Facebook e Instagram cambian y pagan multa récord por daños a niños: "es una ola, más adelante será tsunami"
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No obstante, insisten en ninguna de estas medidas -por sí solas- son suficientes.
“Las medidas que implementará Meta son convenientes, pero no suficientes”, resume el director del Observatorio de la Convivencia Escolar del Centro de Investigaciones Cuyo-CONICET, Alejandro Castro Santander.
En la misma sintonía, el director ejecutivo de Grooming Argentina y fundador de Grooming Latam, Hernán Navarro, resalta que el desafío no puede resolverse solamente regulando la oferta tecnológica. También hay que trabajar sobre quienes consumen esa tecnología.
“Estamos discutiendo sobre cómo hacer menos adicta a la sustancia, pero muy poco sobre cómo fortalecer los factores protectores de quienes la consumen”, plantea. Y, sobre la decisión de Meta de pagar esta multa y cambiar, resalta: "Meta agacha la cabeza y acuerda, porque sabe que ahora es una olita, pero más adelante esto va a ser un tsunami".
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“Poner un límite de dos horas no cambia la cultura. Silenciar notificaciones no enseña a discernir. Ocultar los ‘me gusta’ no devuelve la capacidad de atención que ya se fragmentó”, advierte por su parte la Psicopedagoga, especialista en Neuroeducación y Ciudadanía Digital, Mariana Savid Saravia.
Meta “agacha la cabeza”
Para Castro Santander, el acuerdo constituye un precedente porque implica que una de las empresas tecnológicas más poderosas del mundo finalmente acepta modificar determinadas prácticas.
“La decisión de Meta marca el precedente de las grandes plataformas reconociendo la mala intención”, sostiene.
No obstante, el especialista aclara que detrás de las redes sociales existe, antes que nada, un negocio.
“No son altruistas, que aman la humanidad y quieren dar una mano. Es un negocio, y como en todos los negocios tenés a quienes emplean la ética y a quienes no”, señala.
Alejandro Castro Santander, el director general del observatorio de la Convivencia Escolar de Cuyo-CONICET.
Archivo Los Andes
A su entender, Meta llegó a este acuerdo porque la evidencia y las investigaciones acumuladas hicieron cada vez más difícil sostener una defensa sin cambios.
“Hacía rato que a Meta la venían interrogando desde el Congreso de Estados Unidos, hasta que ya no se pudo esquivar más. Bajó la cabeza porque no tenía otra alternativa”, afirma.
Detrás de esta afirmación del referente mendocino surge, entoncs, un nuevo interrigante: ¿Meta está asumiendo una responsabilidad por el daño generado o simplemente se está anticipando a un escenario judicial y regulatorio todavía peor?
Dos horas no solucionan una cultura
La discusión aparece con claridad en la mirada de Mariana Savid Saravia, parte de Fundación Lea. Para la especialista, el problema excede largamente a Instagram o Facebook.
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“Los chicos seguirán encontrando estrategias para sortear los bloqueos, porque el problema no es solo la plataforma, sino el ecosistema entero en el que vivimos”, sostiene.
Por eso cuestiona una mirada que reduce la discusión a controles parentales, a cantidad de horas o a configuraciones de privacidad.
“El acuerdo con Meta es un paso necesario, pero insuficiente. No estamos educando para la autonomía; estamos poniendo parches”, afirma.
Los adolescentes afrontan una crisis marcada por un contexto de violencias, sufrimiento y la necesidad de acompañamiento adulto. Imagen ilustrativa creada con IA
Para la especialista, el límite de dos horas de Instagram en un adolescente no implica que comprenda qué hace un algoritmo, por qué recibe determinado contenido, qué mecanismos utiliza una plataforma para mantenerlo conectado o qué relación existe entre la validación externa y su autoestima.
“No se reduce a saber usar una aplicación. También es trasladar nuestros derechos, responsabilidades y deberes al mundo digital”, explica Savid Saravia, quien plantea el concepto integral de ciudadanía digital.
Ello implica entender que los algoritmos no son neutrales, que los sistemas de recomendación responden a intereses económicos y que los mecanismos de validación social pueden funcionar como herramientas de presión.
El problema de prohibir
El debate también recupera la figura de Jonathan Haidt, autor de "La generación ansiosa" y quien en los últimos años se convirtió en referencia mundial.
Haidt sostiene que el crecimiento de las redes sociales y el uso intensivo de los teléfonos transformaron la infancia y contribuyeron a problemas vinculados con la ansiedad, la depresión, la atención y la percepción del propio cuerpo.
