17 de octubre de 2026 - 12:50

Una jubilada de California empezó a juntar residuos durante sus caminatas diarias; seis años después, su grupo de voluntarios ya recolectó cerca de 750.000 libras de basura

Jill Mather convirtió la rutina del aislamiento en Volunteers Cleaning Communities, una red de 250 vecinos que interviene en autopistas, parques y escuelas.

Jill Mather, jubilada, imaginaba su retiro tras décadas de jornadas laborales de 80 horas en la gastronomía como un tiempo de descanso y viajes. La llegada del COVID-19 cambió sus planes y la llevó a caminar por San Fernando, California. Allí, al notar la acumulación de desechos, comenzó a juntar latas y botellas con bolsas de plástico.

Lo que empezó como un hábito individual de 6,4 kilómetros diarios sumó rápidamente el apoyo de sus vecinos. Tras publicar una invitación abierta en la aplicación Nextdoor, una docena de personas se presentó a la mañana siguiente para limpiar un parque y compartir un café. Ese encuentro marcó el nacimiento de Volunteers Cleaning Communities (VCC).

El mecanismo comunitario: del hábito personal a la red organizada

La transformación de un paseo diario en un movimiento masivo respondió a un mecanismo de organización comunitaria accesible. En lugar de depender de gestiones complejas, VCC redujo la barrera de entrada al proveer equipamiento completo con chalecos de seguridad, pinzas y bolsas, dividiendo el territorio mediante el programa Adopt 1 Street. Este esquema permite a más de 250 voluntarios apadrinar tramos específicos cerca de sus hogares, desde Sylmar hasta Thousand Oaks.

Además, la articulación estratégica con el Departamento de Transporte de California facilitó la adopción oficial de 5,6 kilómetros de la autopista Ronald Reagan (Ruta 118). La integración de estudiantes secundarios mediante créditos de servicio comunitario garantizó un recambio generacional constante. El éxito del modelo no radica únicamente en la recolección física, sino en la reconstrucción del tejido social: las jornadas generaron alianzas locales, lazos afectivos e incluso matrimonios entre participantes.

El impacto ambiental en el Valle de San Fernando

A lo largo de seis años, el grupo extendió sus operativos a parques, calles, un carril bici, el río Los Ángeles y las cercanías del Refugio Nacional de Vida Silvestre de la Cuenca de Sepúlveda. Los registros acumulan cerca de 750.000 libras de residuos retirados de forma voluntaria, cifra que excluye los objetos voluminosos gestionados por los servicios municipales. Lo que inició como una alternativa frente al aislamiento consolidó una estructura autosostenible que cuida el entorno urbano en todo el valle.

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