El tratado fue firmado en 1959 por los gobiernos de la Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, la Unión de África del Sur, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América. Entró en vigencia en 1961.
El tratado reconoció que es en interés de toda la humanidad que la Antártida continúe utilizándose siempre exclusivamente para fines pacíficos y que no llegue a ser escenario u objeto de discordia internacional.
Destaca también la importancia de las contribuciones aportadas al conocimiento científico como resultado de la cooperación internacional en la investigación científica.
Asegura que el tratado garantizará el uso de la Antártida exclusivamente para fines pacíficos y la continuación de la armonía internacional del sector promoverá los propósitos y principios enunciados en la Carta de las Naciones Unidas.