Agroindustria en Mendoza: presente adverso, futuro incierto

El autor sostiene que este año producir en el agro mendocino será, al menos, 35% más caro que la temporada anterior. Con este escenario prevé complicado poder trabajar en la diversificación productiva provincial.

Durante los últimos 12 meses (mayo 2013 versus mayo 2014), el gasoil aumentó un 58%, los agroquímicos un 57%, el transporte interno un 39%, la mano de obra rural un 30%. Producir en el agro mendocino este año será, al menos, un 35% más caro que el año anterior. Este es el escenario que predomina en la nueva temporada agrícola que comienza.

En este contexto, ¿se puede pensar en conceptos tan reiterados como diversificación productiva, generación de valor agregado o mejoras de competitividad? Difícil, desde hace años que la economía argentina reprime las energías emprendedoras y limita nuestro potencial para generar riqueza.

Sumado a los riesgos naturales que posee la actividad agropecuaria (como las contingencias climáticas y la volatilidad en precios internacionales), existe una presión y volatilidad creciente en los principales componentes de costos agrícolas, y una impredecible política cambiaria.

Estos fenómenos configuran un panorama agrícola en donde el retorno de una inversión se torna prácticamente imposible de anticipar de manera razonable, por ello existen mínimos flujos de nuevas inversiones en el sector, y en muchos casos se ha decidido minimizar la generación de valor local para abaratar costos.

Por otro lado, ¿qué papel juegan las políticas provinciales que apuntan a mejorar la productividad del sector agroindustrial?

Lamentablemente, cuando la macroeconomía muestra semejantes desequilibrios, pasan a un segundo plano todas las políticas estructurales relacionadas con el desarrollo (acceso al financiamiento, innovación tecnológica, capacitación y formación, atracción de inversiones en sectores estratégicos, promoción del dinamismo exportador).

Los niveles de volatilidad en los costos poseen un efecto tan predominante que todas estas estrategias pasan a tener un efecto marginal muy reducido en la mejora de rentabilidad.

Los esfuerzos realizados por los gobiernos provinciales quedan opacados ya que no pueden “torcer” las distorsiones macroeconómicas. Esta es otra razón importante para que desde las administraciones provinciales se le reclame al Gobierno Nacional un cambio de rumbo en la política económica.

Finalmente, ¿es razonable esperar mejoras en el bienestar social del sector rural ante esta coyuntura? Un mercado de trabajo dinámico es la única manera de lograr una erradicación sostenible de la pobreza, en especial de la pobreza rural.

El 80% de los ingresos familiares provienen del mercado laboral. Lejos de imaginar mejoras sociales, el presente del sector agroindustrial es compatible con un empeoramiento en las condiciones de vida rural.

La única manera de pensar en erradicar la pobreza rural a mediano plazo es generando nuevas oportunidades laborales y mejorando los niveles de productividad del sector agroindustrial.

Ambos factores están absolutamente ausentes en la actualidad ante la falta de inversiones relevantes. A ello se suma este año un factor coyuntural crítico: el efecto de las heladas, que redujo sensiblemente la producción frutícola (especialmente en frutas de carozo).

En materia ocupacional, a la falta de dinamismo ocupacional por la baja rentabilidad este año se sumó la destrucción de 12 mil puestos de trabajo directos (equivalentes al 30% de la mano de obra agropecuaria registrada) por menor volumen de producción (cosecha). 

La agricultura de Mendoza tiene un presente adverso y un futuro muy incierto. Las brechas sociales que existen en materia de ingresos, pobreza, desigualdad e inclusión entre el sector rural y urbano están lejos de cerrarse.

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