Uno de cada tres alumnos mendocinos cree que en su escuela no hay buena convivencia

Se desprende de un estudio de Argentinos por la Educación sobre alumnos de secundaria. El 75,4% de los estudiantes del último año reconoce que hay episodios de discriminación en las aulas.

Uno de cada tres alumnos mendocinos cree que en su escuela no hay buena convivencia

Quienes trabajan en temas educativos hace años resaltan el impacto que tiene la buena o mala convivencia escolar en el desempeño académico. Lo cierto es que un tercio de los alumnos mendocinos secundarios considera que la convivencia escolar no es buena en su institución.

El dato se desprende de un informe realizado a nivel nacional por el Observatorio Argentinos por la Educación con datos provinciales. Así, 33,1% de los estudiantes consultados en Mendoza afirmaron que no hay una buena convivencia escolar, un escenario levemente mejor que la media nacional que es de 34,6%. Son 10 las provincias que quedaron por debajo del promedio.

Además, el 75,4% de los estudiantes del último año de secundaria en el país reconocen que en la escuela suceden episodios de discriminación.

Los datos surgen del trabajo “¿Cómo perciben la convivencia escolar los alumnos y directores de secundaria?”, con autoría de Alejandro Castro Santander (Observatorio de la Convivencia Escolar, Universidad Católica de Cuyo), Martín Nistal y Eugenia Orlicki (Observatorio de Argentinos por la Educación). El documento utiliza la información relevada en los cuestionarios complementarios que respondieron estudiantes y directores de secundaria de todo el país en el operativo Aprender 2019, el último disponible para ese nivel. Esos cuestionarios indagaron en las percepciones de estudiantes y directores acerca de los problemas en la convivencia escolar.

La mayoría de los estudiantes (75,2%) dice sentirse bien al ir a su escuela, mientras que uno de cada 4 (24,8%) está en desacuerdo con esta idea.

“Mendoza en general estaría dentro de la media o un poquito mejor, que si uno lo mira sólo desde el fenómeno bullying, Unesco habla de uno de cada 3, así que estaría dentro de eso, pero en este caso hablamos de convivencia en general”, dijo Castro Santander a Los Andes.

Alejandro Castro Santander. | Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes
Alejandro Castro Santander. | Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes

En efecto, tal cual menciona el texto, las encuestas publicadas por Unesco (en 2017 y 2019) muestran que uno de cada tres estudiantes (32%) fue víctima de acoso por parte de sus compañeros de escuela al menos una vez en el mes anterior a realizarse la encuesta. Es decir que la situación está a tono con lo que se observa en otros países.

Del operativo Aprender 2019 participaron 19.948 estudiantes de todos los quintos años de Nivel Secundario de 391 escuelas de gestión estatal pública y privada de Mendoza y se realizó en todo el país.

Excusas y consecuencias

Según el caso, 7 u 8 de cada 10 alumnos dijeron que con frecuencia en su escuela hay discriminación por alguna característica de la persona y amenazas o agresiones de manera personal o a través de redes sociales.

“A nivel nacional, más de la mitad de los estudiantes reconocen que en la escuela suceden episodios de discriminación por aspecto físico (75,4%), discriminación por características personales o familiares -religión, nacionalidad, género, discapacidad- (67,7%), y amenazas o agresiones entre compañeros (54,5%)”, detalla el informe. Pero, asimismo, refieren que es algo que no sucede de manera permanente: menos del 10% de los estudiantes considera que estos episodios suceden “siempre”.

“Yo no he visto casos de bullying o agresiones directas pero sí tengo el caso de una compañera que es algo como indirecto, no es que le digan cosas sino que lo que pasa es que ningún grupo la acepta”, contó Renata, que actualmente va a cuarto año de una escuela privada.

El caso de Martín es de larga data, un proceso que le ocasionó dolor y angustia pero del que, con resiliencia, logró superar y salir fortalecido. Así lo reconoce su mamá, Mariela, quien contó que tras la primaria y secundaria con dificultades de aceptación por parte de los compañeros, sobre el final, el año pasado, se empoderó, aceptó su identidad no binaria y eso redundó en la aceptación de los demás.

“Nunca bajó el rendimiento. En primaria tuvo problemas con los compañeros porque él se iba a jugar con las nenas y los compañeros se burlaban. Entonces se ponía a llorar y no podía afrontarlo. Desde la escuela nunca me avisaron esto sino que me enteré después”, recordó la mujer.

