“El viento zonda no genera incendios, el viento zonda hace florecer negligentes”, dicen. En esa simple máxima puede resumirse una condición sine qua non para la aparición y sobre todo, propagación de incendios, en su gran mayoría a causa de la mano del hombre, ya sea por descuido o intención; y el resto por factores climáticos que cada año consumen miles de hectáreas de fincas y monte nativo en la provincia.
Con una superficie superior a los 14.8 millones de hectáreas de territorio mendocino, de las cuales 14 millones se componen de monte nativo en vastas extensiones inhabitadas, no es extraño que cada temporada surjan focos que consumen miles o incluso decenas de miles, en pocos días.
Si bien el clima no alcanzó valores extremos de manera continuada y las lluvias permitieron cierto descanso en las últimas dos temporadas (El último incendio “grande” que consumió poco más de 50 mil hectáreas data de 2023, en la zona de La Travesía, al sur de General Alvear, casi al límite con La Pampa) la presencia de focos ígneos es una constante y son combatidos por los brigadistas del Plan Provincial de Manejo del Fuego en coordinación con otros cuerpos como municipios o bomberos, según la localización y eventual cercanía de zonas pobladas.
Muchos no son de gran extensión, pero como remarca el titular del PPMF, Diego Martí, “uno solo te puede modificar la estadística de la temporada”. Asimismo, expone, la normalización de la superficie afectada también se liga estrechamente con la difusión de los casos. “En Córdoba, cuando hablamos de 3000 hectáreas quemadas, es una noticia nacional”. Claro que allí la geografía es muy diferente y “en Mendoza tenemos un terreno mucho más frágil desde el punto de vista ambiental, que demora mucho más en recuperar la flora nativa” explicó Martí. Por el mismo motivo, “casi todos los incendios que se producen en Mendoza están en condiciones de comportamiento extremo, por el desarrollo de temperatura y de energía liberada, que muchas veces daña los bancos de semillas disponibles en el suelo” especificó.
En este contexto, hoy el PPMF dispone de una dotación permanente de 34 brigadistas durante el invierno y ese número se duplica en la temporada de verano, distribuidos actualmente en las bases de Monte Comán (San Rafael), General Alvear y Mendoza. En breve se sumará también la de La Paz, que si bien ya está operativa, aún resta que la empresa entregue la obra y se realice la apertura formal del espacio, y a la que también habrá que sumarle personal, comentó el director.
Luego se prevé la instalación de otro complejo en Ñacuñán y el traslado de la base de Monte Comán a un espacio propio, donde también funcionará el centro de capacitación para los brigadistas. En ambos casos, se prevé su apertura para junio o julio de este año. Originalmente se pretendía inaugurarlas en 2024, pero las fluctuaciones del dólar complicaron la operación, puesto que los fondos fueron aportados mediante un crédito que otorgó el Banco Mundial, y durante algunos meses se interrumpió el flujo de capital.
Planteado esto, las líneas de trabajo podrían definirse claramente en dos: la prevención y combate en zona de campo propiamente dicho, y los incendios de fincas y en zonas cercanas a las áreas urbanas, aunque en ambos casos, la “temporada” inicia en noviembre y se extiende hasta fines de marzo o principios de abril. De cara al año en curso, Martí reveló que “el pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico Nacional nos habla de una condición de temperatura en el rango de las normales para la temporada, y el rango de precipitación estaría dentro del promedio”, aunque ello no implique necesariamente un estado de tranquilidad, ya que “en el anterior, las precipitaciones se cortaron y dieron por debajo, y las temperaturas por encima del promedio habitual. Nosotros elaboramos un índice meteorológico de peligro de incendios y por estos días, ya hay estaciones que empiezan a dar extremo otra vez”.
Sobre la metodología de trabajo, comentó que “cuando no hay factores naturales, como tormentas eléctricas, trasladamos la atención a zonas turísticas, que es donde por causa de la mano del hombre solemos tener fuego”.
En esos casos, los niveles de inconsciencia son una constante. “Hemos apagado fuegos que habían encendido para hacer un asado al lado de una cortadera, y la cortadera se estaba empezando a prender. La gente no usa el sentido común, entonces lamentablemente tuvimos que hacer valer lo que dice la ley, que directamente prohíbe hacer fuego en cercanías de la vegetación autóctona, solamente en lugares habilitados y punto” enfatizó.
Ya en zonas rurales o de campo, la tarea se vuelve más compleja. “Durante la temporada 2023-2024, tuvimos prevalencia del fenómeno del niño en verano. Eso causó lluvias atípicas para Mendoza, lo que favoreció el incremento de la masa de combustible, sobre todo el combustible fino” y agregó que “del 2024 a 2025, si bien llovió en puntos claves, tuvimos incendios, pero el accionar de la gente logró contenerlos y que no se llegaran a hacer demasiado grandes”.
La tormenta, finalmente, puede considerarse un arma de doble filo. Porque se producen tormentas denominadas secas, que no precipitan agua pero descargan rayos que originan el fuego. Si bien la mayor cantidad de incendios en la provincia está dada por la mano del hombre, en un porcentaje que ronda, según estimaciones oficiales, en torno al 80%, los que suelen abarcar mayor superficie son los que surgen por causas naturales. Allí las situaciones suelen ser más complejas porque hasta detectar la presencia de las llamas, estas ya lograron altos niveles de avance sobre el terreno.
“Es habitual el uso de fuego para limpieza de los campos y las fincas” declaró el funcionario, e hizo hincapié en que está terminantemente prohibido en todo contexto por la ley 6.099, que establece multa de hasta 58 millones de pesos a los responsables.
“Hemos identificado responsables y han sido multados.” aseguró. Para reforzar ese criterio, a partir de esta temporada se pretende instaurar grupos de patrullaje y vigilancia en puntos clave, en conjunto con efectivos de la policía rural, cada vez que se emita una alerta por viento zona.
El fuego ya arrasó 90.000 hectáreas de campos en Alvear y ahora afecta a San Rafael
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Picadas corta fuego
La misma ley 6.099, en base a la zonificación que se estableció en 2018 mediante la resolución 221/18 que la complementa, prevén su obligatoriedad “de la ruta 7 hacia el sur, en el norte de Mendoza, y de la ruta 40 hacia el este, salvando la parte de Malargüe” explicó Martí.
“Es una herramienta más de manejo que tenemos tanto nosotros como los propietarios de los campos, más allá de la seguridad de la gente cuando los transita, permitiendo vías de escape, por ejemplo. Algunos ganaderos lo han entendido y lamentablemente, muchos otros no” lamentó.
“Las picadas perimetrales le dan, entre otras cosas, la posibilidad de cuidar una de las inversiones más caras que tienen en el campo, que es el alambrado. Hoy el kilómetro debe costar alrededor de seis millones de pesos” señaló, además de evitar las posibles demandas que surjan de vecinos afectados, como ya sucedió en Alvear.
Hoy no se dispone de una estadística veraz sobre cuántos ganaderos cumplen con este requisito, puesto que el último índice data de 2018 y recién se va a actualizar este año “con un relevamiento que se hará en forma satelital y presencial” informó el director.