No fue un gran año para la gente de izquierda en América Latina.
No fue un gran año para la gente de izquierda en América Latina.
Colombia rechazó el domingo pasado el acuerdo de paz con los rebeldes marxistas, con lo que se le entregó una victoria muy pública al conservador ex presidente que, en forma apasionada, hizo la campaña en contra. El mismo día, los electores en Brasil le dieron una rotunda derrota al partido de izquierda que alguna vez controló a su país, golpeándolo en las elecciones municipales.
Solo fue otro signo del cambio hacia la derecha en América Latina. En menos de un año, los electores han frustrado al movimiento de izquierda en la Argentina, y en el Perú, han elegido a quien fuera un banquero de inversiones como presidente, mientras que legisladores llevaron a juicio político a la dirigente de izquierda del Brasil.
“Dicho simplemente, los conservadores van en ascenso en América Latina”, dijo Matías Spektor, un profesor de relaciones internacionales en la Fundaçao Getúlio Vargas, una universidad en el Brasil.
Son muchos los factores que alimentan esta tendencia. La caída drástica en los precios de los productos básicos ha erosionado el crecimiento económico por toda América Latina y el apoyo que extraían de él los gobiernos izquierdistas. Se está expandiendo la influencia de las megaiglesias cristianas evangélicas, las cuales están confrontando las políticas socialmente liberales y están canalizando el descontento generalizado con el “statu quo”.
Sin embargo, en un país tras otro, los resultados son los mismos: los dirigentes que abrazan las políticas amigables con el mercado están eclipsando a los izquierdistas que ejercieron su influencia por toda la región en la década anterior. Los otrora poderosos presidentes izquierdistas, como Luiz Inácio Lula da Silva del Brasil y Cristina Fernández de Kirchner de la Argentina, ahora enfrentan indagatorias por corrupción.
No obstante, los analistas políticos previenen que la tendencia no necesariamente implica un rechazo total a las políticas que se ganaron la admiración y los votos para los gobiernos de izquierda en los años anteriores. Por ejemplo, Michel Temer y Mauricio Macri, los dirigentes del Brasil y la Argentina, han expresado su apoyo para mantener los populares programas contra la pobreza.
El nuevo presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, dependió de una alianza con la izquierda para derrotar a su rival, Keiko Fujimori, la hija de Alberto Fujimori, el ex presidente que está en una cárcel.
Asimismo, el voto en Colombia sobre el acuerdo de paz ofreció un ejemplo de cuán impredecible se está haciendo la política en algunas partes de América Latina. Los dirigentes en toda la región -de diversos antecedentes ideológicos- habían respaldado al acuerdo, el cual se forjó entre el presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia o FARC.
Los colombianos rechazaron el acuerdo, en gran medida porque pensaron que era demasiado indulgente con las FARC y les permitía a los combatientes salir ilesos, sin ningún castigo. Sin embargo, el resultado también mostró cuán listos estuvieron los electores para rechazar lo que ofrecía la élite política.
“No se puede decir que sea peculiar que el electorado desafíe al statu quo en Colombia”, dijo Michael Shifter, el director de Diálogo Interamericano, un organismo político en Washington. “Encaja en el patrón que se puede discernir en la Argentina, el Brasil, Venezuela, México y otros países”.
Los dirigentes de toda América Latina están prestando atención cuidadosa al ánimo cambiante en sus países. En Chile, la presidenta Michelle Bachelet regresó al cargo con un triunfo aplastante en 2013, con una plataforma sobre la reducción de la desigualdad.
Sin embargo, Bachelet cambió el curso de cara a una economía que presenta un crecimiento menor, así como un escándalo de sobornos en los que estaba involucrada su familia, y nombró a un ministro de finanzas respetado por la élite empresarial. En el presupuesto de su gobierno para 2017 se prioriza la tradición chilena de la prudencia fiscal, mientras que se controla el gasto en estímulos.
En el Brasil, un país de 206 millones de habitantes, la mitad de la población de América del Sur, el cambio hacia la derecha se ha desarrollado en un contexto de un creciente divisionismo político.
Los partidarios de la desacreditada ex presidenta Dilma Rousseff, argumentan que su destitución equivalió a un golpe de Estado, una perspectiva que ha pesado en la legitimidad de Temer, quien fuera el vicepresidente y se rebeló contra ella. A los candidatos del centrista Partido Movimiento Democrático de Temer también los derrotaron rotundamente el domingo en las elecciones para alcaldes en las ciudades más grandes del Brasil.
Sin embargo, el Partido de la Socialdemocracia Brasileña, cuyos orígenes están en la oposición a la dictadura militar del país antes de que evolucionara a ser una agrupación más conservadora que ahora es el anclaje de la coalición de Temer, consiguió grandes logros. Uno de sus militantes, Joao Doria, quien fuera presentador en un “reality” de la televisión en el que despedía a los participantes durante la transmisión, se deslizó a la victoria en la contienda por la alcaldía en San Pablo, la ciudad más grande del Brasil.
Algunos en la región ven paralelismos con el voto por el “brexit”, con el cual Gran Bretaña optó por salirse de la Unión Europea, o la posibilidad que tiene Donald Trump, quien también estelarizó un programa de juegos en el que despedía a los concursantes, de ganar las elecciones presidenciales en los Estados Unidos.
El voto en Colombia reflejó un cambio “del realismo mágico al realismo trágico”, dijo en Twitter el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, refiriéndose a las míticas narrativas de autores latinoamericanos como Gabriel García Márquez. “Todo lo que queda ahora es que gane Trump”.
Mientras los dirigentes de la izquierda recogen los pedazos en varios lugares de América Latina, su dilema ahora se parece al de los políticos conservadores a los que lucharon mucho para desbancar.
“Podemos pensar en el cambio como en una variante latinoamericana del floreciente romance de Occidente con los movimientos contra las élites”, escribió Mohamed A. el Erian, el principal asesor económico en Allianz, el gigante alemán de servicios financieros, en un ensayo reciente. “Por ahora, los partidos y las agendas políticas de derecha son los principales beneficiarios de la desilusión económica y social en la región”.