Vecinos y municipio construyen una casa para Kiara, la pequeña heroína que rescató a su hermanita de un incendio

Vecinos y municipio construyen una casa para Kiara, la pequeña heroína que rescató a su hermanita de un incendio
Cuando su casa ardía, Kiara tomó en brazos a su hermanita y ambas lograron escapar sanas. Sólo quedaron cenizas.

En 11 junio pasado, la niña de 6 años sacó de su casa en llamas a su hermana de 3 años. El hogar, ubicado en el barrio Flores de Ciudad, quedó en ruinas pero una campaña solidaria le permitirá a su familia reconstruirlo.

Una cadena solidaria, que incluye a vecinos anónimos y a la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, posibilitarán en los próximos días edificar una nueva vivienda para una familia numerosa que, en junio pasado, sufrió pérdidas totales a causa de un incendio.

La historia tomó estado público cuando se supo que una pequeña de 6 años llamada Kiara se había comportado como una verdadera heroína al salvar a su hermanita menor, ya que la explosión se produjo cuando ambas se encontraban solas en la vivienda.

La Municipalidad de Ciudad, a través de sus distintas áreas, articuló acciones para dar respuesta a la familia, aunque en este caso intervendrán también cuatro particulares mendocinos –uno de ellos radicado en el exterior—para que pronto Kiara y su familia tengan nuevamente su casa.

Luego de varias visitas al terreno perteneciente a Liz Toribio, su esposo y sus cuatro hijos menores, se informó que se iniciarán en breve los trabajos con una máquina retroexcavadora para luego proceder al relleno y finalmente erigir la plataforma.

“Estoy muy feliz y esperanzada”, dijo Liz Toribio, todavía abrumada por tanta solidaridad. Es que luego de haber peregrinado desde junio de casa en casa de vecinos, levantó un refugio precario de chapa y nylon hasta que, finalmente, pudieron ubicarse en una casilla prestada.

Fuego, destrucción y dolor

Lo primero que hizo esta mamá cuando comenzó junio y cobró el sueldo como empleada doméstica fue comprar una estufa para calefaccionar la habitación donde dormían sus cuatro hijos: Matías (9), Kiara (6), Quemai (5) y Daniela (3).

Pero la alegría duró poco. Al caer la tarde, mientras Liz regresaba de comprar pan, sus dos hijos varones corrieron desesperados a su encuentro.

Su casa, en pleno barrio Flores, una construcción modesta pero donde había volcado sus esfuerzos de toda la vida, comenzaba a arder en llamas. El humo y las llamaradas, que empezaron a propagarse a la velocidad de la luz, la aterrorizaron. Sus hijas estaban adentro.

Liz gritaba y pedía ayuda desesperada mientras sorteaba la última cuadra, casi sin aliento. Ni lerda ni perezosa, Kiara levantó en brazos a su hermanita menor y ambas lograron escapar, sanas y salvas.

Luego contarían que la pantalla que daba calor, literalmente “explotó”; que el machimbre se prendió fuego de inmediato y que luego se fue destruyendo todo lo que estaba alrededor.

El hogar quedó en ruinas pero con ayuda lograrán levantarlo nuevamente.

Sin palabras para agradecerle a Dios el milagro de estar vivos, Liz contó también a Los Andes que lleva todos estos meses peregrinando de casa en casa junto a su marido y sus hijos. “La gente del barrio nos ha alojado como pudo, dos días en un lugar, tres en otro, pero se sabe que acá nadie tiene comodidades”, relató mientras exhibía los restos de lo que fue su casa, un cúmulo de cenizas y ladrillos apilados.

“Quedamos con lo puesto. Nada de lo que teníamos se ha salvado y ya no podemos pedir más dónde dormir”, agregó.

Más allá de que el municipio y vecinos entregaron ropa, colchones, frazadas, zapatillas y mercadería, lo más imperioso era un lugar donde vivir.

La mujer contó que su esposo Antonio, que siempre hizo changas, quedó totalmente frenado por la cuarentena. “Yo soy empleada doméstica y además cuidaba a una abuela que acaba de morir”, detalló.

Hasta antes de esta pandemia, sólo sobrevivían. Pero hoy ni siquiera eso. “Todo lo que teníamos, camas, mesa y sillas, cuchetas, colchones, ropa y hasta juegos para los chicos fue el resultado de un sacrificio enorme”, advirtió.

Por ahora, se arreglan con los 13.000 pesos que el Estado le otorga por dos de sus hijos. Porque de los menores, aún no completó los trámites.

Liz llegó de Perú hace ocho años. Argentina se presentaba como una gran oportunidad para salir adelante.

Casi como un presagio, a metros del lugar que fue su casa, un graffiti en un paredón le recuerda: “Está derrotado quien deja de soñar”.

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