15 de abril de 2026 - 14:43

Talleres para ejercitar la memoria: Crecen los espacios para prevenir el deterioro cognitivo

El creciente interés por el bienestar mental en adultos mayores impulsa talleres que combinan estimulación cognitiva, socialización y autonomía.

Cada vez más adultos mayores en Mendoza buscan espacios de estimulación cognitiva, lo que ha impulsado la creación de talleres específicos orientados a ejercitar el cerebro y fortalecer funciones como la memoria, la atención, el lenguaje y el razonamiento.

Gabriela López, psicóloga y psicopedagoga de LOGA Salud Mental, define los talleres de desarrollo cognitivo como “espacios de acompañamiento y desarrollo personal orientados al bienestar emocional, cognitivo y vincular”. Destaca que la modalidad grupal no es casual: “consideramos que el intercambio con otros potencia los procesos individuales, favoreciendo la identificación, la empatía y el aprendizaje compartido”.

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Se utilizan juegos para ejercitar la mente y prevenir el deterioro cognitivo.

Se utilizan juegos para ejercitar la mente y prevenir el deterioro cognitivo.

Lejos de ser instancias aisladas, estos espacios se sostienen en el tiempo y se adaptan a distintas poblaciones -jóvenes, adultos y adultos mayores-, generalmente en grupos reducidos de entre seis y doce personas, lo que permite un acompañamiento cercano y personalizado.

Según López, quienes participan lo hacen con motivaciones diversas: desde mejorar su bienestar emocional o fortalecer habilidades cognitivas, hasta tomar decisiones importantes, revisar su historia personal o, simplemente, encontrar un espacio de escucha.

Experiencias que transforman

La especialista explica que cada encuentro combina ejercicios de reflexión individual, dinámicas grupales y propuestas vivenciales, junto con técnicas específicas de estimulación cognitiva, especialmente en adultos mayores. Todo se desarrolla en un clima de respeto, confidencialidad y contención, que favorece resultados significativos: mayor autoconocimiento, mejor regulación emocional, fortalecimiento de la autoestima, desarrollo de habilidades sociales y una mayor sensación de pertenencia.

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Esa experiencia se refleja en los testimonios de quienes participan. Gilda, de 38 años, cuenta que los talleres “ayudan a reflexionar y a pensar de otra manera, a ver las cosas desde otra perspectiva y a verte como realmente sos”.

Gilda, a pesar de ser joven, explica que fue al taller porque se encontraba en un momento personal difícil y que la experiencia superó sus expectativas desde el primer encuentro. “Fui y salí feliz”, resume.

Según relata, el espacio le permitió repensar su situación, encontrar herramientas para atravesar los momentos complejos y proyectar cómo seguir adelante. Además, destaca el valor del grupo: la posibilidad de conocer personas “maravillosas”, escuchar las historias de vida de otras y sentirse acompañada en el proceso.

Mucho más que ejercitar la memoria

Los talleres se convierten en verdaderos espacios de encuentro. Como sintetiza la experiencia compartida por las participantes, cuando una persona mayor se sienta a resolver un crucigrama grupal, recordar una canción de su juventud o aprender a usar una tablet, no solo ejercita sus capacidades cognitivas: reafirma su autonomía y su deseo de seguir aprendiendo.

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"Envejecer muchas veces viene acompañado de pérdidas, pero también de tiempo libre para recuperar lo postergado. Estos talleres devuelven protagonismo. Le dan al adulto mayor un lugar donde el error no se castiga, se celebra porque significa que el cerebro está trabajando. Donde el olvido no da vergüenza, porque todos estamos ahí para ayudarnos a recordar", explica Gilda.

No se trata de “frenar el tiempo”, sino de habitarlo mejor: sostener la independencia, la conversación y la risa compartida. “Se trata de comunidad: el cerebro se estimula, sí, pero el corazón también”, sostiene Gilda.

Un taller que nació de lo cotidiano

Un ejemplo de este tipo de iniciativas es el taller coordinado por Cecilia Borzino, docente jubilada, que surgió de manera espontánea a partir de su interés por los juegos de ingenio.

“Siempre me gustaron los crucigramas, los desafíos, los acertijos, y me encontré con un grupo de amigas que querían lo mismo. Así empezó todo”, cuenta. Con el tiempo, ese hobby se transformó en un espacio organizado que hoy reúne a unas quince mujeres de entre 64 y 76 años, en su mayoría jubiladas y con realidades de vida similares.

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Cecilia enfatiza que el objetivo no es la rehabilitación, sino la prevención del deterioro cognitivo: “actuamos antes de que aparezcan enfermedades o un deterioro cognitivo concreto, como Alzheimer o demencias. Eso ya corresponde a profesionales de la salud”.

En ese marco, se trabaja con ejercicios y juegos que estimulan la memoria, la atención, las funciones ejecutivas y la resolución de problemas, bajo la premisa de que el cerebro, al igual que el cuerpo, necesita mantenerse activo: “Si el cerebro no se estimula, tiende a volverse pasivo: como el cuerpo mismo, si no se ejercita, se debilita", explica la profesora.

Un espacio de encuentro y contención

El impacto de estos espacios va más allá de lo cognitivo. Tal como señala Cecilia, para muchas personas mayores estos talleres representan también un lugar donde compartir con pares que atraviesan situaciones similares: mujeres jubiladas, algunas viudas, otras separadas o solteras, y donde surge una pregunta común: “¿y ahora qué hago?”. Frente a ese interrogante, el taller aparece como una respuesta posible: un espacio propio, no solo para ejercitar la mente, sino también para reconstruir vínculos y sostener la autonomía en la vida cotidiana.

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Milagros (65), jubilada, mamá y abuela, relata que encontró en estos espacios mucho más que un ejercicio mental: “al margen de mejorar notablemente la memoria, la atención y la concentración, mejoró mucho mi autonomía, mi autoestima y mi manera de ver la vida”. Tras una vida familiar intensa, marcada por una casa siempre llena, reconoce que el cambio hacia una rutina más solitaria la llevó a buscar nuevos espacios: “sentís que necesitás no solamente activar la memoria, sino también participar de grupos y socializar”.

Cuerpo, mente y emociones

Cecilia cuenta que a raíz de distintas necesidades del grupo, incorporó también al taller actividades de gestión emocional y arteterapia.

Las actividades incluyen desde ejercicios de motricidad y coordinación hasta propuestas de escritura terapéutica y arteterapia, además de estrategias para fomentar la flexibilidad cognitiva, como modificar rutinas o enfrentar nuevos desafíos. También se trabaja con el acompañamiento de una psicóloga sobre la gestión emocional, abordando experiencias como el “nido vacío”, la soledad o los cambios propios de esta etapa de la vida, promoviendo su comprensión y manejo.

Así, entre juegos, palabras y experiencias compartidas, estos talleres construyen algo más que estimulación cognitiva: ofrecen un espacio de contención, autonomía y acompañamiento mutuo.

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