómo un productor deja de vender solo materia prima y la transformarla en un alimento con valor agregado. Que pueda traer sus aceitunas y llevarse su aceite; o convertir su producción en una conserva, una salsa picante u otro alimento elaborado. Cuando ese esfuerzo termina reflejado en una etiqueta con identidad, nace un diferencial que va más allá del producto: una historia.

Tratamos de transmitir ese amor por el detalle, por la calidad y por construir productos con identidad. Ese es el valor agregado más importante.

—La innovación suele asociarse a grandes empresas. ¿Qué tipo de desarrollos tecnológicos puede generar una planta universitaria y luego impactar en el sector privado?

—Hoy se habla mucho de innovación, pero desde la universidad entendemos que solo tiene sentido cuando responde a una necesidad concreta del sector productivo. La investigación, por sí sola, difícilmente pueda detectar las demandas reales del mercado. Por eso buscamos trabajar siempre a partir de problemas o necesidades que nos plantean las empresas y los productores.

A lo largo de los años hemos acompañado a distintas empresas en el desarrollo de nuevos productos. Hemos trabajado, por ejemplo, en mermeladas, néctares y otros alimentos que fueron líneas comerciales.

Pero el aporte más importante quizás no sea desarrollar un producto nuevo, sino contagiar una cultura del trabajo bien hecho. Queremos que los estudiantes disfruten lo que hacen, que se animen a emprender, a asumir riesgos y a entender que la innovación también puede surgir de pequeños cambios en la gestión, en los procesos o en la forma de trabajar en equipo.

La innovación no siempre significa incorporar una tecnología revolucionaria; muchas veces consiste en encontrar una manera diferente de hacer las cosas más eficientes, articulando siempre la universidad y el sector productivo.

—¿Mencionas la posibilidad de elaborar para terceros. ¿Existe interés del sector privado por trabajar con una estructura universitaria?

—Sí, y cada vez más. La universidad ofrece un sello de calidad, de transparencia y de confianza que el sector privado valora.

Trabajamos elaborando productos para terceros bajo la modalidad de fasón. Es decir, las empresas o emprendedores pueden desarrollar su propia marca utilizando nuestra infraestructura y sosteniendo su identidad.

Hemos elaborado conservas, salsas picantes, aceites de oliva y otros productos respetando las recetas y características que cada emprendedor había desarrollado previamente. También trabajamos con bodegas y enólogos que elaboran sus propios vinos dentro de la facultad.

Nos involucramos con cada desarrollo como si fuera propio, porque entendemos que el crecimiento de esos proyectos también es parte de nuestra misión.

MONICA MIRABILE 2

"Me gustaría que la fábrica siga siendo un lugar donde las futuras generaciones entren con la predisposición y ganas de aprender, pero con un gran compromiso con la agroindustria.", sostiene Mirábile.

La fábrica soñada

Respecto a nuevos productos, creo que tenemos una deuda pendiente: desarrollar la línea de deshidratados, con un objetivo claro, combatir el desperdicio de alimentos. No se trata de un producto más, sino de aprovechar el excedente de temporada y generar formas de conservación.

Me gustaría que este siga siendo un lugar donde las futuras generaciones entren con la predisposición y ganas de aprender, pero con un gran compromiso con la agroindustria.

También me encantaría que la universidad sea un ámbito de vanguardia tecnológica y de referencia, pero que conserve su espíritu noble. Considero clave evaluar la cadena de valor y aportar un diferencial para ser más competitivos a futuro.

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