El escenario electoral nacional, se ha convertido en una tragicomedia: después de idas y venidas los que no se podían ver se juntaron y los que se odiaban se amontonaron. Y los demás que iban y venían, terminaron arrimándose y consensuando. Una verdadera tragedia para los amantes de la buena política o una verdadera comedia para los cazadores y oportunistas.
La cuestión estaría en saber qué piensa el ciudadano común. Muchos están desorbitados, por el montaje llevado a cabo y otros no saben, no contestan. Es que la realidad política nacional ha perdido el norte hace rato y cada día nos castiga con su mala performance. Digo esto porque mientras la política se divierte consigo misma buscando acomodarse durante los próximos cuatros años, el país sigue todavía postrado en la camilla esperando que alguien lo atienda para salir de la terapia intensiva.
El presente swingerismo político, donde todos se juntan y juntos dividen todo, lejos está de solucionar la desgracia nacional. Esta clase política mediática tiene un mismo fin y afán: repartirse el poder. Cero vocación por gobernar, suficiente vocación de poder, pero no para servir al bien común, sino para servirse del bien común.
Hoy a la clase política predominante en el país le hace falta ética, ya que a la vista está que se halla divorciada de la responsabilidad moral por los abundantes y conocidos niveles de corrupción con los que convive. Además es ajena y extranjera del sistema ético de valores consagrados en nuestra Constitución Nacional, que sirve y existe como piedra angular para la construcción jurídica, política y social de la nación.
Los eslóganes de campaña, que a la vez parecen o son las propuestas y programas de políticas públicas (ya que ni eso presentaron) son la ideología que los moviliza. Digo esto a propósito, ya que lo pragmático de esta campaña es la polarización extrema a través de la teoría del terror. Nos han dividido y nos han predispuesto a elegir entre un pasado populista peligroso y un pasado-presente de inocencia populista y republicanismo fallido. La era K chavista y populista hoy se presenta en escena gracias a la gestión del republicanismo fallido de inocencia adolescente populista y progresista de “Cambiemos”.
Es decir, cara o seca, hoy nos dan a elegir la misma moneda, podemos perder tiempo en discutir quien tiene mejores o peores modales, o quienes tienen ciertas acciones más o menos aceptables, pero nadie puede negar -a la luz de la ética pública y de lo que la Constitución consagra- que ambas caras, de esta moneda se han rifado la patria.
La era K se rifó la patria al robarse un PBI completo en nombre de los pobres, construyendo más pobreza y sistematizando la corrupción.
Y la presente era de Cambiemos se rifó la patria no solo por su fracaso económico, más aún por su falso pregón republicano, fallido ya que no supo respetar sus propuestas de campaña ni la constitución. En esto soy claro: quien favorezca militantemente la vulnerabilidad del derecho a la vida no puede gobernar ni asegurar los demás derechos.
No existió en el gobierno actual ni en el anterior proeza democrática, pero sí muchas proezas demagógicas.
La dirigencia no puede estar divorciada del sistema de valores que consagra la Constitución porque sino viola lo esencial de la política. Es importante que los dirigentes sean buenos burócratas y administren eficaz y justamente el Estado ya que de eso depende la vida social. Pero el estado no es el fin, al contrario, es un medio para construir la nación, consolidar el bien común y perpetuar la patria. Hoy la corrupción, la pobreza y la negligencia política hacen nula la idea de nación y de la perpetuidad de la patria.
La tecnocracia nacional y la dirigencia política deben coexistir virtuosamente para que la Argentina abandone el subdesarrollo. Pero esto es inviable cuando las principales fuerzas en pugna son las mismas que han favorecido y construido el fracaso y además no presentan un verdadero plan de construcción nacional sino solo invocan falsos eslóganes y cantos de sirenas repetidos.
Es verdad que urge la necesidad de un plan de construcción nacional que integre a toda la sociedad civil y a las fuerzas políticas para que Argentina venza el fracaso. Pero dicho plan no puede ser ajeno al sistema de valores que pusieron de pie a nuestra república, que se encuentran consagrados en su carta magna. Ahí se plasma el espíritu de nuestra nación, por esto la política y la burocracia nacional no puede ser ajena a la patria. Sin patria no hay verdadera y genuina construcción nacional, que sirva de cimento y de seguridad a los derechos de las personas y familias que habiten nuestro suelo.
Por eso en estas elecciones debemos tomar conciencia y no elegir el mal menor, sino buscar el bien posible. Y la única posibilidad de bien para la supervivencia y futura prosperidad de nuestra nación ante el oscuro escenario electoral que se nos presenta, está en elegir la plataforma electoral que asegure de manera seria y certera los principios de nuestra nación trazados en nuestra ley constitucional, que nos aseguran los derechos de la familia, de la libertad y de la vida.