El papa Francisco pidió ayer a todos los dirigentes religiosos, políticos, intelectuales musulmanes que condenen “claramente” el terrorismo islamista.
El papa Francisco pidió ayer a todos los dirigentes religiosos, políticos, intelectuales musulmanes que condenen “claramente” el terrorismo islamista.
En conferencia de prensa en el avión que lo llevaba de Estambul a Roma, el Papa, interrogado sobre el terrorismo del grupo Estado Islámico (EI) y de otras organizaciones yihadistas en el mundo y de la “islamofobia” que generan, dijo que había pedido esa condena durante su reunión el viernes con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.
“Le dije que sería bueno que todos los dirigentes musulmanes del mundo, políticos, religiosos, universitarios, se pronuncien claramente y condenen” esta violencia que daña al islam.
“Eso ayudaría a la mayoría de los musulmanes si viniera de la boca de esos dirigentes políticos, religiosos, universitarios. Todos necesitamos esa condena global” sostuvo.
Francisco condenó a aquellos que “dicen que todos los musulmanes son terroristas. Como tampoco se puede decir que todos los cristianos son fundamentalistas”.
El papa argentino también denunció “la cristianofobia”: los islamistas “acosan a los cristianos en Oriente Medio, que deben partir, perdiendo todo u obligados a pagar un impuesto”.
Francisco concluyó ayer su viaje a Turquía con una enérgica defensa de los cristianos de Oriente, amenazados por los yihadistas en Irak y en Siria, y abogó por un acercamiento entre católicos y ortodoxos separados desde hace más de un milenio.
En una declaración conjunta, el Pontífice y el más prestigioso dignatario de las Iglesias Ortodoxas, el patriarca de Constantinopla Bartolomeo I, aseguraron que no pueden resignarse “a un Medio Oriente sin cristianos”.
“Muchos de nuestros hermanos y hermanas están siendo perseguidos y se han visto forzados, con violencia, a dejar sus hogares”, lamentaron en el texto difundido ayer. “Y, por desgracia, todo esto acaece por la indiferencia de muchos”.
Antes de regresar a Roma al final de la tarde, el Papa, fiel a su costumbre, se reunió con un centenar de jóvenes refugiados de todas las confesiones procedentes de Siria, Irak y el Cuerno de África.