Entre las simientes de la Universidad Nacional de Cuyo (80 años el pasado 16 de agosto) encontramos la vieja Escuela de Agricultura creada por Sarmiento con ilustres profesores como Pouget y otros que moldearon desde entonces la enseñanza, la investigación y la extensión de las disciplinas agroalimentarias.
Es así que la transformación agroindustrial estaba presente claramente en la mentalidad de los pioneros y de los mendocinos de la época. Muchas crisis nos desalentaron y desanimaron pero siempre las superamos y miramos el futuro en forma constructiva. En 1939, entre los cimientos de la UNCuyo estaba ya el enorme bagaje cultural y científico de estos gigantes.
Sería extenso repasar el proceso de la agroindustria hasta la fecha. Los progresos fueron evidentes. La formación en Ingeniería Agronómica fue un hito que esparció las semillas del saber rural en Cuyo y también en prácticamente todos los valles irrigados del país por obra de los grandes profesionales del riego y drenaje.
Del mismo modo en la viticultura y enología, los saberes se dispersaron junto con nuestros egresados y los medios de comunicación por el país y el mundo.
Seguro es injusto con muchas otras disciplinas donde grandes profesores dejaron su huella indeleble en la historia de la ciencia agroalimentaria nacional e internacional.
Pero, ¿cómo nos preparamos para el futuro? Los fundamentos de la creciente demanda mundial de agroalimentos, de los biomateriales y biomoléculas productivas, junto con las necesidades crecientes de protección del ambiente y de producción de bienes ambientales fueron parte determinante de la ampliación de la oferta académica a la ciencia de los alimentos (Bromatología y licenciatura en Bromatología, Ingeniería en Alimentos y las ciencias del ambiente (Ingeniería en Recursos Naturales Renovables).
La demanda de formaciones específicas para el medio y el sistema científico dieron origen a las ya consolidadas maestrías en Riego & Drenaje, en Viticultura & Enología, en Horticultura y al doctorado en Ciencias Agrarias.
Por otra parte, la histórica Revista de la Facultad de Ciencias Agrarias se posiciona entre las más importantes del mundo de la especialidad editándose en inglés y español.
Pero, las necesidades de formación de la sociedad en general y en relación a los agroalimentos y al ambiente sigue transformándose a un ritmo inusitado.
El comercio internacional es hoy de casi 2/3 de alimentos de alto valor procesados (como nuestro glorioso Malbec embotellado) y 1/3 de commodities agrícolas y agroindustriales (mosto concentrado, grano de soja, etc.).
Los 7.500 millones de habitantes del mundo demanda cada vez más alimentos y bienes ambientales de calidad, especialmente en China e India, pero también en América Latina, y África.
El desafío de agregar valor es infinito. Y agregar valor es añadir conocimiento, organización, innovación, creatividad. Por eso tenemos que adaptarnos y estamos cambiando. Nuestros estudiantes y profesores se están internacionalizando en todas las áreas, en agroalimentos y ambiente hay un gran impulso.
La modernización y discusión de los planes de estudio tendrán en cuenta las nuevas tecnologías digitales (big data, inteligencia artificial, machine learning, blockchain) imprescindibles para afrontar al cambio.
El idioma inglés se ha universalizado y estamos haciendo un gran esfuerzo para mejorar nuestras capacidades tanto en nuestro plantel académico como estudiantil.
Y sobre todo estamos tratando de romper “las jaulas disciplinarias”. Steve Jobs decía que “el futuro necesita profesionales multiculturales”. Ya no es suficiente la competencia agroalimentaria solamente, necesita más. Es por eso que debemos formar estudiantes más sensibles a la multidisciplina y a la interdisciplina con algunos conceptos muy importantes como la formación en ciencia y tecnología, matemática e ingeniería pero también arte y sociología, para comprender el fenómeno de cambio permanente que afrontamos.
Tanto en agroalimentos como ambiente, pero también en muchas otras disciplinas biomédicas, de ingeniería y de ciencias sociales, procuramos avanzar en simplificar la oferta de contenidos, abrir las mentes con requisitos de formación para resolver problemas y autoaprender contenidos que se renuevan en ciclos cada vez más cortos.
Lograr esta dinámica implica invertir en nuestros docentes para su adaptación a estos procesos y al nuevo rol pedagógico. Esta dinámica es imprescindible para garantizar que nuestra Universidad pública sea más abarcativa, más progresista, más justa y contribuya efectivamente con más y mejores recursos humanos a agregar valor a la sociedad para generar más y más riqueza, más y más justicia social y para devolverle a la sociedad el enorme esfuerzo que hace en el sostenimiento de nuestra casa de estudios pública, gratuita, de calidad y para todos.