En el corazón de Seúl, Gabi, un robot humanoide de 1,30 metros de altura que se convirtió en el primer participante no humano en ser admitido como monje budista en Corea del Sur.
En una ceremonia sin precedentes en el templo Jogye de Seúl, un humanoide fue admitido formalmente en la orden budista más importante del país.
En el corazón de Seúl, Gabi, un robot humanoide de 1,30 metros de altura que se convirtió en el primer participante no humano en ser admitido como monje budista en Corea del Sur.
Ataviado con una túnica ceremonial en tonos gris y marrón, rosario y zapatos negros, el androide, un modelo G1 desarrollado por la empresa china Unitree Robotics, lideró una procesión junto a monjes humanos.
Durante el acto, Gabi realizó gestos de oración, se inclinó ante la asamblea y respondió solemnemente a los votos monásticos con un "Sí, me dedicaré a ello".
Su nombre, que significa “misericordia” en coreano, fue elegido por la Orden Jogye, la mayor secta budista del país, con el fin de simbolizar la difusión de la compasión de Buda a través de nuevos medios.
Para formalizar su ingreso, se redactaron cinco normas adaptadas específicamente para una inteligencia artificial, con la ayuda de herramientas como ChatGPT y Gemini:
La incorporación de Gabi no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia de modernización de la Orden Jogye. Ante el descenso en el número de practicantes y la pérdida de influencia social del budismo en las últimas décadas, la organización busca utilizar la tecnología para conectar con las nuevas generaciones y revitalizar su tradición.
Sin embargo, el debut de Gabi ha encendido un intenso debate sobre la naturaleza de la fe. Expertos como Sujung Kim, de la Universidad Johns Hopkins, sugieren que se trata de una táctica de visibilidad cultural más que de un cambio teológico profundo.
Por otro lado, instructores zen como Noah Namgoong cuestionan si una máquina, carente de mente y conciencia, puede realmente abordar las preguntas existenciales de la humanidad, aunque reconocen su valor potencial como agente de divulgación y apoyo espiritual.
Gabi representa hoy un experimento social y religioso que obliga a Corea del Sur a reflexionar sobre qué significa ser humano en una era donde incluso los altares están siendo alcanzados por la robótica.