El millonario acuerdo de Meta representa, desde su perspectiva, una suerte de reivindicación para quienes llevan años advirtiendo sobre esos riesgos. No obstante, los especialistas consultados por Los Andes introducen un matiz importante.
Para Navarro, de Grooming Argentina y Grooming LATAM, el aporte de Haidt ha sido fundamental para instalar el tema de los conflictos entre la infancia y la tecnología en la agenda pública, aunque entiende que algunas de sus propuestas son excesivamente prohibitivas.
“Haidt aborda solo una parte de la ecuación”, sintetiza.
A modo de ejemplo, Navarro pone se detiene en lo ocurrido en Australia, que avanzó en diciembre de 2025 con una prohibición de redes sociales para menores de 16 años.
Según destacó, estas prohibiciones desplazaron el problema hacia espacios clandestinos, mediante cuentas falsas, VPN u otras plataformas.
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“Si se confunde prohibición con control, todo se desplaza a lo clandestino”, plantea, y lo define como una especie de “Ley Seca Digital”.
“Los chicos le van a encontrar la vuelta”
A su turno, Castro Santander también cuestiona la idea de que retirar un dispositivo sea suficiente.
“Con esto de prohibir los celulares, no alcanza. Es ridículo, más cuando los chicos están metidos hoy y van a estar mucho más mañana en un mundo 100% artificial, tecnológico”, sostiene.
No obstantem su argumento no implica negar los beneficios de establecer límites. Por el contrario, reconoce que las restricciones pueden ayudar a recuperar atención y ordenar determinados espacios, especialmente la escuela.
Pero destaca que el problema aparece cuando el límite se convierte en la única política, como ocurre en aquellas escuelas donde se restringe el uso de los celulares. "Los chicos van a encontrar la vuelta", sostiene.
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"Muerto el perro, ¿se acabó la rabia? Claro que no. Porque le sacás el teléfono cinco horas mientras está en la escuela, pero el día tiene 24 horas”, señala.
Por eso insiste en la necesidad de trabajar sobre el concepto de "usuario responsable" y no solamente sobre el dispositivo.
“¿Cómo te fue hoy en internet?”
Navarro propone cambiar la pregunta que los adultos hacen a los chicos. En lugar de preguntar únicamente cuánto tiempo estuvieron conectados, plantea preguntar qué hicieron durante ese tiempo.
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Por eso propone una pregunta mucho más abierta y que, precisamente, es el título de su libro: “¿Cómo te fue hoy en internet?”. Porque una hora puede ser utilizada para estudiar, hablar con amigos o aprender algo nuevo, mientras que solo cinco minutos pueden ser suficientes para que un adolescente sea víctima de una situación de violencia, grooming, acoso o exposición a contenidos dañinos.
La responsabilidad no es solamente de Meta
Para Savid Saravia, la verdadera pregunta no es cómo los adultos controlan a los niños y adolescente, sino cómo los acompañan.
Familias, escuelas, docentes, clubes, municipios, Estado, empresas y los propios niños, niñas y adolescentes forman parte de esta ecuación, englobada en el concepto de "comunidad".
También los adultos mayores tienen un rol clave, ya que abuelos y abuelas pueden ser capaces de detectar cambios de comportamiento que muchas veces pasan inadvertidos.
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“No podemos pedirle a un adolescente que desarrolle una relación consciente con la tecnología si nosotros, los adultos, vivimos secuestrados por nuestras propias pantallas”, advierte Savid Saravia.
El verdadero desafío
Para los tres especialistas reunidos por Los Andes, el acuerdo de Meta puede convertirse así en un punto de inflexión.
No porque dos horas de pantalla vayan a resolver los problemas de la adolescencia. Ni porque esconder los “me gusta” vaya a recuperar automáticamente la autoestima. Tampoco porque bloquear las notificaciones durante la noche vaya a solucionar los problemas de sueño.
Pero, por primera vez, una de las grandes plataformas acepta que la discusión también pasa por su propio diseño. Eso conecta directamente con una de las ideas centrales de Haidt y referida a que las redes no son herramientas completamente neutrales. Están diseñadas para captar atención, generar interacción y mantener a los usuarios dentro de ellas.
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“Pero las plataformas son una parte de la ecuación, 25%. En esa ecuación falta la familia, el Estado y la Escuela”, sostiene Navarro, quien sostiene que por ello es fundamental reglamentar como política educativa la Educación Digital Integral.
Porque, si bien Meta puede cambiar sus reglas, los gobiernos pueden establecer límites, las familias pueden acordar horarios y las escuelas pueden prohibir los teléfonos durante horas, ninguna de esas herramientas alcanza por separado.