Violentos enfrentamientos estallaron ayer en Coligny, una ciudad del noroeste de Sudáfrica, tras la liberación bajo fianza de dos blancos sospechosos de ser responsables de la muerte de un adolescente negro de 16 años, el mes pasado.
Violentos enfrentamientos estallaron ayer en Coligny, una ciudad del noroeste de Sudáfrica, tras la liberación bajo fianza de dos blancos sospechosos de ser responsables de la muerte de un adolescente negro de 16 años, el mes pasado.
El 20 de abril, Matlhomola Mosweu falleció tras caerse del vehículo de Pieter Doorewaard, de 26 años, y Philip Schutte, de 34.
Éstos afirman que la víctima saltó de su camioneta pick-up estando en marcha, golpeándose en la nuca, cuando lo llevaban a la comisaría de policía después de haberlo sorprendido robando girasoles en un campo.
Sin embargo, un testigo indicó haber visto a los sospechosos empujarlo del vehículo. “Por el momento no se pudo establecer el vínculo entre este testimonio y la identidad de los acusados”, declaró el juez Magaola Fosoe, liberando a los hombres tras pagar una fianza de 5.000 rands (340 euros) cada uno.
Al concluir la sesión, un grupo de vecinos de las barriadas negras ("townships") que circundan la ciudad se dirigió a dos de las propiedades de vecinos blancos y les prendieron fuego. Una mujer mayor fue sacada aparentemente inconsciente de una de las propiedades quemadas.
Periodistas presentes en el juzgado fueron agredidos en el tumulto. Estos vecinos se concentraron después en la entrada de las antiguas zonas de residencia segregada y exclusiva de la población negra, donde encendieron hogueras y amenazaron con destruir comercios, edificios y vehículos en la ciudad de Coligny.
Coligny ya vivió graves disturbios el pasado 26 de abril tras arrestar la Policía a los dos granjeros. Guardas de seguridad privada intentaron mantener el orden, mientras que granjeros en camionetas también patrullaban la zona ante posibles ataques a sus propiedades.
Según los dos acusados, que tienen 26 y 34 años, el menor murió al saltar del remolque de su camioneta mientras lo llevaban a una comisaría de Policía para denunciarlo.
Por su parte, los vecinos negros de la localidad acusan a los granjeros de “racismo” y denuncian las humillaciones sistemáticas que sufren por parte de la población blanca, que posee buena parte de los negocios, granjas y plantaciones en las zonas rurales sudafricanas.
El menor, sobre el que en un primer momento se informó de que tenía 12 años, fue enterrado ayer en un funeral con marcadas connotaciones políticas en el que participó el presidente de la provincia del Noroeste, Supra Mahumapelo.

“No hay dudas de en manos de quién perdió la vida. Fue en manos de sudafricanos que eran afrikáners (blancos de origen holandés y residencia africana que actuaban en puestos subalternos bajo el régimen dominial británico)”, dijo Mahumapelo.
El político acusó de “racismo” al centenar de vecinos blancos que han firmado una petición para pedir la libertad bajo fianza de los dos granjeros acusados del crimen. “No soy racista, pero no me gusta la superioridad blanca”, agregó Mahumapelo.
Veintitrés años después del final del apartheid, la tensión racial entre blancos, negros, hindúes y mestizos sigue viva en las zonas rurales agrícolas de Sudáfrica.
El fin del racismo no incluyó una transformación radical de la estructura económica y social, y solo la comunidad de origen indio -clases medias en el antiguo régimen- prosperó más que las demás desde entonces. La riqueza y las propiedades siguen concentradas abrumadoramente en manos blancas.
Si bien la élite integró algunos negros vinculados al poder, los pequeños propietarios de fundos agrarios blancos conviven con la población negra y son acusados usualmente de explotar y maltratar a los trabajadores de color.
Al mismo tiempo, los granjeros son víctimas a menudo de brutales robos con violencia, que organizaciones afrikáners atribuyen a motivaciones raciales y causaron el año pasado 70 muertos en Sudáfrica.
La cada vez más tensa situación económica potencia los disturbios vinculados a la distribución regresiva de la riqueza.