“Y en la secundaria no tenía muchos amigos, no se sentía muy cómodo en los cursos por comentarios y miradas, entonces se aislaba y se refugiaba en sus amigas, que eran pocas. En la pandemia la pasó mal y después se sintió más aceptado en el curso. No quería ir a la fiesta de egresados porque no se sentía parte y después cambió de idea, en quinto año, porque los chicos ya lo empezaron a saludar, a mirar de otra manera. Se sentía cómodo en el curso, incluso a su fiesta fue maquillado, con tacos, con un monito y fue la noche más feliz de su vida, es lo que me dice, entonces culmina su escolaridad de manera excelente”, resumió la madre de Martín.

Con respecto a las amenazas o agresiones en redes sociales, más de la mitad de los estudiantes (52,8%) sostiene que esto no sucede nunca”, refiere el informe. Agrega que la situación es similar en otros países: “En todas las regiones, excepto en Europa y América del Norte, el tipo de acoso más común es el físico, seguido del social (exclusión) y el sexual. El acoso en línea afecta a uno de cada 10 estudiantes, siendo menores que los de bullying. No obstante, quienes sufren de bullying son más propensos a sufrir de ciberbullying”.

Castro Santader remarcó que estas situaciones influyen directamente en el rendimiento, en la permanencia y en general en la calidad educativa.

Recordó que el tema aparece expresado en un informe de esta organización hecho en 2020, realizado a partir de datos de las pruebas Pisa 2018. “Ahí quedó clara la incidencia directa de los fenómenos de violencia y bullying, en particular en el regimiento de los estudiantes, allí nos había dado que en el aprendizaje de matemática el chico que sufre violencias puntuaba 41 puntos menos en las pruebas Pisa, y 40 puntos para la OCDE. Era como haber perdido un año escolar y en lo que hacía a la pertenencia, ser aceptado por los compañeros, no discriminado, no sentirse parte del grupo, eran 67 puntos que significaba 1,7 años, que es una barbaridad”, explicó el experto.

“El bullying y la violencia en la escuela, en tanto son problemáticas que tienen consecuencias comprobadas en la salud mental de quienes lo reciben y lo ejercen, constituyen un problema de salud pública”, sostuvo Candelaria Irazusta, cofundadora y directora ejecutiva del Equipo Anti Bullying Argentina.

La mirada de la escuela

Del abordaje se desprende otra particularidad: la percepción de los directivos de esta situación es bastante diferente de la que viven y aprecian los estudiantes. Entre las conclusiones se destaca que, según los directores de escuela, la frecuencia con la que suceden amenazas o agresiones a otros compañeros o discriminación por alguna característica personal son menores que las percibidas por los estudiantes.

Mientras que para los alumnos el principal problema se ve en la discriminación por aspectos físicos, para los directores el principal problema se ve en las amenazas vía redes sociales, que consideran más frecuentes que el resto de las agresiones.

De acuerdo a los datos relevados, 8 de cada 10 directivos consideraron que los problemas de convivencia no son un problema serio en su escuela para el proceso de enseñanza y aprendizaje: 41% dijo que es un problema menor, mientras que 39% contestó que no es un problema.

Castro Santander resaltó que este es un punto sustancial del informe: el desencuentro entre los directivos y los estudiantes: “Ellos perciben mejor clima en general que los estudiantes y en el caso del ciberbullying consideran que hay más de lo que reciben los estudiantes. Por eso insistimos tanto en que las instituciones educativas evalúen y diagnostiquen su clima escolar, esto es una insistencia al menos desde mi Observatorio desde hace dos décadas”, sumó.

“En la medida que los estudiantes perciban un clima favorecedor en el aula, se sientan escuchados y respetados por sus pares y sus docentes, podrán desarrollarse intelectualmente. Sólo en un entorno seguro lograrán construir una sana estima de sí mismos, lograr autonomía, confianza, y aprender a interactuar con otros de manera efectiva. No debemos concentrar nuestro esfuerzo sólo en el aspecto académico de la educación sin tomar el compromiso de formar a los alumnos en valores como el respeto y la solidaridad”, afirmó Paola Zabala, directora de Comunidad Anti Bullying Argentina.

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