McCarthy vio retrasada su ejecución en dos ocasiones este mismo año -29 de enero y 3 de abril-, pero el miércoles ningún recurso de última hora evitó que la mujer recibiera, como estaba previsto, la inyección de pentobarbital, una dosis mortal que paralizó su corazón en una pequeña habitación de paredes color menta de la prisión de Hunstville, Texas.
McCarthy fue condena a muerte en 2002 por haber acuchillado hasta la muerte en 1997 a su vecina, Dorothy Booth, una profesora universitaria de 71 años. McCarthy, entonces, era una adicta al crack y con la excusa de pedir un terrón de azúcar, entró en la casa de Booth, y la apuñaló para robarle varias tarjetas de crédito y su alianza, que le extrajo tras cortarle el dedo.
A lo largo de estos años su culpabilidad nunca se puso en duda, pero sí la debilidad de su defensa inicial y las irregularidades del juicio plagado, según su actual abogada, Maurie Levin, de errores y prejuicios raciales.