El llamado conminatorio de Barack Obama a un alto al fuego “inmediato y sin condiciones” en Gaza afectó las relaciones ya tensas entre Estados Unidos e Israel y colocó a Benjamin Netanyahu en una situación delicada con los extremistas de su gobierno.
Los analistas interpretaron como un ultimátum esta petición hecha el domingo por el presidente estadounidense al primer ministro israelí, cuando el conflicto entre Israel y Hamas ha causado ya 1.040 muertos palestinos en la franja de Gaza en tres semanas.
Según la radio militar, Obama llamó por teléfono al dirigente israelí para presentarle su “exigencia” cuando Netanyahu presidía una reunión del gabinete de seguridad que tuvo que ser interrumpida. Cuando terminó la conversación, el gabinete se reunió de nuevo, pero sin tomar ninguna decisión.
De hecho, Israel no dio respuesta oficial. Pero sobre el terreno, el ejército comenzó a aplicar de facto una tregua frágil en el enclave palestino, donde los bombardeos y combates son esporádicos.
El 8 de julio, Israel lanzó una ofensiva militar de envergadura destinada a hacer cesar los disparos de cohetes en su territorio y aniquilar las capacidades militares de Hamas.
Durante toda la semana pasada, el secretario de Estado estadounidense John Kerry trató en vano de lograr un acuerdo para poner fin al baño de sangre, en el marco de una misión especial en la región.
Los comentaristas israelíes responsabilizaron de la nueva fricción con Washington a Kerry, su chivo expiatorio, presentado como incompetente.
Kerry es criticado por haber transmitido un “documento pro-Hamas” el viernes al gobierno israelí sobre un cese del fuego a largo plazo, un plan que fue rechazado por unanimidad por el gabinete de seguridad.
“Es un amigo de Israel, pero con tales amigos, es preferible a veces negociar con los enemigos”, ironizó Nahum Barnéa, editorialista del diario Yediot Aharonot.