La “guerra contra el terrorismo” ha llevado a Estados Unidos a lanzar una operación de monitoreo a gran escala de las comunicaciones telefónicas de millones de ciudadanos dentro del país con el objetivo de adelantarse a posibles ataques orquestados por Al Qaeda.
La Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por su sigla en inglés), un amplio servicio creado durante la Guerra Fría especializada en escuchas telefónicas, criptoanálisis y guerra cibernética, está gestionando la operación.
Con su sofisticado software y sus matemáticos, la NSA usa algoritmos para encontrar las rutas en los millones de “metadatas” para poder rastrear nuevas rutas e intentar lograr los contactos o conspiraciones de presuntos ataques.
Las autoridades estadounidenses defienden esta megaoperación por ser un método vital que permite destapar tramas y aseguran que la misma no se entromete en el contenido de las conversaciones de los ciudadanos.
Grupos de defensa de los derechos humanos denunciaron que el programa invade totalmente la privacidad de los ciudadanos y han amenazado con llevar el caso ante la justicia. Aunque analistas de inteligencia han comparado el rastreo de datos con la recopilación de información que aparece en sobres, los detractores de esta operación consideran que el sistema creado por la NSA permite construir el perfil de un individuo altamente preciso.
Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por su sigla en inglés) y la Universidad Católica de Louvain (Bélgica) determinaron en un estudio reciente que podían identificar fácilmente a ciudadanos con unos pocos detalles de una larga lista de información telefónica.
Tras examinar durante 15 meses a 1,5 millones de usuarios de teléfonos móviles, los investigadores fueron capaces de identificar al 95% de estos basándose únicamente en cuatro variantes de la llamada. En otras palabras, se puede identificar a personas, incluso hábitos, juntando información supuestamente anónima, aseguran los expertos.