El accidente minero que causó al menos 283 muertos en Turquía avivó las protestas contra el gobierno del primer ministro islamista conservador Recep Tayyip Erdogan, con una huelga y manifestaciones reprimidas por la policía.
El accidente minero que causó al menos 283 muertos en Turquía avivó las protestas contra el gobierno del primer ministro islamista conservador Recep Tayyip Erdogan, con una huelga y manifestaciones reprimidas por la policía.
La policía antidisturbios lanzó ayer gases lacrimógenos para dispersar a una multitud de 20.000 manifestantes que denunciaban en Esmirna lo que consideran la negligencia industrial más grave del gobierno registrada en Turquía, según la agencia de prensa Dogan.
Kani Beko, presidente de DISK (Confederación de los Sindicatos Revolucionarios de Turquía), uno de los principales sindicatos de obreros del país, fue hospitalizado tras la violenta carga policial.
En Ankara, la policía recurrió a las granadas lacrimógenas y a los cañones de agua para dispersar a 200 personas concentradas en la céntrica plaza de Kizilay.
“Esto no es ni un accidente ni el destino, es una masacre”, proclamaba una banderola desplegada en la capital por un militante sindicalista que llamaba al gobierno a dimitir.
Otras manifestaciones se organizaron en varias ciudades. Cuatro sindicatos decretaron ayer una jornada de huelga en todo el país en homenaje a los mineros muertos en el accidente de la mina de carbón de Soma, a un centenar de kilómetros la noreste de Esmirna. Acusan al gobierno de haber ignorado repetidas advertencias sobre la inseguridad de las minas en Turquía.
El miércoles Erdogan se desplazó personalmente a Soma, donde fue increpado por decenas de habitantes enfurecidos y prometió que se llevarían a cabo investigaciones sobre la causa del desastre.